Enamorada del idiota

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46. No lo hagas más grande

Camila

Obviamente, por preparar el desayuno se refería a calentar agua para el café y sacar cosas del refrigerador y ponerlas sobre la encimera.

Su cerebro trabajaba con el piloto automático mientras intentaba descifrar que acababa de suceder allí. Ryan le había gritado, no como lo había hecho hacía unos días en el restaurante de comida rápida; le había gritado de verdad, incluso había dicho "maldita sea" y a ella en lugar de molestarle le había parecido... sexy. Sintió deseos de dedicar unos minutos a cuestionar su salud mental, pero eso ya lo había hecho antes y los resultados no habían sido favorecedores.

Cuando se giró, encontró a Ryan mirándola fijamente con los brazos cruzados y por la expresión de su rostro, no estaba precisamente feliz.

--¿Crees que puedas responder antes del solsticio de verano?

-- No se cuándo ni qué es eso. -- contestó distraída, terminando de preparar el café.  -- Además no recuerdo que hayas hecho alguna pregunta.

-- Anoche dejamos una conversación inconclusa. ¿Lo recuerdas?

-- No temenos ninguna conversación inconclusa, Ryan. Tuvimos una discusión, como el 99.9% de las personas en el mundo. Solo fue un desacuerdo y yo me comporté como una niña. Tenías razón. Eso es todo.

Ryan continuaba con sus brazos cruzados frente a ella.

--¿Estás aceptando que tengo la razón? -- inquirió incrédulo.

-- No lo hagas más grande o me arrepentiré. -- tomó un trago de su café y le pasó una taza a Ryan. -- Hay otras cosas en mi cabeza ahora, no pasaré al tiempo hablando de algo que ambos acordamos fue una estupidez.

La cara de desconcierto de Ryan podría haberle causado gracia,pero mientras Mía y su inminente visita estuvieran rondando por su cabeza nada lograría hacerla sonreír.

-- Solo para aclarar -- agregó segundos después. -- Reconozco que el hecho de que me guitarras no fue razón suficiente para desaparecer y negarme a hablar contigo. Ahora bien, eso no cambia el hecho de que me moleste que me ocultes cosas. De eso hablamos después.

-- ¿Hablaremos también de las cosas que ru me ocultas?

-- Yo no te oculto nada. -- Balbuceó nerviosa. -- Te he contado cada sórdido detalle de mi vida.

Por más que quiso evitarlo, su voz tembló. No recordaba a Ryan acercándose a ella, pero en ese momento sus rostros se encontraban a escasos centímetros de distancia, pudo sentir su dedo pulgar acariciar suavemente la cicatriz en su muñeca, también pudo sentir su propia respiración acelerada.

--¿Por qué nunca hemos hablado esto?  No parece que intentes ocultarlo, pero nunca lo has mencionado. Esperaba el momento en el que te sintieras lo suficientemente cómoda como para mencionarlo, pero en vista de que eso no sucederá...

Ella retiró rápidamente su mano de la de Ryan. Claro que había esperado que él le preguntara en algún momento sobre su cicatriz, sobre todo porque lo había notado mirándola algunas veces; pero la había tomado con la guardia baja en aquel momento.

Se decía a sí misma que no intentaba ocultarlas, después de todo no era como los que se frustraban con mangas largas para evitar que las personas vieran que alguna vez había intentado quitarse la vida, pero si era cierto que nunca lo había mencionado. Había hablado con Ryan de todos los sucesos de su vida, incluso de su adicción a las drogas, pero jamás había comentado nada acerca de sus múltiples intentos de suicidio.

Tal vez era porque cuando recordaba esos acontecimientos volvían a ella la imágenes de todos alrededor mirándola con lastima. Cuando las personas sabían que habías intentado quitarte la vida podían reaccionar de dos formas: ó te miraban como si en tu salud mental tuviera serios fallos, ó te miraban con lastima; no quería que Ryan la mirara de esa forma. Estaba harta de que las personas pensaran que estaba loca o sintieran lastima de ella.

Ni siquiera su padre y su hermana se habían enterado de aquello.No saber donde diablos se encontraban en aquellos momentos le había ayudado bastante a la hora de negarse a  Dale detalles sobre la ubicación de su familia.

El punto era que no había nada en el mundo que la motivara  a contarle a nadie esa etapa de su vida. 
Pasó sus propios dedos por donde los de Ryan se habían encontrado segundos atrás. Dos años y medio después, la cicatriz de su último intento de suicidio seguía causando en ella una extraña sensación. ¿Que pasaría cuando Mía lo viera? Ya podía escuchar sus palabras letales como cuchillos, podía ver en su rostro aquella mirada de superioridad.

-- Estoy esperando.

La profunda voz de Ryan la sacó de sus pensamientos. Definitivamente no era el tipo de tema de conversación que quería comunicar con la preocupación por la visita de Mía.

-- No ahora. --Masculló, intentando que su voz volviera a sonar normal. -- Quiero dormir.

--¿Y cuando despiertes dejarás de evadirme y hablaremos? -- Preguntó él, tomándola por los hombros con ternura y mirándola a los ojos.



Chris Urbano

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En el texto hay: chica ruda, humor

Editado: 17.08.2018

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