En tu Casa o en la Mía

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Capítulo 31

—¿Y en qué carajos te afecta a ti si está o no embarazada? Ese es nuestro problema.

Diego me mira con preguntas en sus ojos. Cristo. Vin lo está fulminando con la mirada y sé que esto se convertirá en una guerra… ¡Se armó la gorda!

—Me incumbe, porque cabe la posibilidad de que ese hijo sea mío. —Vin se congela, sus hombros totalmente rígidos, mira a Diego tratando de entender lo que está diciendo, me mira a mí y luego a mi panza. Sacude su cabeza tratando de enfocarse.

Cam jadea y yo simplemente busco como sostenerme de la mesa. Esto no era lo que esperaba, miro a Diego con lágrimas construyéndose en mis ojos. ¿Tenía que soltar las cosas así?

—¿De qué mierda está hablando este tipo? Será mejor que recojas tus palabras porque sino te haré picadillo ahora mismo. —Diego también asume la postura rígida y alerta de Vin—. ¿Alec?

Cam ya ha avanzado hasta donde me encuentro. Me sostiene porque sabe que posiblemente caeré con lo que va a pasar a continuación.

—Vin… yo… —Mi garganta se cierra. Parpadeo mis lágrimas mientras observo la cara de Vin, hay tantas emociones allí—. No sé quién es el padre de mi bebé. —Me sale tan despacio y tan susurrado, pero sé que lo han escuchado.

—¿Te acostaste con este… imbécil? —Está aún más rígido si es posible. Ira, decepción, dolor, traición; veo todo eso en su hermoso rostro mientras señala a Diego—. Esto no puede estar pasando. Es una locura. Vengo para hablar con la mujer que amo —empieza a caminar por la sala como un león enjaulado—, la cual se alejó de mi por un maldito error y me encuentro con que está embarazada. Y no solo eso, ¡no sabe quién es el padre porque jodidamente se revolcó con el imbécil que le dije, no quería cerca de ella! —Detiene su andar y me penetra con esa mirada. Me estremezco y mi corazón se desangra. Está lleno de odio y repulsión—. ¿Tienes el maldito descaro de juzgarme cuando has dormido y te has embarazado de otro? ¿A qué demonios juegas, Alec? ¿A ser la victima? ¿Quién demonios eres?

Rompo a llorar. Tiene razón, cómo voy a hacerle eso. Cam trata de calmarme, me doy cuenta de una presencia en la puerta y son mis padres.

—¿Acaso nos estabas follando a los dos a la vez? ¿Eso era, Alec? —Oh, Dios. Sus ojos son duros y su voz es veneno puro. ¿Cómo puede creer algo así?

—No te atrevas a insinuarlo. Será mejor que te detengas hombre o seré yo quien te haga papilla a ti.

—Tú cállate, imbécil. Sabía que estabas detrás de ella. ¿Disfrutaron del maldito juego los dos? ¿Hace cuánto que andan juntos?

—Ellos no andan juntos, cabrón. Y si vuelves a insinuar que mi amiga es una perra, voy a rebanarte los huevos

—Me imagino que tú también lo sabías, ¿no? Claro, todos aquí le vieron la cara de imbécil a Vincent. ¡Maldita sea, mujer! Hiciste que me enamorara de ti —grita. Veo como sus ojos se llenan de lágrimas, pero pone todo su esfuerzo en contenerlas.

—Yo también te amo. —Sólo puedo susurrar entre sollozos.

—¿Me amas? —Ríe de manera cruel—. Me amas tanto que te follas a otro. O, ¿de que otra manera este hijo de puta puede creer que eso que llevas ahí es de él? —¿Eso? El aire sale de mis pulmones cuando escucho la manera, tan despectiva, en la que Vin se refiere a mi bebé. Diego que estaba tratando de contenerse se abalanza contra Vin.

—¡No permitiré que hables así de ella ni de mi hijo! —Empuja a Vin.

—¡No es tu maldito hijo! —Vin devuelve el empujón con un certero golpe en la cara de Diego, rompiendo su nariz. Grito cuando veo que Diego se abalanza nuevamente.

—¡SUFICIENTE! —brama mi padre—. Será mejor que se larguen de una buena vez. No permitiré que ninguno de los dos le haga daño a mi hija. Tú… —Señala a Diego—, será mejor que te marches ahora mismo. Lo único que has hecho es causar un lío, y tú —Señala a Vin—, más te vale que hagas igual o quien te golpeará esta vez, seré yo. No permitiré que tú, por muy herido que estés, insultes a mi hija de esa manera. Sé un verdadero hombre y calla a tu orgullo herido, porque más tarde lamentarás lo que has dicho.

—Lo que lamento es haberla conocido —dice con voz rota y duele. Trato de acercarme a él para tocarlo, se ve herido, humillado y dolido. La mirada que me da, me detiene a unos cuantos pasos—. No te me acerques. Tiene razón, voy a irme. No tengo nada que hacer aquí. Vine por la mujer que amo, pero esa mujer no existe, no la creo capaz de algo como esto. Pero antes quiero saber una cosa, ¿qué posibilidad hay de que ese hijo sea mío o de él?



Maleja Arenas

Editado: 11.07.2019

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