Enamorada del idiota

Tamaño de fuente: - +

35. No hay riesgo.

Ryan.

No estaba muy seguro de si ponerse a pensar en cómo habían cambiado las cosas entre él y Camila era una buena idea, pero era lo que había estado haciendo los últimos 35 minutos. Eso y rogarle a Camila que saliera de su cocina, porque ya le había demostrado lo mucho que no sabía cocinar unas semanas atrás.

Era muy difícil hacer entrar en razón a una mujer que se había presentado de sorpresa hacía un rato con una gran bolsa en las manos diciéndole que le haría la cena.

No era que no le gustara la sorpresa. La sorpresa le encantaba, pero sentía miedo de que Camila quemara la casa que acababa de pagar. ¡Quería hacer spaguetti! Casi quema toda la cocina cuando intentó hacer panqueques, sin duda podía recrearlo con spaguetti.

Era increíble pensar en el tiempo que había pasado desde la noche en que se habían conocido. Algunas veces le parecía que había pasado más tiempo, otras veces le parecía menos. Lo que sí podía decir era que casi se había olvidado de la Camila agria y gruñona que había conocido aquella noche, casi porque no era fácil dejar viejos hábitos y frecuentemente ella volvía a se agria, gruñona y terca, como en ese momento.

-- puedes salir de la cocina y yo terminaré la cena. No es ningún problema. -- intentó por enésima vez.

-- Ya te dije que no. -- Camila se giró hacía él sin ningún rastro de la luminosa sonrisa con la que había llegado. -- Es solo hervir la pasta y luego mezclar estas cosas. No hay riesgo.

-- Tampoco hay riesgo con panqueques.

Ella lo miró indignada, a Ryan le causó gracia la manera en que ella se quedó con la boca abierta.

-- Creí que habías superado eso, Ryan Ross.

-- Lo superé. Pero eso no quiere decir que quiera llamar a los bomberos otra vez.

--¡Me haces sentir como una inútil! Leí esta receta de incontables veces,  cierra la maldita boca y espera la cena. -- le gritó furiosa.

Si. Ahí estaba la vieja Camila, nunca muy lejos. Ryan decidió dejarla terminar con aquella cena y rogarle al cielo que no ocurriera una catástrofe. Aún así no se fue muy lejos, se sentó en la mesa desde donde podía verla y llegar a tiempo al menor indicio de fuego.

Camila parecía muy concentrada. La vio cortar atropelladamente unos vegetales para luego tomar su celular y leer algo unos segundos antes de volver a hacer otra cosa. Estaba leyendo la receta para hacer spaguetti que en linea. Eso no lo hacía sentir más tranquilo.

Gracias a Dios pudo volver a respirar en paz diez minutos después cuando ella apagó la estufa y puso frente a él un plato que, para ser sincero, olía de maravilla. Esperó a que volviera con un plato para ella y cuando Camila por fin se sentó, Ryan se dispuso a comer. Se llevó un poco de spaguetti a la boca y ¡Por Dios Santísimo! ¡Qué salado estaba! Levantó la vista y se encontró con los ojos de Camila fijos en él.

--¿Pasa algo? -- le preguntó, intentando poder tragar con naturalidad y sonar normal.

--Creo que está algo salado. --Respondió Camila con la voz algo apagada.

A Ryan le dieron ganas de gritarle que "algo salado" jamás podría definir correctamente aquella comida, pero al mismo tiempo le causó un poco de pena. Ella se había esforzado por preparar que comer y aunque no fuera la cena perfecta un "te lo dije" no era la mejor forma de responder, sobre todo por lo que aquello significaba papara Camila y su orgullo.

Así que hizo lo único que se le ocurrió; tomó un bocado con sumo esfuerzo, tragó lentamente y le sonrió como si lo hubiera disfrutado.

--¿Tu crees? -- Inquirió intentando no escupir. -- Yo creo que está perfecto.

--¿En serio? -- Camila sonrió a su vez y volvió a tomar de su plato.

El no estaba seguro de si su lengua atrofiada por la cantidad de sal pudiera responder a los impulsos de su cerebro, así que solo asintió. Valió la pena por ver como Camila sonreía, no la había visto sonreír así muchas veces.

Aquellos fueron los veinte minutos mas largos de toda su vida, hasta que por fin terminó con aquella tortura que Camila llamaba cena. Se ofreció a llevar los platos a la cocina solo para poder arrugar la cara como deseaba desde hacía algunos minutos.

Una vez en la cocina, mientras Camila se dirigía hacia el salón, perdió la cuenta de los vasos de agua y que tomó después del tercero. Ella ahora estaba sentada en el sofá cambiando de canal indiferente ¿Como pudo haberse comido aquella cosa y seguir como si nada? A menos que ella... no. Sacudió la cabeza, no creía que Camila fuera capaz de arruinar la cena a propósito. Solo era más resistente que él a la sal. Eso era.

Se tomó el último vaso de agua antes de volver junto a ella. .

-- Fue una cena estupenda. -- dijo con una falsa sonrisa antes de sentarse a su lado e intentar calmar las ganas de estrangularla.



Chris Urbano

#650 en Novela romántica
#173 en Chick lit
#214 en Otros
#67 en Humor

En el texto hay: chica ruda, humor

Editado: 17.08.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar