Enamorado de una rara

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CAPÍTULO 2: EL ENCUENTRO

Es un hermoso día, soleado, pero no tan caluroso, las flores cautivan con su dulce aroma y un leve viento hace que mí cabello vuele de aquí para allá al igual que las hojas de los árboles. 

En este preciso momento me dirijo con mí madre hacia el ipermercato "Luna", que queda a un kilómetro de casa. Estamos yendo en auto, pero algo no me convence. Escucho un extraño ruido proveniente de la rueda que está a mí lado, le he dicho a mí madre pero dice que solo será una piedrita que se quedó atrás cada en el neumático. Así que solamente seguimos nuestro camino. 

Estábamos a unos setecientos metros de nuestro destino, cuando de repente dicha rueda, explota y se va rosando. Enseguida nos alertamos y detuvimos el auto con uns turbulenta frenada. Mí madre y yo bajamos del auto y observamos con determinación el auto y la rueda que ahora se encuentra a unos treinta metros de donde nosotras nos encontramos. Entramos en pánico sin saber que hacer.

Lamentablemente, en esta calle no pasa casi nadie, ya que quisimos ir al supermercado que se encuentra en la punta de toda la ciudad porque todos los demás lugares estaban repletos de gente. Así que no podríamos pedirle ayuda a alguien que pasase. Mí madre por fin se decidió por llamar una grúa auxiliar y que nos lleve a nuestro destino además de llevar el auto a arreglar. Pero mami había olvidado que ya no tenía más crédito y yo dejé mí celular en casa. 

Pasaron alrededor de veinte minutos y todavía no había pasado nadie más que un perro por allí. De echo era muy adorable y juguetón. Así que pase el rato jugando con el, aunque sigo prefiriendo las arañas. Pero tuvimos una conexión enorme. El cachorro, estaba lastimado en su pata izquierda y tenía la colita raspada de ese mismo lado. Se encariñó y decidió quedarse con nosotras. 

Finalmente decidimos caminar hasta el supermercado y allí pedir ayuda. Nos encaminamos y el perrito nos acompañó.

Llegamos y en todo el supermercado, había un solo cliente además de las cajeras. 

Es un chico guapo de alrededor de los dieciocho años. Tiene el aspecto de no tener muchos amigos, pero es nuestra única opción. 

Al llegar a la caja, él se encontraba detrás de nosotras y cuando pagamos, salimos de allí pero nos quedamos al lado de la puerta del lugar para esperar al chico que probablemente sea nuestra salvación.

Luego de unos dos minutos sale del supermercado.

-Hola.- digo sin ningún entusiasmo.

-Hola- responde el chico con voz fría.

Ya se estaba yendo cuando mí madre le dice:

-Disculpe joven, ¿nos podría ayudar?-

-¿Con que?- dice nuevamente con ese tono tan arrogante.

-Verás, nuestro auto se rompió en el camino por un pequeño accidente. Tuvimos que venir caminando, no encontramos a nadie para que nos pueda ayudar. ¿Sería tan amable para llevarnos hacia él y enganchar nuestro coche al suyo, si es que vino en auto, así lo llevaremos a arreglar y luego nos puede acompañar a casa? Sin compromiso, solo es un favor, pero si no puede no hay problema- mamá, ella siempre tan amable.

-Vine caminando- dice señalando una casa que se encuentra a pocos metros de distancia, pero ésta vez lo dice con un tono diferente, el cual no logro descifrar. 

El chico se voltea y sin decir nada se va. Eso hace que me enfade, que maleducado es, ni siquiera se molestó en despedirse o disculparse. Solo se gira en sus talones y se marcha. No me podía quedar callada.

-Oye tú, ¿te hicimos algo para que nos trates así?- digo sin pensarlo más de una vez.

El chico deja de caminar de golpe y lentamente se gira hacia nosotras. Mí madre me mira con cara de: "no debiste hacerlo".

En ese momento, el malhumorado abre su boca y solamente dice:

-No es asunto tuyo- ésto lo dijo con una voz tan ronca que hizo que un escalofrío recorriera todo mí cuerpo.

Sin decir algo más, simplemente se marcha.

¿Y ahora que haremos?

 

 

 



alice soraci

Editado: 22.10.2019

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