Enfermizas Obsesiones

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Capítulo 24

Isabel.*

Me remuevo en la cama sintiendo que me presionan, abrí los ojos poco a poco hasta lograr toparme con su pecho. Mis ojos se abrieron e intenté separarme de él pero no me lo permitió, me mantiene abrazada a él.

— Suéltame. — Grité molesta.

Despertó con rapidez, sus ojos me observaron fijamente a lo que solo pude llorar una vez más, parece que no le es suficiente lo que me está haciendo.

— Otra vez lo hiciste. — Susurré sin poder dejar de llorar.

Esto es tan horrible y asqueroso, no sé porque razón se aferra a eso, ni como hace que yo cometa tal acto cuando en realidad no lo deseo.

— ¿Cómo lo haces?, ¿Porqué siempre pasa esto?, ¿Me estás drogando?, Solo eso podría explicar la idea de que tengo sexo contigo. — Dije molesta cubriendome.

Max solo se queda en silencio, bajo la mirada y se encogió en los hombros, eso me hace enfadar, que crea que todo es culpa mía o que él es la víctima aquí solo por desarrollar amor entre nosotros más allá de ese cariño de sangre.

— Me quiero ir. — Dije sin más.

Iba a levantarme pero me sujeto de las muñecas obligándome a quedarme recostada, se puso encima de mí observandome fijamente.

— No, tienes que quedarte, aprender amarme, a decime que me amas tanto como yo lo hago contigo. — Dijo enfadado.

Solté mi mano e intente empujarlo.

— Déjame en paz nunca podría amarte de esa manera, eres mi hermano. — Grité enfadada.

— Ya te he dicho que eso no importa si hay amor, que más da si nuestros padres son los mismos, te amo sin importar nada. — Gritó muy enojado.

Su respiración estaba acelerada demostrando que está bastante molesto por la plática que estamos teniendo.

— Yo ya te dije que no te amo. — Susurré desviando la mirada.

No hubo ninguna respuesta de su parte, eso me hizo mirarlo un  pequeño instante.

— ¿Porqué?, He hecho de todo, siempre intento ser el mejor para ti, compro lo que puedo para que siempre estés bien, te demuestro que te amo y solo me he acostado contigo... Pero para ti no es suficiente... Dime qué sí lo es para que puedas amarme. — Susurró aún con la cabeza agachada.

— Max... No hay algo que me haga amarte, eres mi hermano, siempre lo serás. — Dije con obviedad intentando que entre en razón.

Se levantó, me dejó libre, tomó su ropa, se colocó el pantalón y salió de la habitación, solo pude escuchar como colocó el seguro dejándome ahí.
Solté un largó suspiro esperando a que comprendiera de una vez, es malo el hecho de que me vea de esa manera.
Me puse de pie yendo al baño, entre a la ducha y abrí las llaves dejando que el agua caiga sobre mi cuerpo limpiandolo, retirando su aroma de mí. Recargue mi espalda en la pared llenandome de recuerdos de lo sucedido. Me abrace a mi misma recordando sus manos recorrer mi cuerpo de arriba abajo... Max se veía atractivo no lo negare, pero es mi hermano.

No supe cuanto tiempo me quedé ahí solo que ya era suficiente, salí y tomé una toalla cubriendome.
Abrí la puerta sorprendiendome al ver a Max sentando en la cama, desvío la mirada, no pude evitar analizarlo. Lleva un pantalón negro, un abrigo negro, zapatos negros y su cabello se ve mojado, al parecer también se dió una ducha.

— Te traje el desayuno, también deje comida en el microondas, hay más en la nevera por sino te gusta esa. Saldré, no me esperes. — Avisó colocándose de pie.

No supe que contestar ante eso, solo me quedé en mi lugar mirándolo desde ahí.

— Espera... ¿A dónde vas? — Cuestioné caminando detrás de él.

Se giró de inmediato, eso hizo que chocará con su pecho.

— Trabajo. — Dijo sin más.

Una vez más retomó su camino a la puerta principal, la abrió y cerró frente a mi rostro con fuerza.

— ¿Cuando volverás?, Quiero ir. — Grité golpeando la puerta.

No contestó nada y solo se escucho la puerta del auto y que lo encendía para después alejarse de aquí.
Cerré los ojos con fuerza sin saber que hacer con todo esto, no debería estar aquí, sino con mamá, teniendo una vida normal...

Max.*

Conduzco con rapidez a cualquier maldito lugar que no me haga sentir miserable e idiota, apreté la mandíbula y golpe el volante haciendo que la bocina suene.
Me hice a la orilla y lo detuve quedandome ahí mirando al frente, lleve mi mano a mi rostro, me recargue en el asiento sin comprender cómo conllevar todo esto... Ella dijo que me amaba, siempre he intentando que todo sea bueno para ella, le doy lo que pide, siempre he pensado en ella dejando de lado a todos, pero no le importa en los más mínimo el esfuerzo que hago.

— ¿Esas son lágrimas Max?, Impresionante, al parecer tienes más sentimientos de los que aparentas. — Dijo esa voz en mi cabeza con burla.

No conteste nada y solo retiré las lágrimas con molestia, maldición, debo verme tan débil de esta maldita manera.

— Es interesante que llores, ¿Cuánto tiempo hace que no sucede? — Murmuró.

— Nunca llore por sentimientos, sino porque me convenía, a excepción de hoy, siento una terrible presión cada vez que me dice que no me ama. — Dije enfado apretando los puños.

— Aún no comprendo esa idea tuya de Isabel, hay tantas mujeres, posiblemente más lindas, llamativas, de cuerpos perfectos y tú aquí, perdiendo el tiempo por una vagina que ya te follaste. — Dijo con irritación.

Hice una mueca, Isabel es mucho más que eso, para mí no hay tantas mujeres, sino solo una, solo ella es linda, llamativa, con un cuerpo tan perfecto que solo yo un ser igual de perfecto merece tomarlo... Lo que hicimos no fue solo sexo, yo siempre le he hecho el amor.

— Bien entiendo que eres idiota, pero: ¿Qué harás?, Te rechazo una vez más. — Dijo con cierta obviedad.

Hice una mueca por eso, es verdad que me ha rechazado pero sigo sin tener un plan para que se enamore de mí, no sé cómo hacerlo, solo tengo la droga, ya se la di dos veces, tendré que esperar al menos dos semanas para darle un poco más o le hará daño, tengo que pensar con claridad, por ahora solo iré a la carnicería, cortaré un par de cuerpo para sentirme relajado, beberé y regresaré a casa...



Margarita Barraza

Editado: 18.08.2019

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