Enamórate de mí

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Llegó a la oficina del director pocos minutos después de caminar entre la oscuridad. Luego de que la linterna se apagara definitivamente por la falta de batería, se las arregló para avanzar guiándose con la pared, a fin de cuentas a lo largo del asilo había más baterías para que Daniela utilizara y pudiera llegar hasta el sótano, donde se encontraba un túnel que podría ponerla a salvo.

Una vez en el interior de la oficina, Bruno cambió la batería de la linterna luego de sentarse en el escritorio y dejó la hoja de papel sobre él. Necesitaba escribir un mensaje a Daniela, para tranquilizarla cuando despertara y se diera cuenta de que su ubicación había cambiado, además de advertirle que no podía quedarse ahí mucho tiempo.

Beatriz y él habían aprendido, con el paso de los años, a visualizar desde el interior las acciones de las otras dos personalidades cuando tomaban el control. En su momento Daniela pudo hacerlo también, pero luego del maldito tratamiento conversacional al que sus padres la obligaron a someterse, Daniela dejó de hacerlo definitivamente. Para Bruno y Beatriz era intermitente, representaba un gran problema.

Suspiró antes de llevarse la mano derecha hasta los labios para besarla una vez más. Ellos los habían separado, habían arruinado una relación tan bella como la que Daniela y él tenían solo porque no eran capaces de entenderlo; ahora, Bruno no era más que una alucinación para su amada.

Alzó la cabeza, se inclinó sobre el escritorio y con su mano izquierda, empezó a escribir en el papel. Estaba comenzando a tener sensación de inconsciencia, de pesadez, por lo que supuso que Daniela estaba por tomar la luz. Mientras le escribía, escuchó el sonido de los leves gruñidos de la bestia de sombras elevándose tras su espalda.

—Necesito que me ayudes a limpiarle el camino a Daniela. Lo malditos experimentos están regados por todo el asilo —susurró Bruno mientras doblaba la hoja de papel. Luego la dejó con cuidado sobre el escritorio—. Ya le informé sobre ti en la nota, así que estará bien.

Tras darse la media vuelta sintiéndose cada vez más débil, vio a la criatura hacer una reverencia ante él en señal de respeto antes de desvanecerse por completo. Bruno se sentó en el suelo emitiendo un leve quejido. Daniela se abría paso a la fuerza para retomar el control, estaba arrancándolo de forma violenta de la luz y eso resultaba doloroso para ambos, aunque ella no supiera todavía el motivo. Cuando despertara tendría un fuerte dolor de cabeza.

Estaba a punto de verse devorado por la oscuridad de nuevo mientras Daniela tomaba el control del cuerpo, cuando la bestia apareció una vez más justo a su lado izquierdo y, cual gatito, frotó su cabeza contra la mano de Bruno, misma que él utilizó para darle una suave caricia.

Todas las personas le temían al ipthanor sin saber que él, durante los siglos que vagó sin rumbo por el mundo de los vivos, solo buscaba dos cosas: comida y un amigo. El odio que ahora el ipthanor sentía hacia los humanos nacía del miedo y la repulsión que ellos mostraron ante una criatura que ni siquiera entendía dónde se encontraba. Lo llamaron vampiro, demonio, duende, ogro e incontables nombres despectivos que indicaban mal augurio, cuando él era tan solo una criatura del inframundo perdida.

Bruno se topó con él hacía un año, poco después de que Daniela fuera forzada a tomar la terapia conversacional para alejarla de Beatriz y Bruno, y luego le administraran los malditos medicamentos experimentales para borrarle la memoria; los mismos con los que transformaron a todos los residentes de ese mismo asilo en seres sanguinarios sin conciencia. Claro, sin imaginarse que las cosas podrían salirse de su control.

—No te acerques mucho a nosotros mientras yo no esté en la luz. Y no te preocupes, regresaré lo antes posible —le susurró Bruno al ipthanor, luego desvió la vista hacia su mano derecha, que estaba comenzando a abrirse y cerrarse sin que él pudiera evitarlo. Daniela estaba recobrando la consciencia—. Cuida a mi amada Daniela, amigo mío.

Tras asentir con la cabeza, el ipthanor desapareció entre la oscuridad de la habitación. Bruno cerró los ojos con un quejido de dolor al verse finalmente arrancado de la luz. Lo siguiente que sintió fue que flotaba en la nada, incapaz de moverse. Logró ver la habitación de forma muy difusa unos segundos antes de que todo se borrara.

Daniela abrió los ojos.



Kim Pantaleón

Editado: 08.08.2019

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