Enamorada del idiota

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41. ...Quién no quiere ser encontrado.

Ryan.

Lo peor de haberse comportado como un completo idiota era no disponer, siquiera, de la oportunidad de disculparse. Llevaba tres días acosando a Camila sin lograr tener el más mínimo contacto con ella.

Había ido a su trabajo pero le dijeron que se estaba haciendo cargo de la freidora y que no salía de la cocina hasta que no terminaba su turno, pero una vez terminado este, nunca la vio salir. En su departamento, para total sorpresa de Ryan, la puerta estaba siempre cerrada con llave. No abría la puerta, no la veía entrar ni salir del trabajo, el día anterior la había esperado toda la noche fuera de su edificio y no había aparecido.

Cuando llamaba a su teléfono, no contestaba. Ni siquiera tenía la decencia de apagarlo, no lo dejaba caer en el buzón de voz, ella colgaba las llamadas para que Ryan supiera que lo evitaba conscientemente.

Bueno, si lo que quería era hacerlo sentir como basura, lo había logrado.

La cuarta noche, Ryan tomó un taxi en lugar de ir en su auto y subió para esperar en la puerta del departamento en lugar de esperar en la puerta del edificio. Algún día tendría que llegar, a menos que...se hubiera mudado sin decirle. Él sabía que ella estaba buscando departamento nuevo. ¿Y si había encontrado algo y se había marchado sin decirle?

Si era así, sería imposible encontrarla a menos que ella se dejara encontrar.

Tal vez debería llevarle flores al trabajo. Si, claro, solo si quería que ella saliera a buscarlo solo para romperle las flores en la cabeza. A ella no parecían gustarle los antiguos actos de romanticismo, ni los modernos... ni ninguna otra cosa que incluyera romance.

Ahí iba su brillante idea de esperar a Camila hasta que decidiera aparecer. Esperaría por toda la eternidad si ella ya no vivía allí.

Se sentó en la puerta dispuesto a perder unas cuantas horas, total, tampoco tenía nada mejor que hacer. Mientras estaba tirado en el piso como indigente, tomó su celular e intentó llamarla una última vez, solo para no decir que no lo había intentado, pero para variar, ella solo contestó y volvió a colgar en fracción de segundo.

¿Cuántas veces había hecho aquello en los últimos cuatro días? Con la experiencia que proporcionaba la práctica sabía que intentar llamarla otra vez era otra forma de perder el tiempo. Solo esperaría una... no, dos horas. Nada más. Si ella no llegaba en ese tiempo se iría y no volvería a molestarle. ¿O tal vez sería mejor esperar tres horas?

Hora y media después su paciencia se desmoronó, se dio cuenta de que no podía esperar allí medio segundo más así que se puso de pie con toda la intención de irse a casa. Estaba cansado, aburrido y le dolía la espalda y otros áreas de su anatomía que prefería mantener en secreto.

Comenzó a bajar las escaleras lentamente, era muy probable que no volviera a hacerlo. ¿Quién diría que Camila Smith podía ser tan sensible? Si había sido su primera discusión. ¡Por Dios! Una discusión que por demás había sido estúpida. Aunque disculparse siempre era una buena idea, aunque uno no supiera lo que había hecho mal.

Tal vez no debió gritarle, o tal vez no tenía nada que ver con él. Tal vez Camila sólo quería pasar de él y había usado la discusión como una excusa. Si era así, tampoco había mucho que pudiera hacer.

Estaba tan inmerso en sus pensamientos que ni siquiera notó el sonido de zapatos en la escalera, ni el par de botas de negras que se detuvieron ante él. Cuando fue consciente de ello y levantó la vista, se encontró con los ojos marrones de Camila fijos en él.

Ella pareció todo lo sorprendida que podía estar. Ryan tardó unos segundos en notar que estaba hablando con él.

--¿Qué? -- Inquirió, algo confuso.la sorpresa y la alegría de encontrarla cuando ya había perdido la esperanza no le había permitido escuchar.

--¿Qué diablos haces aquí, Ryan? -- Preguntó ella a su vez, cruzándose de brazos.

Ahh, aquella pregunta, ¡Cuanto la había extrañado! 
 



Chris Urbano

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En el texto hay: chica ruda, humor

Editado: 17.08.2018

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