Enfermizas Obsesiones

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Capítulo 38

Max.*

Me quedo solo observando cómo el par pelea por cosas que no van al caso.

— ¿Porqué demonios te le quedas viendo así?, ¿Le coqueteas?, Es un maldito asesino. — Reclamó el pelinegro que ahora de que se llama Alex.

— No le estoy coqueteando, siempre inventas cosas. — Le gritó el rubio el cual se llama Gabriel.

Solo hice una mueca llena de cansancio al tener que estar escuchando sus tonterías.

— Ya basta, solo hacen que todo se vaya al demonio. A ver tú imbécil. — Dije señalando a Álex. — Eres demasiado idiota con él, también deja que te domine y se menos celoso y posesivo o harás que Gabriel consiga a alguien más. — Aconsejé mirándolo con obviedad.

Moví mi cabeza a un lado ahora fijando mi vista en Gabriel quien bajó la mirada un momento.

— Deja de ser tan sumiso e idiota, intenta ser tú quien llevé la relación a la hora del sexo, posiblemente te parezca más divertido y excitante. — Dije sonriendo de lado.

Me dió una afirmación y al parecer gracias a su discusión han olvidado cual era el tema principal, eso si me conviene en cierto modo.
Aún así sigo pensando en todo lo que va a suceder, una vez teniendo el juicio voy a irme al infierno y me voy a morir en una celda de manera estúpida, eso no puede pasar.

— Piensa en algo Max. — Dijo la voz en mi cabeza.

Me quedé en completo silencio, el hecho de ir a prisión por un par de años no es tan malo, tampoco me asusta lo que de verdad me preocupa es el hecho de que Isabel no me espere.

— ¿Crees que te ama? — Cuestionó la voz en mi cabeza.

Analicé la situación, aún no sé definitivamente si me quiere o si solo es deseo lo que hay en su interior. Disfruta el sexo, pero nunca la he escuchado decirme que me ama.
Creo que es obvio que no lo hace, si me quedo en prisión temo que encuentre a alguien más...

Ana.*

Mis ojos se abrieron a lo que observé el techo blanco, me giré un poco dándome cuenta que estoy en el hospital y que posiblemente la pesadilla que viví se terminó, podré volver a casa, aunque no hay nadie que me espere ahí.
La puerta se abrió e Isabel junto a una mujer parecida a ella entró, me mostró una sonrisa y colocó su mano sobre la mía.

— Lo logramos. — Dijo feliz.

La mujer se acercó a paso lento a mi lado y soltó un largo suspiro.

— Siento lo que mis hijos te han hecho, Max te golpeó y Jack... Él, te toco sin tu consentimiento. — Susurró bajando la cabeza.

Sentí rabia, se supone que ella es su madre y nunca hizo nada para hacer que esos dos demonios se controlarán.

— Usted que sabe. — Dije molesta desviando la mirada.

— A mí... Jack... También me violó, Max no me hizo nada, pero... Estuvo presente cuándo él lo hizo. — Explicó dejando que las lágrimas llenen sus ojos.

Estamos en shock, sin poder creer lo que acaba de decir, no son sólo unos asesinos a sangre fría, sino también unos enfermos mentales más allá de lo que alguna vez llegué a imaginar.
Conocí libros, películas, series sobre este tipo de caso, pero nunca llegue a pensar que sería real.

— Debe testificar, decirle al mundo lo que esos bastardos le han hecho, deberían tenerle respeto, por usted ellos tan aquí, jodiendo la vida de los demás. — Murmuré mirándolas a ambas.

— Ya lo he hecho, los policías me dijieron que tenían tantos delitos que podía proceder todo sin necesidad de un juez. — Dijo bajando la mirada.

No, ellos deben estar ante un juzgado para que todo el mundo sepa quienes son, porque han hecho ese tipo de cosas y que sean expuestos ante todos...

Jack.*

Me encuentro aún sentado, esperando a que el estúpido abogado que me asignaron venga a decirme que tengo oportunidad, aunque viendo la situación es más que evidente que eso no es algo que vaya a suceder.
Escuché pasos así que me puse de pie observando al chico frente a mí, no puede ser, se ve demasiado joven para ser mi abogado.

— Buen día...

— ¿Que tienen de buenos idiota?, Estoy en una prisión y mi abogado es un mocoso. — Reclamé con enfado.

Se cómodo los anteojos y me miró fijamente.

— Siento decirle que es un privilegio que le asignen un abogado a un tipo como usted. Pero no importa. Mi nombre es; Uriel Alberto Arteaga y seré su abogado. — Se presentó extendiendo su mano hacia mí.

No la tomé, eso hizo que la bajará y negara un par de veces.

— Estudie su caso desde ayer que me indicaron que lo llevaría acabo, es bastante difícil. — Murmuró sacando un par de documentos.

— Asesinato, violación, violencia, secuestro, manejo de drogas, prostitución. — Leyó abriendo un poco sus ojos.

Solo mantengo mi mirada desviada, no debería de leer lo que ya sé. Aunque hay un error ahí, nunca moví drogas... Aunque, cierto, si lo hice pero era solo porque así ganaba más que matando, no soy bueno para eso, al menos no como lo hacía Max llamando la atención de todos.

— ¿Violaste a tu madre? — Preguntó poniéndose rígido.

Me encogí en los hombros sin mostrar algún interés en eso que ha descubierto.

— Verás, estaba bastante confundido, creía que ama a mamá cómo mujer, pero en realidad sólo tenía deseos carnales con ella, es buena para el sexo, te la recomiendo... Aunque sabes que no, te daré la dirección de la carnicería, ahí hay unas prostitutas increíbles. — Dije sonriendo y tomando la pluma que tenía entre las manos.

Anote la dirección y le di un asentamiento para después guardarle el trozo de papel en su saco.

— Será muy divertido, puedes venirte en ellas y no hay problema, si se embarazan las matan. — Explique como si nada.

Aún se mantenía en ese estado de shock, como si todo lo que estoy diciendo fuese mentira.

— ¿De verdad aquí es el lugar donde Max mató a muchas personas? — Murmuró observando el papel.

Le di un asentamiento y me recargue en los barrotes de la celda esperando a que me dijera como es que va a sacarme de aquí.

— Lo conseguí. — Dijo cerca de su camisa.



Margarita Barraza

Editado: 18.08.2019

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