En Tus Brazos

Tamaño de fuente: - +

CAPÍTULO 5

Elías

 

Mi tío no se ve muy feliz por la decisión que he tomado en ir a ver a mi padre, pero esta decisión tampoco fue fácil para mí.
Ignorando su ceño fruncido dejo sobre su escritorio unos planos que tenía pendiente por entregar, pero eso tampoco lo hace lucir contento.
Mi tío Elton es muy especial para mí, estuvo cuando más necesité a alguien, siempre estuvo ahí. Es como otro padre para mí.
—Sabes que te apoyo en cualquier decisión que tomes.
—Lo sé, tío. Cálmate, no tienes de que preocuparte.
—¿Seguro? Tienes a una chica menor de edad embarazada, te casaste con ella y ahora tienes planeado ir a contárselo a tu padre 6 meses después, claro, no tengo de que preocuparme.
Le miro divertido cuando toma un largo trago de su taza de café, por su nivel de preocupación creo que necesita algo más fuerte que el café.
—Deja la paranoia ―creo mejor me siento porque esta conversación se está tornando larga—. Lo tengo todo controlado.
—Eso espero —Suspira, sus ojos idénticos a los míos y a los de mi padre me miran fijamente—. Lo que más me duele es perder a un gran arquitecto.
Hago una mueca.
—No me perderás. Solo iré a hablar con mi padre no dejaré el país.
—Cuando mi hermano sepa que hiciste su más grande sueño realidad convirtiéndolo en abuelo, lo primero que hará es emplearte en su constructora.
—No te dejaré.
—¡Seamos realistas! Para un recién graduado como tu sería perfecto trabajar en una constructora tan reconocida como la de tu padre.
Entre mi tío y mi padre siempre ha existido una rivalidad debido a que ambos son arquitecto y también incluyendo que en la juventud mi tío estuvo algo interesado en mi madre, es algo que todavía no logro superar, por tales razones ambos no logran llevarse bien ni como hermanos ni como colegas.
—Lo rechazaría —Le aseguro—. Estoy bien trabajando en este estudio de arquitectos, además el dueño de este estudio es dueño del apartamento en el que vivo y no quiero quedarme en la calle.
—Sabes que no harías eso.
Sé perfectamente que mi tío sería incapaz de eso, pero me encanta joderle la vida.
—De verdad agradezco que te quedes porque no quería tener otra cosa por la de que preocuparme.
—¿De qué hablas?
—Eleonora.
Mierda, lo que me faltaba.
Mi prima ha hecho bastante triste la vida de mi tío, no porque sea una mala hija porque ama a mis tíos, sino que es alguien que tiene un carácter bastante difícil. Desde joven fue siempre una rebelde sin causa, no quería estudiar y tampoco trabajar. Mis tíos estaban tan cansados de ella que al final la terminaron enviando a estudiar al extranjero, pero ella se sigue manteniendo firme en que no quiero saber nada de estudios.
—Y está bastante molesta contigo.
—¿Conmigo?
—Me ha dicho que no le respondes las llamadas ni los mensajes.
—Todo con Beth me ha mantenido bastante ocupado.
—Bueno… —esa sonrisa de mi tío no me da buena espina—. Puede que sin querer le haya contado acerca de tu matrimonio.
—¡Mierda, ahora sí que Eleonora me matará!
Mi prima tiene un genio de los mil demonios y de seguro armara un caos por no haberle contando acerca de Beth.
—¿Cuándo llegará? Me apresuro a preguntar
—Eleonora ya tiene 25 años y es como si estuviera tratando con una niña caprichosa de 10 años, así que no tengo idea de cuándo podría llegar esa loca.
Me burlo por la expresión de tormento de mi tío Elton y es que teniendo una hija como Nora no es para menos.
—Ahora y que abrirá un Night Club aquí —No puede evitar sorprenderme—. Creo que me volveré loco.
—Tío, pero Nora no trabaja, siempre ha sido un parásito, ¿De dónde sacó para tener un Night Club aquí en los Ángeles?
—¿Qué voy a saber yo? Esa jovencita no me cuenta nada solo sabe darme dolores de cabeza.
Después de escuchar un poco más a mi tío Elton hablar del dolor de cabeza que le provoca decido ir con mi padre.
La verdad es que no sé cómo reaccionará al verme teníamos tiempo sin vernos hasta hace poco que fue a verme a la universidad, pues se había enterado que por fin había terminado la carrera de arquitectura.
Una enfermedad
Eso es lo que se supone que pasa conmigo, eso es lo que piensa mi padre, pero cuando sus ojos todos brilloso me vieron ese día supe que había alguna esperanza para nosotros, aunque fuera ocultando algo tan importante para mí, que es aceptarme a mí mismo tal cual como soy.
Me paro frente al edificio y el nombre de la constructora me trae algunos buenos recuerdos.
E. Blatz construcciones: ingenieros y Arquitectos.
Mi padre tiene más de 33 años siendo la cabeza de esta constructora, anteriormente mi tío trabajaba con él, pero tío Elton decidió hacer su camino por aparte, al igual que yo. No sé puede segar que mi padre es un genio si de construcciones hablamos, pero tiene una idea tan equivocada de lo que es el mundo actual, no puedo creer que una persona con tanto ingenio pueda ser tan retrógrada en otros aspectos, como por ejemplo aceptar que a su hijo también le gustan los hombres.
La chica en la recepción ni siquiera me reconoce cuando le pido hablar con Ethan Blatz.
—Dígale que le busca Elías Lehner
Incluso ahora no soy capaz de pronunciar mi nombre con su apellido, llevo años usando el apellido de mí madre, creo que por ahora está bien si sigo de sata forma.
Cuando la secretaría me hace pasar este lugar empieza a ser sofocante, todo a mi alrededor siento que empieza a encogerse y es que tenía años sin venir aquí, tenía años sin venir al lugar en el que me la pasaba corriendo cuando era solo un niño.
Sin siquiera llegar a la oficina la puerta se abre y veo a mi padre bastante sorprendido de verme.
No hace nada, simplemente se me queda viendo como si yo fuera algún fantasma. Claro, solo tenía permitido volver aquí si buscaba como superar esa enfermedad rara que tenía.
—Estás aquí.
Es lo que me dice cuando cierra la puerta de su oficina y quedamos completamente solos.
—¿Es lo único que tienes para decirme? Bueno, aunque pensándolo bien no está mal para la última conversación que tuvimos en esta oficina.
—En tu graduación tu…
Claro que recuerdo todavía ese día.
Fui un iluso al pensar por un segundo que mi padre podría olvidarse de su absurdo terror a mi bisexualidad, pero no fue así. Sus primeras palabras hacia mí fueron Fuiste el mejor de la carrera, ¿Eso quiere decir que ya estás curado?
—Lo sé, solo tenía derecho a pisar esta empresa siempre y cuando estuviera curado.
—Sabes lo que pienso con respecto a tu condición.
Mi condición…
¿Por qué sigo anhelando el cariño de esta persona?
¿Por qué lo extraño tanto?
¿Por qué justo ahora en el momento en el que más daño me está haciendo estoy loco por ir abrazarlo?
—¿Puedes por un momento ser un maldito padre y preguntarme como estoy?
—¿Has venido aquí para eso?
Esto no tiene caso.
—No, simplemente venía a decirte que me casé y que pronto tendrás un nieto, permiso.
Salgo rápido de la oficina sin siquiera fijarme en que expresión puso cuando le solté todas aquellas mentiras. Hundo varias veces el maldito botón para llamar el ascensor y cuando por fin las puertas se abren se corta mi respiración al ver quien se encuentra adentro.
Bien vestido, como siempre, su cabello rubio bien peinado, y esa expresión tan pacifica que tiene, aunque sé que está más que molesto por verme.
Qué bueno es ver a mi hermano.
Sin dirigirle la palabra entró y cuando estoy por presionar el botón para bajar de piso empuja mi mano y solo cierra las puertas del ascensor.
—Hermanito —Su tono de voz gélido me advierte que esta conversación será corta y precisa—. Algo me decía que en algún momento te encontraría aquí.
—Me alegra que, aunque sea un poco pienses en mí.
—Seré directo. Sabes que no soy estúpido como nuestro padre. Supuestamente embarazar a una menor de edad y luego casarte con ella, ¿Qué pretendes con eso? —por supuesto que sé que no es estúpido, así que no estaría mal si comienzo a creer que él sabe algo—. Solo te digo que nada de lo que hagas funcionara.
—Estoy bien, gracias —Le digo cuando sale del ascensor—. Yo también te extraño.
Anteriormente Ean y yo éramos bastante unidos, me gustaba el hecho que no teníamos ninguna rivalidad como mi padre y mi tío Elton, pero con el tiempo las cosas fueron cambiando. Mi padre empezó a vincularnos con la empresa, mostrarnos cómo funcionaba y que ambos éramos dueño de todo, esas palabras lo cambiaron todo. A medida que crecimos él eligió ser ingeniero mientras que yo elegí ser arquitecto, igual que papá. No sabía que eso sería otro motivo para distanciarnos, porque mi padre empezó a pasar más tiempo conmigo y sin querer eso comenzó afectar a Ean, al igual que empezó su odio contra mí.
Fue bastante impactante para mí ver como mi propio hermano discretamente gozaba de como nuestro padre me humillaba constante y como sin corazón me botó de casa.

—¿Te sucede algo?
La sensación de los dedos de Elizabeth en mi mejilla me tranquiliza. Le sonrió para asegurarle que todo está bien, aunque no sea así.
—Estoy bien, solo que me molesta tu cara de asco al escuchar la música que le pongo a Elían.
Al principio me fue bastante difícil que le llamara por un nombre tan parecido al mío, pero ya luego hasta me empezó a gustar.
—Desde que la doctora te dijo que el bebé podía escuchar no has dejado de atormentarme con esa música.
Me emocioné bastante cuando la doctora nos dijo que el Elían ya podía escuchar, aunque no comprendiera lo que Elizabeth le dice. Por mi lado investigue y descubrir que es bastante bueno colocarle música al niño, pero a Elizabeth no le gusta mucho la idea, ya que mi música no es de su agrado.
La música de los 80 y 90 es genial, no me importa lo que digan.
—¿Estás cansada?
—Estoy preocupada —Quita mi celular de las manos para apagar la música—. Desde hace días estás muy raro, demasiado serio para ser tú.
—¿Qué? Yo soy una persona seria, querida.
Estoy por acomodarme en la cama junto a ella, pero el timbre suena. La miro creyendo que son los chicos que han venido a verla.
—Son las 8:30 de la noche, no espero a nadie.
La hora no es impedimento para los chicos, aunque desde la reconciliación de Neil y Paris tienen días sin venir porque la parejita está en su burbuja de amor y nadie ha podido traerlos.
Casi me desmayo cuando abro la puerta y me encuentro a Santiago, el muy atrevido entra a mi apartamento sin ser invitado.
—Claro, puedes pasar.
Santiago y yo mantuvimos una relación por corto tiempo, pero bastante fuerte. Me sentía bastante atraído por él y el sexo era genial, pero sin duda me harté de su miedo a ser descubierto por sus amigos y familia.
No salí del clóset y me gané el odio de toda mi familia para tener este tipo de relación, así que lo dejé, aunque nunca llegamos a formalizar nada.
—¿Es cierto que te casaste?
Me encojo de hombros. No tengo porque responder a sus preguntas.
—No entiendo el motivo de tu pregunta ni del porqué estás aquí haciéndola.
—Estoy aquí haciéndote esa pregunta porque te quiero.
—Interesante, cuéntame más.
Sin esperarlo se acerca a mí y paso sus manos por mi pecho y lentamente empieza a subirlas hasta llegar a mi cuello.
Me besa
Le responso el beso, lo hago, pero tampoco es que esté interesado en querer ir más allá de un apasionado beso.
—¿Ya hablaste con tu familia? —Su expresión de cachondo pasa a ser una de horror—. Por lo que veo no.
—¡¿Estás loco?! Sin duda tienes que estarlo como para creer que le diré a mi familia que soy una marica.
—Espero no tener que sentirme ofendido.
—Mierda, no. Elías yo… No es fácil.
—Entonces no sé qué haces aquí. Te dije que no volvieras a menos que lo nuestro sea algo público y como no va a ser así lo mejor es que te vayas.
—No quiero irme.
Esta situación ya empieza a fastidiarme y todo se vuelve aún más complicado cuando Beth aparece.
—Santiago, creo que es hora de que te vayas.
Su rostro se vuelve tan pálido como una hoja de papel y por un momento trato de no soltar a reír.
—Beth…. ¿Qué demonios haces aquí?
—Es mi esposa.
Él parece entrar en trance al vernos uno al lado del otro.
—Esto no es lo que parece —Se apresura a decir—. Te lo juro que no lo es.
—Hace segundos estabas rogándome con la mirada para que te follara, pero claro, no es lo que parece.
El pobre chico no sabe dónde cavar un hueco para enterrarse el mismo, ya por último completamente avergonzado sale prácticamente corriendo de mi apartamento.
Sin duda tuvo que irse cuando se lo dije y ahorrarse todo esto.
—¿Tan siquiera Junior sabe que su hermano es Gay?
—No lo sé, tampoco me interesa.
—¿De verdad no te interesa? Se escuchaban bastante cercanos.
—¿Escuchaste toda nuestra conversación?
No puedo evitar reírme cuando asiente y baja la mirada. Me dejo caer en el largo y cómodo sofá y la invito a sentarse junto a mí, cuando lo hace paso mi brazo por su hombro y no duda en acurrucarse a mi lado.
—Los chicos no sirven.
Me dice, hasta puedo percibir un deje de molestia.
—Estoy completamente de acuerdo contigo.



YariiTorrez

#1215 en Novela romántica
#205 en Joven Adulto

En el texto hay: amor, embarazo, romance

Editado: 15.02.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar