Enfermizas Obsesiones

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Capítulo 2

Max*

Llegue a casa así que sin hacer mucho ruido entre, no hay sonidos y según la hora puedo deducir que han salido.
Subí las escaleras con delicadeza, despacio sin prisa alguna.
Recorrí el pasillo y me coloque frente a la puerta de su habitación, tomé la manija y la giré logrando abrirla. Empujé con cuidado permitiendo que mis ojos la miren recostada con sus bellos ojos cerrados.
Entré acercándome a paso lento hacia ella. Al estar a lado de la cama la observé desde ahí, como un verdadero acosador, como lo he hecho durante toda su vida.

Me recosté a su lado, le abrace y deje que su delicioso aroma me llenara.
Sus ojos comenzaron abrirse poco a poco hasta lograr visualizarme. Le di una sonrisa y coloque mi mano en su mentón, iba a juntar sus labios con los míos pero hizo su cabeza a un lado logrado que el enojo me consuma casi de inmediato... Pero debo calmarme, podré ser un bastardo con quien sea, menos con ella.

— Max... No puedes besarme. — Susurró bajando la mirada.

Alcé una ceja por ello, eso es tonto, lo más estúpido que he escuchado en mi vida.

— ¿Así quien dice? — Pregunté demostrando que me causa irritación.

Desvío su mirada, ya veo, al parecer mi pequeña se deja influencia de manera sencilla y rápida.

— ¿Y bien? — Dije esperando su respuesta.

Apretó los labios he intento hacer que me quitara de encima.

— Déjame. — Pidió tratando de quitarme.

Sonreí y tomé sus manos haciendo que se sorprenda, las coloque encima de su cabeza dándome libertad.

— Tú y yo somos especiales Isabel, nacimos para estar juntos, no importa si somos hermanos o no... Nos mantendremos unidos para siempre. — Dije sonriendo de lado.

Sujete sus manos con una sola y la otra se encargó de mantener su rostro al frente, pegue sus con los míos besándola despacio, chupando su labio inferior y mordiendo un poco.
De solo tenerla un momento así me sentí excitado. Deje libre una de sus manos y la baje para que toque mi miembro por encima de la tela del pantalón, aunque es notorio que tengo una erección.

— No Max. — Dijo amenazando con comenzar a llorar.

Eso hizo que me quedara paralizado un momento.

— No seas cobarde idiota, cuando era pequeña y te masturbaba también lloraba, no te dejes llevar por eso. — Dijo la voz en mi cabeza.

Sonreí y la tomé del brazo haciendo que tome asiento en la cama.
Acerqué sus manos a mi entrepierna y comencé a frotar, tendré que hacerlo yo ya que ella es inestable aun, algún día podra hacerlo sin que se lo podía siquiera.

— Vamos linda, recuerda que antes lo hacías. — Susurré acariciando su mejilla.

Me miró, había algo de sus ojos... Quizás culpa, no sé, no la conozco.

— Entre hermanos no es normal. — Dijo de pronto.

Me quedé perplejo logrando que no sepa que responder, es raro.
No pude evitar soltar una carcajada ante eso, es tan extraño lo que dice, hay tantas cosas que no son normales y aún así hay millones de personas haciéndolas.

— Desabrocha el pantalón. — Ordené sombrío.

Soltó un largo suspiro y lo hizo, lo bajo un poco junto a mi ropa interior dejando ver mi miembro erecto.

— Tómalo como te enseñe. — Susurré excitado.

Se me quedo mirando un momento y se rindió, lo sujeto empezando ayudarme, si no fuese tan linda y sexy no tendríamos que pasar por esto y el hecho de verla me causa aún más excitación.
Di un paso al frente para que quede cerca de su rostro, hizo una mueca a lo que coloque mi mano en su cabeza para que la levanté un poco, tomé mi miembro y lo acerque a sus labios haciendo roce con delicadeza.

— Abre la boca. — Pedí.

Negó, eso me hizo sentir frustrado, tape su nariz, solo fue cuestión de segundos cuando abrió la boca logrando que entre, bueno solo una parte.

— No uses los dientes. — Gemí moviendo su cabeza con cuidado.

Intentaba sacarlo y empujarme pero no se lo permití, su boca es tan caliente y húmeda... No quiero imaginar cómo se sentirá el hecho de estar dentro de su vagina... Aunque aún es pequeña, tengo que esperar.
Continúe logrando que suelte gemidos y jadeós sonoros hasta que me aferre su cabello un poco metiendo todo mi pene a su boca logrando venirme en su carganta.
Me quedé ahí un momento hasta estar seguro que lo había tragado por completo.

Salí y tomé su mentón para que me mire, levanté mi brazo y lleve mi mano a mi boca colocando sobre mis labios mi dedo índice.

— Silencio amor. — Susurré.

Me acerqué y deje un beso en sus labios para después acomodar mi ropa y salir de la habitación. Cerré la puerta y mire al inicio del pasillo topandome con la figura de Jack.
Su ropa está llena de sangre, sus manos, zapatos y rostro tienen tierra.

— Parece que batallaste. — Murmuré recargandome en la pared y sonriendo de lado.

— ¿Solo por eso me dejaste allá y arruinaste todo?, ¿Por una maldita mamada que pudo haberte dado cualquier zorra? — Gritó enfadado acercándose.

Hice una mueca y me mostré serio, aunque solo un momento.

— No seas tonto Jack, yo no soy como tú que se conforma con porquería, si yo quiero y amo soy solo para esa persona. — Dije sin más dándome la vuelta dispuesto a irme.

— Entonces ayúdame. — Pidió logrado que me detenga de inmediato.

— Apóyame a...

No lo deje terminar camine a él, se quedó en silencio hasta que llegue a su lado.

— Silencio idiota. Hablaremos en otro lugar. — Dije sin más.

Baje las escaleras junto a él hasta llegar a la sala, nos sentamos ahí observandonos fijamente, justo iba a decirle el plan perfecto es acabar a Jackson cuando la puerta se abrió dejando ver a mamá.

— Chicos. — Saludo subiendo las escaleras de inmediato.

Jack apretó los puños, se puso de pie mirando hacia la puerta hasta que Jackson la atravesó mostrando una sonrisa cínica.

— Hijo mío, demonio. Tengo un lugar que quiero que conozcan. — Dijo mostrando oscuridad en su mirada...



Margarita Barraza

Editado: 18.08.2019

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