Enamorada del idiota

Tamaño de fuente: - +

22. Tal vez si te hicieras a un lado.

Camila. 

 

Tan pronto como el agua cayó sobre ella, su ánimo mejoró. Al salir del baño, que por cierto relucía como el resto de la casa, se quedó de pie en medio de la habitación unos minutos. Ryan había organizado toda su ropa, no sabía en qué lugar en específico estaba nada. Al final abrió el armario y sacó la primera cosa que encontró: una falda vaquera extremadamente corta que no recordaba tener y una blusa rosa de tirantes de arcoiriris que le provocó ganas de vomitar.

¿En serio esa era su ropa, o Ryan Ross había hecho ''su magia'' también con su ropa. Sacudió la cabeza con fuerza para eliminar la imagen de niña fresa que surgió cuando se miró al espejo.

Salió a la sala y encontró a Ryan sentado en su nuevo viejo sofá con el desayuno sobre la mesita de centro.

Se sentó junto a él sin decir nada y tomó uno de los cruasanes. Comenzó a comer como si no hubiera notado que Ryan estuviera ahí. Podía sentir sus ojos fijos en ella, pero eligió ignorarlo.

– ¿Y bien? –Preguntó él, después que ella comenzara a comer su segundo cruasán.

– ¿Y bien, que?

–No has dicho nada.

– ¿Era necesario decir algo?

La verdad era que no sabía que decir. Era la primera vez en su vida que no sabía cómo comportarse después de acostarse con un tipo. No tenía sentido seguir siendo cortante con él, eso sería, entre otras cosas ridículo. Pero tampoco podía cambiar de la noche a la mañana. No podía despertar diciéndole cariño y acariciándole la cabeza como si tuvieran 20 años de matrimonio. Este sería raro.

Tomó el café y comenzó a tomar pequeños sorbos, pensando en que decir cuando ya no tuviera el escudo de la comida para evitar hablar.

–Gracias. Por todo.

Ryan esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

–Ha sido un placer desayunar contigo.

–También por todo lo demás, por limpiar y eso. No te agradecí hace un momento y...

Camila no sabía que más decir, no estaba muy acostumbrada a dar las gracias o a disculparse. Ryan pareció notarlo, hizo un gesto con la mano quitándole importancia a todo aquello.

Ella estaba dándole vueltas en la cabeza a las excusas que podía usar para sacar a Ryan de su casa. No podía decir que iba a hacer la compra, o que limpiaría la casa, él había resuelto todo eso antes de las 11:00 A.M.
 

Las cosas con las que ella habría pasado toda la mañana y parte de la tarde.

En el bar debía estar a las cuatro de la tarde, eso no sería una excusa válida, por lo menos no a esa hora.

–Bueno... – Él comenzó a ponerse de pié – Debo irme ahora.

– ¿En serio? –Ella se levantó también –Puedes quedarte un poco más si quieres.

La verdad era que sentía que Ryan podía leer sus pensamientos y eso no le gustaba nada, quizás el haberse acostado con ella le había dado poderes telepáticos o algo así.

–No, debo ir a casa, tengo algunas cosas que hacer.

–Bien.

–Bien.

Ryan caminó hacia la puerta y ella lo siguió sin saber que decir. Él abrió la puerta y se giró hacia ella, por unos instantes pareció que estaba nervioso, pero de repente la tomó por la cintura y la besó.

Era la primera vez que Ryan la besaba sin que ella hiciera algún movimiento antes, y el beso era tan... dulce, tan Ryan, que Camila no pudo hacer otra cosa que rodear su cuello con sus brazos, cerrar los ojos y entregarse a él. A sus labios.

Mientras la mano derecha de Ryan se mantenía militarmente colocada sobre su cintura, la otra se permitió recorrer el resto de su espalda, cuello y pechos hasta finalmente enredarse entre su pelo, no supo con exactitud cuánto tiempo había transcurrido pero el sonido de alguien aclarándose la garganta detrás de ellos los hizo saltar sorprendidos como si fueran adolescentes calenturientos.

La puerta estaba abierta y ellos se encontraban casi a mitad del pasillo. Una mujer que Camila nunca había visto pero que parecía vivir allí estaba parada mirándola con desaprobación.

–Sería mejor que entraran y cerraran sus puertas, aquí no necesitamos espectáculos. Con permiso.

La mujer pasó junto a Camila golpeándola con el brazo.

– ¡Oiga!
–Tal vez si te hicieras a un lado... –La mujer entró en una casa tres puertas después de la de Camila y cerró de un portazo. Ryan y ella se miraron unos segundos y luego, ambos comenzaron a reír como locos.

 



Chris Urbano

#565 en Novela romántica
#155 en Chick lit
#175 en Otros
#58 en Humor

En el texto hay: chica ruda, humor

Editado: 17.08.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar