Enamorada del mal

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Capitulo 3

Capítulo 3

Nos secamos las lágrimas, nos miramos los tres y soltamos una carcajada. Liam mi hermano de 4 años estaba en un sueño profundo, era bastante perezoso, pero era mi consentido, era mi vida al igual que mis padres.

Estaba todo listo los invitados empezaron a llegar a la casa, los primeros fueron Luisa y Santiago, él traía consigo un peluche gigante, sabía que me encantaban esas cosas, casi me desmayo de la emoción cuando me lo entrego, yo le deposite un beso en sus mejillas, al igual cuando éramos niños, su cara se sonrojo toda, vi que Luisa no le gustó mucho mi gesto, pero tampoco dijo nada.

 La casa estaba llena con los invitados, mi madre había dejado la puerta abierta para que entraran las personas, el peor error que ella pudo cometer. Estaba  todo listo para empezar. En esos momentos llegó Óscar, se veía muy guapo, jamás me había fijado en él ya que siempre me molestaba, nunca había visto esos ojos negros en todo su esplendor, su pelo negro oscuro brillaba, se acercó a mí con una gran sonrisa, que me dejó sin alientos.

 - Hola estás muy hermosa Andrea – inquirió mientras me miraba fijo a los ojos.

 - Gracias, Óscar, bienvenido a la fiesta, pasa en el patio llevaremos a cabo la reunión.

 - Te traje algo- mencionó-  espero te guste, lo compre con mucho cariño para ti. – refutó con una sonrisa hermosa.

- No te hubieras molestado, no tenía que traerme nada. – respondí Abrí el detalle, me dejó impactada con lo que me trajo, era una cadena con un dije con mis iniciales. Sin pensarlo me abalancé a él y lo abrace. Todos los presentes se me quedaron viendo con ojos.

¿Qué paso hay?

 Sabían que él y yo éramos con el agua y el aceite, que no se toleran.

 - Gracias, está muy hermoso el detalle, perdón por el abrazo. – le dije algo avergonzada.

- Tranquila, no me lo esperaba, pero me gustó – me respondió con una gran sonrisa. Veo que tu cuello no tiene adorno, puedo ponértela.

- Si, por favor- Acentúe. Sentí un corrientazo cuando sus manos rodearon mi cuello para ponerme mi cadena que él me había dado.

 Estaba encantada con el detalle.

Pasamos los dos a la fiesta, era increíble todo, el dj, la decoración, todos bailaban, pero lo que me hacía más feliz, era que mi padre estaba ese día conmigo. Por cuestiones de su trabajo como detective se había perdido muchos cumpleaños conmigo, yo entendía, pero también me ponía triste no tenerlo a mi lado, me asustaba que le pasara algo, por su peligroso trabajo. Jamás imaginé que el día más feliz de mi vida, en cuestión de minutos pasaría a ser el más triste de mi vida.

Estaba ya anocheciendo el sol ya se escondía, para darle paso a la luna, todos estábamos hay bailando y mi padre mando parar la música. Quería decir unas palabras.

- Hija, mi pequeña princesa jamás pensé que el tiempo pasará tan rápido, y que hoy estaría aquí parado diciéndote todo esto, sé que me he perdido muchos cumpleaños tuyos, pero sabes que estás en mi corazón, como el tesoro más preciado que puedo tener, tú, tu mami y Liam son el mayor tesoro que tengo. Te amo mi princesa hermosa. Mis lágrimas no se contuvieron salían como ríos por mis mejillas, esas palabras de mi padre me habían llegado a lo más profundo de mi corazón.

- Mi pequeña, sabes que no soy buena con las palabras, pero si tú papá te dijo algo, yo igual, eres lo más hermoso que mi Dios me dio, si me sacaste canas, pero amaba eso de ti, eres una gran chica estoy orgullosa de ti amor.

Mi madre terminó de decir las palabras y escuchamos disparos todos nos fuimos al piso del susto, las garrafas de las armas seguían sonando hasta quedar sin balas, yo no podía ni pararme del susto. Nadie vio a los hombres, solo tenía en mi mente las voces que dijeron

“Quedaste como un perro, rata inmunda, que descanses en paz te manda decir el patrón, Alan Gutiérrez”.

Todos gritaban del pánico, como pude me levanté del piso cuando los hombres se fueron, hubiera no verlo hecho, mire a la parte de la tarima donde mis padres me dijeron sus palabras, mi mundo se vino abajo cuando los vi tendidos a los dos, mi madre quedó agarrada de la mano de mi padre.

Me acerque a ellos y los tocaba, mis lágrimas no paraban de salir, les pedía que se despertarán que no me podían dejar sola, que haría con Liam, solo los tenía a ellos, mis abuelos por ambas partes habían fallecido y no tenía familiares cerca. Me acerque a mi papa y le dije: recuerdas papito cuando llegabas con sangre a la casa por tus heridas y yo te decía que sería tu enfermera, por favor despierta, no me dejes solita, te necesito a mi lado, me lo prometiste.



Nana Ramírez

Editado: 01.01.2019

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