Enfermizas Obsesiones

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Capítulo 14

Tres semanas atrás.*

Max.*

Me puse frente a la puerta de salida esperando a que está sea abierta, lo hizo.
Tomé paso entrando a la siguiente habitación donde estaban los guardias.

— Buen trabajo Max. — Dijo uno de ellos.

Alcé una ceja y lance el cuchillo a su brazo logrando darle, sonreí y solo me di la vuelta. Me detuve antes de cruzar la siguiente puerta.

— No tienen que decirme, soy el mejor, a comparación de la basura como ustedes. — Dije sombrío alejándome.

No me cambié de ropa aún y fui directo con el encargado de todo esto, camine por el pasillo hasta llegar a la puerta de su oficina, mis pasos pararon frente a ella y toque solo un par de veces cuando la puerta se abrió.
La chica me miró de arriba abajo y se limpió los restos de semen que había, eso es un asco total.

— Max, mi muchacho favorito y mi gran fuente de ingresos. — Dijo Thomas mostrando una gran y oscura sonrisa.

No respondí nada ante eso y me senté frente a él, la chica se sentó en sus piernas aún observandome, quizás esperando a que sea como Jack y le pida un maldito trío con este bastardo... Eso es tan repugnante, lo más asqueroso que alguien podría hacer... El sexo no es cualquier cosa, maldición.

— Piensas como una maldita colegiala de doce años. — Se burló la voz en mi cabeza.

Apreté la mandíbula por eso, aún así, solo seré para Isabel, de la misma manera en la que ella será solo para mí.

— ¿Has venido por tu paga? — Dijo mostrandome un sobre bastante lleno.

Lo observé un momento, coloque mi mano encima de este y lo regrese a él dejándolo cerca.

— No quiero dinero. — Dije con seriedad mirando a la prostituta.

— ¿No?, ¿Entonces? — Dijo extrañado alzando una ceja.

Lo observé fijamente, subí mis manos ensangrentadas al escritorio recargandome, sus ojos se entrecerraron y colocó un arma a un lado suyo, sonreí haciendo que también lo haga, solté una carcajada que lo hizo quedar neutro.

— Quiero la droga que le das a las nuevas prostitutas para que sean amables, ya sabes, esa porquería que hace que disfruten el sexo sin importar de quién se traté. — Dije mostrando seriedad.

Sus ojos se abrieron e iba a decir algo cuando la mujer se burló.

— Cariño mírate eres tan caliente que no necesitas esa droga para llevar a una mujer a la cama. — Dijo acercándose a mi rostro.

Sonreí, me levanté y tomé su mentón haciendo que me mire a los ojos.

— Quizás haya razón... Hermosa. — Susurré cerca de sus labios.

Iba a juntar sus labios con los míos pero la detuve.

— El caso es que no llevaré a una zorra como tú a la cama, sino alguien que vale la pena... Ahora deja de hablarme como si fueras alguien. — Dije enfadado.

La alejé de mí dándole un puñetazo que le hizo caer al suelo de inmediato, sostenía su mejilla.

— ¿No le va a decir nada?, Soy de las mejores aqui, no merezco...

— ¿Y qué?, Él es el mejor carnicero, fácilmente me da diez veces lo que tú en una semana. Ahora vete, hablaré con él a solas. — Ordenó.

La mujer salió con la cabeza agachada y cerró la puerta de inmediato.

— Es tan raro que quieras esas droga, ¿Qué harás con ella?, ¿Estas conciente que un kilo de eso se llevará todo lo que has hecho en este día, creeme que son más de un millón. — Informó.

Me quedé en silencio.

— ¿Vas a gastar tanto dinero en eso?, No seas imbécil y solo tómala a la fuerza quieres, te la das de muy malo pero a la hora de tocar a Isabel te conviertes en un maldito maricon. — Reclamó la voz en mi cabeza.

Fruncí el ceño... Quiero que lo disfruté, que lo vea de otra manera... No soy como Jackson, ni Jack... No solo es sexo y tomar la carne de quién deseas, es más... Amor, romance, pasión, erotismo.

— Genial, te he perdido, si continúas así haré lo posible porque te suicides, a ver si reencarnas en algo más inteligente. — Dijo con irritación.

— No importa, la quiero. — Dije sin más.

Soltó un suspiro y me entregó el paquete.

— Es algo que se usa con precisión Max, sigo sin comprender cómo es que tú la tienes que usar... Me imagino que quieres a esa chica. Pero como sea, no se lo des diario, podría enfermar. — Explicó.

Le di una afirmación y me coloque de pie guardando el paquete en mi abrigo, al salir me topé con Jack quien tiene los brazos cruzados y se ve molesto.

— He estado buscándote, ¿Dónde estabas? — Preguntó molesto.

— Por ahí. — Dije sin más...

Actualidad.*

Max*

Le miro de reojo, se ve tranquila, acaba de comer y al parecer tiene sueño, llegaremos en un par de horas más.
Preparé todo hace un par de semanas, he estado ahorrando, comprando y trabajando bastante para tener una buena vida sin preocupaciones... Todo lo contrario a Jack quien ni siquiera sacaba diez mil dólares, ese tipo es un desastre sin mencionar que saliendo de muy a penas lograr matar a alguien lo gastaba en mujeres, drogas y alcohol... A veces dudo que sea mi hermano y pensar que cuando éramos pequeños siempre estaba nervioso y se veía asustado.

— Las apariencias Max. — Recordó esa voz en mi cabeza.

Le di un asentimiento, tiene razón.

Luego de horas conduciendo me detuve frente a la casa logrando que Isabel la mire con asombro.

— Es bastante amplia. — Susurró con sopresa.

Me reí un poco por ello y salí del auto yendo a su lado, abrí la puerta y salí, extendí mi mano a ella haciendo que la tomé.
Salió y empezamos a ver a los alrededores, está solo, nomás la casa, el bosque, nosotros y un pueblo a kilómetros de aquí.

— ¿Y las personas? — Murmuró algo incómoda.

La abrace por los hombros pegándola a mí.

— Lejos, en partes donde nos molestaran... Estaremos aquí pequeña, este lugar donde nadie sabe que tú y yo llevamos un lazo de sangre disfrutando de nuestro amor. — Dije tomando su mentón.

Me acerque a ella y sin permiso alguno presione sus labios con la míos besándola suavemente, ahora si, seremos solo ella y yo...



Margarita Barraza

Editado: 18.08.2019

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