Encadenados al Peligro

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"CAPÍTULO III"

《Y eso que te debe importar Sarah, él puede hacer lo que quiera》

 

Decía mi conciencia, pero el caso no es ese, Marcus no me interesa en lo absoluto, sólo que no me gusta que se ría de mí en mí propia cara.

 

《Esta noche puedes darle una cucharada de su propia medicina, de seguro habrá cientos de hombres guapos en esa famosa gala benéfica, puedes coquetear con uno o varios》

 

Esa era una buena idea, Marcus pagó, tomó las bolsas y entramos al auto.

 

_¿De verdad tengo que llevarte al centro de belleza?_

 

_No hace falta hermanito, yo puedo hacerlo sola en casa_ le contesté secamente, él en cambio rio, como siempre lo hace.

 

_¿Celosa querida?_ preguntó con voz burlona y sonrisa triunfante.

 

_ Ja, ya quisieras querido, ya quisieras_ le agradecí el que no dijera nada más, me dejó en las puertas de la casa y se marchó, no se a donde fue, ni me interesa tampoco, por mi se puede ir al mismísimo infierno y jamás volver.

 

Le pedí a Eleyne que en cuanto Salahya se durmiera me ayudara, si podía, a lo que eso pasaba, decidí relajarme en el gran yacusi, cuando mi piel estaba arrugada por el tiempo que llevaba sumergida en el agua, salí, Eleyne se encontraba sentada en la cama arreglando el vestido que elegí entre todos los que Marcus compró, para ponerme esta noche.

 

_Es un hermoso vestido señora Sarah_ dijo con una pequeña sonrisa.

 

_Puedes decirme Sarah, Eleyne, lo de señora me hace sentir muy vieja, sólo tengo 21 años y gracias, por eso lo escogí_ ella sonríe, primeramente Eleyne me ayuda a peinarme, al final el resultado fue un moño recogido, con una anchoa hacia el lado derecho y algunos mechones fuera de este para darle más elegancia, decidí maquillarme yo, algo sencillo, ya que no me gusta mucho, la gala daba inicio a las 6:00 pm, faltaban dos horas, Eleyne se despidió, yo en cambio me puse a terminar la historia que comencé a leer anoche.

 

El tiempo pasó de volada, logré terminar la hermosa lectura, me conmovió mucho la historia de la pobre chica, todo lo que debió pasar, para poder encontrar la libertad y felicidad, junto a su montaña de hombre, ese sobrenombre me agradó bastante.

 

Eleyne regresó para ayudarme a poner el vestido, me dijo que Marcus ya estaba en casa, listo y esperándome en el living, cuando consideré que estaba lista para salir, lo hice, no sin antes darme un último vistazo en el espejo, me gustó mucho lo que vi, mí vestido era negro, con escote corazón, ajustado a mí cintura y caderas, al llegar a las rodillas se abría un poco, dándole un tono de sirena, las zapatillas eran de igual color y de plataforma.

 

Bajé lentamente para no rodar como cualquier rueda por las escaleras, una silueta masculina pude divisar, al acercarme más, distinguí que era él, estaba de espaldas apoyando su frente en su brazo izquierdo en las ventanas que daban vista al hermoso jardín, hice un pequeño carraspeo para llamar su atención, y funcionó, me dio el frente de su cuerpo, por primera vez creí ver en su rostro un atisbo diferencia, no podía negar que se veía bastante elegante, atractivo, su traje bien pegado a sus músculos y .."Que diablos estás pensando Sarah, ese hombre no es bueno para que estés pensando en esas cosas, amenazó de muerte a tu hija y obligó a casarte con él" dándole la razón a mí conciencia, retiré el antiguo pensamiento de mí cabeza.

 

_Ya estoy lista, nos podemos ir_ se acercó a mí, para susurrarme algo en el oído, su cercanía puso en alerta todos mis sentidos.

 

_Estás radiante Sarah, no veo la hora de llegar a casa y poder despojarte de ese vestido_ me alejé como pude de él, éste me tomó de la mano, halándome hasta la salida, donde nos esperaba un hermoso Roll Royce negro, en cuanto nos adentramos, Carlos, el chofer, puso en marcha el auto.

 

El hotel era todo un paraíso, repleto de lujos por cada esquina.

 

_Sus nombres por favor_ preguntó en chico bastante elegante que se encontraba en la entrada, recibiendo a los invitados.

 

_Señor y señora KING_respondió Marcus, el hombre asintió y empezó a buscar en la lista de invitados, no tuvo que mirar más allá de cinco líneas, nos encontrábamos en el tercer lugar, fuimos tachados por esa pluma que reflejaba el brillo de oro puro al hacer contacto con la luz.



Rouse Zapata

Editado: 24.10.2018

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