En Tus Manos

Tamaño de fuente: - +

CAPÍTULO 17

 

 

Desde hace  ya un tiempo comprendí  que besar no es simplemente mover la boca sin sentido, que se trata de algo más. Un beso envuelve un poder increíble, produce felicidad, liberación, bienestar y te hace bien en más de un sentido.

Todo esto lo aprendí gracias a Neil.

Todo lo que lo rodea va más allá de cualquier cosa que haya conocido antes. Un simple toque, entrelazar los dedos, un beso en la mejilla, un mensaje en las mañana con un simple hola... Por más insignificante que sea, todo con Neil es especial.

Justo ahora, mientras me desnuda siento que mi cuerpo arde por dónde sea que va su mirada en mi cuerpo. Me detalla como si fuera su posesión más preciada y amo que me vea de esa forma, porque me hace sentir deseada, hermosa, anhelada.

Pasó mi dedo índice a lo largo de su pecho y después mi lengua hace el mismo recorrido. Lo escucho suspirar y de inmediato se convierte en mi sonido favorito. Sus mejillas y cuello se han vuelto totalmente rojo, siento como si estuviera robándome  su virginidad.

No puedo evitar reírme.

—Oh, no. Por favor no te rías.

Ignoro lo que dice y observo el bulto que se ha formado en su ropa interior, mis manos pican por ir hasta ahí y no las detengo.

—Paris...

Sus dedos se introducen en mi cabello y con fuerza su boca choca contra la mía, el ambiente se llena del sonido de nuestros besos y de nuestros cuerpos rozándose, eso me excita de sobremanera. Chillo cuando se levanta y carga mi cuerpo, no es mucho tiempo lo que deja mi boca libre cuando está de nuevo besándome.

—Mis planes son hacerte mía en mi cama.

Instintivamente envuelvo mis piernas alrededor de su cintura, gimo cuando su dureza choca de lleno con mi entrepierna. Hace el camino hasta su habitación y dejó sus labios cuando escucho unas uñas rasgando la puerta de la habitación.

—Diablos, voy a pervertir a Nelly —Como puede abre la puerta y la pequeña perrita sale emocionada—. Mierda, Nelly no nos veas.

Carcajadas brotan de mí y parecen molestarle porque sus manos se ciñen en mi trasero, haciendo nuestro contacto más profundo.

—Está prohibido reírse, solo quiero escucharte gemir.

¡¿Que?! Dios, dios, dios, dios.

Sé que no es decente nombrarlo tanto en esta situación, pero me es imposible.

Jadeo cuando mi espalda choca con las sábanas de su cama, Neil está sobre mí, besándome con ferocidad. Mi boca es reemplaza por uno de mis pechos y no me quejo, los sonidos de succión son tan excitantes que no me reprimo al gemir y curvar mi espalda para ofrecerle más de ellos.

Me percato que ya está completamente desnudo, miro su erección y no me contento en tomarlo entre mis manos. Sus ojos se cierran al acto y esa imagen se vuelve lo más sexy que he visto alguna vez. Quito el envoltorio del preservativo que se encuentra en su mano y me encargo de colocárselo, sus ambas manos van a  aparar a cada lado de mi cabeza para sostenerse así que muerdo su muñeca izquierda haciéndole abrir los ojos.

—Tus manos son el cielo.

—Todavía no te he mostrado el cielo, Crossley.

Sus marrones ojos están fijos en los míos demostrándome todo el deseo acumulado. Desciende lentamente y se apodera de mi boca para besarme, su lengua se mueve tan lento contra la mía haciéndome jedar.

—Moriré si no estoy en ti ahora mismo.

Respiro profundamente cuando lo siento entrar lentamente en mí.

—Mmm...

Como niña buena, abro más mis piernas brindándole más acceso y son puntos a mi favor, porque parece encantarle ya que son el detonante que necesita para empezar envestirme con fuerza haciéndome chillar al sentirlo más profundo en mí. 

Perdida, estoy completamente perdida en Neil Crossley. Mientras más tiempo pasó siendo suya menos quiero que termine, quiero que esta noche sea eterna.

—Más, Neil. Quiero más.

Amo cuando pido y me dan lo que quiero sin reservas.

 Voy hasta su cuello y lo succiono con fuerza, pero luego su hombro me parece más tentativo y lo muerdo.

—No aguantaré mucho más...

Su voz va con tanta carga erótica que hace que mi cuerpo se convierta en un volcán en erupción. Mi mano vuelva a mi clítoris y siento morirme cuando su mano se posa sobre la mía indicándome el ritmo. Le cuento con mis gemidos lo mucho que me gusta lo que hace.



YariiTorrez

#1031 en Novela romántica
#304 en Joven Adulto

En el texto hay: amor, romance, pasion

Editado: 24.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar