Encarnación y Maldición

Tamaño de fuente: - +

Prólogo

Una niña pelirroja, ojos rojos y piel pálida de diez años pasaba por las afueras de un humilde pueblo. Sin embargo, no era una niña común pues ella era de raza vampírica.
Ella pasaba volando transformada en un murciélago rojo a plena luz del día a través de un frondoso bosque, cuando una flecha de unos cazadores le rozó una de las alas derribándola y al caer cerca de una cueva, que también se encontraba a unos pasos del pueblo, deshizo su transformación y volvió a su apariencia humana. El brazo que reemplazaba al ala rota por la flecha, comenzó a sangrar y a dolerle de forma desgareadora.

La niña, quien tenía oídos bastante agudos, escuchó los pasos de un cazador aproximarse a ella. De inmediato, se incorpora y se acomoda la túnica blanca que cubría su cuerpo y su ropa de la comunidad vampírica con el brazo bueno y también acomodó las largas y anchas mangas de la túnica para ocultar la herida.

Uno de los cazadores vio a la niña pelirroja sola en medio de la nada y al principio se acercó para preguntarle qué hacía allí, sin embargo, la niña retrocede y por accidente golpea su brazo herido con el borde de la entrada de la cueva y al gritar de dolor revela ante el humano sus colmillos de vampiro.

El cazador cambió su amabilidad por codicia, pues al darse cuenta que era una pequeña niña vampiro podría venderla a una escuela de caza vampiros.

-Iba a preguntarte si viste una bestia alada caer por aquí, pero veo que solo eras tú pequeña suma de monedas de oro–dijo el cazador con descaro.

Como su brazo estaba herido le sería difícil volar para escapar. Además necesita un poco de tiempo para regenerar el tejido dañado.

-¿Por qué me llama suma de dinero, señor?–preguntó con temor.

El hombre sonrió gozando de su plan mostrando unos dientes sucios y algunos le faltaban en la dentadura, dándole un aspecto más aterradora apra ella.

-Porque solucionarás mi pobreza, niña. Voy a venderte a un buen precio a los hombres que matan monstruos como tú–contestó riéndose con maldad.

Un niño pelinegro y de ojos azules de apariencia elegante, vestido de un traje azul y plateado se interpuso entre la niña y el hombre que la quería aprovecharse de la situación. Que había cometido el error de revelar su plan a tal volumen que llegó a los oídos del niño.

-No se llevará a esta niña–reclamó el niño con valentía.

El hombre impactado por la osadía del pequeño no supo como reaccionar.

-Niño, no te metas donde no te llaman–respondió enfadado por interrumpir su fechoría–¿quieres que te venda a ti también?

Iba a hacer al niño a un lado, pero este comenzó a gritar.

-¡Ayuda, ayuda! ¡Un secuestrador de niños nos quiere raptar!–gritó el niño desesperado.

De inmediato, un grupo de aldeanos fue al rescate del niño que estaba gritando.

El cazador huye del lugar despavorido y deja a los niños solos.

El niño voltea a ver a la niña que había salvado.

-¿Estás bien, niña?–preguntó antes de fijar su mirada en una gran mancha roja que había traspasado la túnica blanca que la niña traía–¡¿te lastimaste?! Se ve grave, ¿te lo hizo ese señor? Cuando los aldeanos vengan te ayudarán.

La niña con miedo de ser descubierta por los aldeanos y la fuesen a crucificar, se escondió en la cueva en cuanto escuchó de lejos la llegada de las personas del pueblo al bosque.

El niño iba a cuestionar su forma de actuar.

Cuando los aldeanos llegaron se acercaron al niño.

-¿Tú fuiste quién pidió ayuda? ¿Dónde está ese mal nacido? –preguntó una mujer enfurecida.

-Sí, yo pedí ayuda. Él escapó a través del bosque–contestó el niño con sinceridad. Antes de que se fueran se acordó de la niña herida dentro de la cueva–esperen.

Los aldeanos se voltearon a escuchar.

Vio a la niña rogándole que no la delatara.

Aunque le fue extraño no la cuestionó. O más bien solo tenía cierta curiosidad por esa niña pelirroja y de ojos color carmecí.

-Ah... Perdonen, se me olvidó. No era importante–mintió con una sonrisa.

-Niño, será mejor que vuelvas a tu casa ahora–sugirió un viejo hombre que parecía ser un granjero.

Cuando los aldeanos se fueron, el pequeño pelinegro se adentró a la cueva para preguntarle a ella de su negación a ser ayudada por los aldeanos. Sin embargo, ella había avanzado más en la cueva en medio de la oscuridad.

-Niña ¿donde estás? Los adultos ya se fueron–la llamaba mientras caminaba a ciegas buscándola–¿dónde estás? Es peligroso caminar sin poder ver nada, no te adentres tanto.

La niña se había transformado en murciélago y le goteaba sangre desde la herida en el ala rota mientras vigilaba al niño con recelo. Sin embargo, él la salvó y decidió volver a su forma humana y confiar en el niño pelinegro.

-Aquí estoy–contestó apareciendo de repente tras él, haciendo que este se sobresalte y cayera al suelo al tropezar.

-¿Po.. Po.. Por qué hiciste eso? Es aterrador que de pronto estuvieras tras mío de tan cerca y a oscuras–se molestó el niño por el susto.

La niña estaba sorprendida y de tapó la boca con la manga del brazo bueno.

-Perdón, no creí que esto pasaría. De donde vengo es normal–se diculpó la pequeña pelirroja y se agachó para estar a la altura del chico.

-¿En qué parte eso es normal?–preguntó el niño con ironía.–y otra cosa, ¿por qué no aceptaste la ayuda de los adultos?

Ella se separó un poco temerosa de si era buena idea confesarle su verdadera naturaleza.

-Porque si descubren lo que soy me matarán–afirmó aterrada de la crueldad de los humanos.

El pequeño pelinegro no entendía a qué se refería con "si descubren lo que soy..." pues no le cabía en la cabeza que los adultos mataran a una niña tan normal como ella.

-No entiendo, ¿por qué te matarían?–le preguntó confundido–Sé que hay adultos malos pero los que vinieron podrían haberte curado el brazo.

-No necesito que un humano me ayude en eso, solo necesito beber un poco de sangre–pensó en voz alta creyendo que solo rondaban por su mente.



Z4r1s4

#3325 en Fantasía
#601 en Novela contemporánea

En el texto hay: descubrimiento, juventud, recuerdos

Editado: 18.04.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar