Enfermizas Obsesiones

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Capítulo 30

Isabel.*

Me encerré en la habitación y lleve mi mano a mi boca callando los sollozos, no puedo creer que haya hecho algo como eso con Max.
Mire a un lado de la cama notando que hay una bata, me acerque y me la coloque, me senté en la orilla de la cama meditando lo que había pasado, no lo puedo procesar tan sencillo... Tuve sexo con él, no solo eso, lo he disfrutado pero no lo hice por amor, sino porque mi cuerpo se sentía bien y caliente cuando él empezó hacerlo, no he dejado de ver a Max como lo que es, mi hermano.

Me sorprendí cuando tocó la puerta con fuerza.

— Abre Isabel, tenemos que hablar. — Dijo moviendo la manija con rapidez.

Solo negué, no quiero que entre y terminé haciéndome lo mismo que hace unos momentos, eso nunca debió haber sucedido.
Sus pasos se alejaron, eso me hizo sentir un poco más tranquila, se rindió, me ayudara a pensar y tener un plan para irme de aquí lo antes posible, buscare a mamá y nos iremos lejos.
Me sorprendí al escuchar que el seguro era quitado por fuera, seguro tiene llaves, la puerta y se abrió dejando verlo, en lo que solo me quedé rígida en mi lugar.

— ¿Quieres explicarme qué demonios ha sido eso?, Acabamos de hacer el amor y me golpeas, no solo eso, sales corriendo. — Dijo enfadado acercándose.

Baje la cabeza avergonzada al verlo semidesnudo. Me encogí en los hombros sin saber que decirle, no sé que hacer para marcharme de aquí, engañar a Max es la cosa más difícil... Bueno solo si se trata de ciertas cosas, porque cuando es por amor él cae fácilmente, si, eso.

— Estoy apenada. — Dije bajando la mirada.

Alzó una ceja por eso, después soltó un largo suspiro y se acercó a mí, me tomó del brazo levantándome y dejándome frente a él.

— No deberías, es normal, eso hacen las personas que de aman Isabel. — Explicó suave acariciando mi mejilla.

Es solo que tú y yo no nos amamos, esto solo es una extraña, rara e inexplicable obsesión que tenemos, me incluyo debido a que me siento atraída físicamente, creo que esos está mal, por eso debo alejarme de él, huir lo antes posible.
Le di un asentamiento, eso hizo que se inclinara a mi rostro, dejo un beso en mis labios, me besó despacio obligándome a seguirlo, su mano bajo a mi cintura pegandome a él, gracias a mi desnudes pude sentir su erección... Pero ha acabamos de hacerlo.

Bajo un poco más su mano y la detuve al sentir sus intenciones de frotar mi parte íntima con ella.

— Estoy cansada Max. — Revele apenada.

Solté un jadeó y me recargue en su pecho sosteniendome de sus brazos fuertes, se acercó a mí oído y lo lamió haciendo que un gemido salga de mis labios.

— Pero estás bastante húmeda. — Susurró frotando con su otra mano.

Tomó mi mano y la bajo a su miembro para que lo acaricie.

— No voy a meterlo, acaricia, como te enseñe. — Volvió a susurrar despacio.

Mi cuerpo solo se movió, eso me hace sentir impotencia al no poder controlar la idea de que me agrada como me toca, pero aunque duela admitirlo será esto lo que me ayude a escapar de él, una vez que lo haya hecho buscaré ayuda.
Abrió la bata dejando mi cuerpo desnudo ante sus ojos, me hizo caminar hacia la pared y me recargó ahí, así mismo abrió mis piernas para que tuviera más espacio para masturbarme.

— Mis dedos entran con facilidad, estás muy excitada pequeña. — Dijo mostrando una sonrisa.

Apreté los labios y solo escondí mi rostro en su pecho, esto es vergonzoso, sobretodo porque es verdad.
Baje su boxer un poco dejando ver su pene, es grande, lo sujete con mi mano moviendola de arriba abajo, eso hizo que Max soltara un jadeó y se aferrara a mi pecho derecho. Con la yema de sus dedos acarició mis pezones, eso me hizo recargarme en la pared y morderme el labio.

— ¿Eres sensible de ahí? — Susurró inclinándose a la altura de ellos.

Saco su lengua y con la punta tocó haciendo que un gemido sonoro salga y que lleve mi mano a su cabeza para que no se retire de ahí, se siente muy bien.
Continuó en lo que sus dedos no dejaban de entrar y salir de mí, así mismo su pulgar tocar mi clítoris. 
Saco sus dedos frotando, me sorprendí al sentir que tocaba más allá de mi vagina.

— Nunca hemos tocado aquí. — Dijo con malicia.

Negué y tomé su muñeca para que se detenga.

— Ahí no Max. — Pedí mirandolo fijamente.

Asintió, dejó de tocarme y me rodeó con sus brazos.

— Está bien amor, no tocare donde no te guste. — Dijo tranquilo.

Me quedé aliviada por eso, no me agrada la idea de que siga quitándome cosas, suficiente con mi virginidad, mi sentido común, mi moral y dignidad.

— Seguiremos más tarde, tienes que darte una ducha, también lo haré, eso da tiempo a que Jack llegue, vendra con una chica. — Avisó sonriendo.

¿Una chica?, Bueno en realidad no me sorprende mucho ese hecho, Jack tuvo muchas novias, las llevaba a la casa... Algunas me caían bien y otras no, había algunas que solo estaban con él para acercarse a Max, lo sé ya que llegue a escucharlas decírselo a Max a solas. 
Sino mal recuerdo la que llegó más lejos fue la que se metió a su habitación, se desnudó y acostó en su cama, creo que deseaba sexo con él. Creí que Jack se molestaría con Max y harían una pelea, pero no, estaba tranquilo y al siguiente día llegó con una nueva chica. Por otra parte Max tardó un día haciendo limpieza en su cama.

Salí de mis pensamientos y lo mire, me observa fijamente, sonrió y pegó su frente con la mía.

— Eres tan hermosa. — Dijo dejando un beso corto en mis labios.

Se separó de mí y acomodó su boxer dejando su erección... ¿Eso no es doloroso?

— Tranquila, me haré cargo en la ducha. — Dijo sonriendo.

Se dió la vuelta saliendo de la habitación, de igual manera giré sobre mis talones yendo al baño, entre y retiré la bata entrando, abrí las llaves del agua dejando que caiga sobre mi cuerpo relajándome.
Llene mi cuerpo de jabón, intentando que su aroma se alejé del mío, esto está tan mal y enfermo... No logro comprender cómo fue que hizo que sintiera gusto...

 



Margarita Barraza

Editado: 18.08.2019

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