Enamorada del idiota

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29. No podía ser tan difícil.

Camila.

--¿Qué carajo quieres decir con que estoy despedida? -- Gritó.

La última cosa que necesitaba era verse sin empleo.

-- justamente eso. Estás despedida. -- el canalla de Sam tuvo el descaro de fingir pesar.

Camila dio un fuerte golpe sobre la barra y maldijo cuando fue consciente de que había sido más doloroso que impactante.

-- No puedes despedirme Sam. No he hecho nada.

-- Si, eso, no has hecho nada. Cierras el bar cuando te da la gana, llegas a la hora que quieres, no viniste a trabajar ayer. ..

-- Lo de anteayer fue una emergencia y ayer era día de independencia, Sam. ¡Maldita sea!

--¿Lo ves? Ni siquiera me respetas. Quiero que te vayas.

Camila miró hacia un lado, donde se encontraba Tina mirándola con pena. No quería que Tina sintiera pena por ella. No quería que nadie lo hiciera.  Estaba tan enojada que podría pegarle a Sam en su bonito rostro.

--¿Sabes que? Puedes irte a la muerda, Sam ¡Vete a la mierda!

Pateó con fuerza uno de los taburetes antes de salir hecha una furia. No tenía ganas de ir a su casa a revolcarse en su miseria, pero ni siquiera tenía algun lugar alternativo donde ir. No tenía amigos. Caminó hasta que le dolieron los pies, encontró un parque ligeramente vacío y se sentó en el banco más alejado de las pocas personas que habían allí.

Si antes consideraba que tenía poco ahora no tenía nada, ni siquiera el miserable empleo que usaba para ganarse la vida. Dentro de dos semanas debía pagar la renta y si no conseguía un empleo pronto, estaría en la calle antes de un mes.

Apoyó la cabeza del respaldo del banco mientras fumaba un cigarrillo. Ese era el momento en que se daba cuenta de que estaba jodida y decidía irse con su padre y su hermana a donde quiera que estuvieran viviendo. No tenía que quererlos, ni siquiera tenía que soportarlos; solo habitar con ellos en un espacio común. No podía ser tan difícil.

¡Maldita sea! Estaba harta de considerar la idea de irse con su padre cada vez que las cosas se ponían agrias. Una persona sensata se pondría a buscar un trabajo lo más pronto posible, haría el esfuerzo de encontrar algo mejor -lo cual no podía ser muy difícil-  y luego se lo restregaría a Sam en la cara. ¿Acaso no podía ella ser una persona sensata?

Levantó la cabeza y notó que ya no quedaba nadie más allí . O había pasado mucho tiempo o los había asustado a todos.

Las imágenes que llevaba 24 horas bloqueando eligieron ese momento para acudir a su mente. La ex esposa de Ryan era un perra, eso era innegable, pero también era perfecta. Con su bonita ropa y su lustroso pelo rubio era el tipo de mujer con quien uno se imaginaba a Ryan; y ella era tan poco apropiada en todos los sentidos, tan... ella.

Lo que la hacía enojar más era que ella nunca había sentido ese tipo de dudas y se sentía estúpida, porque Ryan ni siquiera le gustaba. .. bueno, si le gustaba, pero era tan extraño, porque hacía una semana atrás habría pasado fácilmente de él pero deseaba verlo con frecuencia, incluso se sorprendía de vez en cuando extrañandolo. En definitiva le gustaba Ryan pero no le gustaba sentirse insegura acerca de la perra de su ex esposa. Tampoco debería, porque al parecer ella estaba muy feliz con "Early". Eso la hizo reír, el recuerdo de aquel gracioso hombrecito con los dedos de la nariz antes de que nadie notara que estaba allí.

Se levantó y tomó el camino hacia su casa, estaba oscuro y no tenía sentido quedarse allí esperando a que apareciera un ladrón y le quitara lo único medianamente valioso que aún conservaba: la vida.



Chris Urbano

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En el texto hay: chica ruda, humor

Editado: 17.08.2018

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