Enfermizas Obsesiones

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Capítulo 43

(Dos meses y medio después).

Isabel.*

Me mantengo en la cama en lo que descanso, llevó días en los que no soporto la idea de estar mucho tiempo de pie, creo que daré a luz en estos días.
Cerré los ojos un poco pensando en todo lo que ha pasado, no puedo creer que haya tenido que pasar por todo esto, tampoco imaginé nunca la idea de que Max me haría algo así, ni que las cosas llegarían hasta donde lo hicieron. Solté un largo suspiro y fruncí el ceño al sentir un dolor extraño en el vientre, mis ojos se abrieron cuando se hizo las fuerte.

— Mamá. — Grité asustada intentando ponerme de pie.

La puerta se abrió dejando ver a Ana quien se acercó rápido a ayudarme.

— Tranquila Isabel, respira, llegaremos al hospital de manera rápida. — Dijo con tranquilidad tomando mi mano.

Salimos de la habitación y mamá llegó a nosotras para ayudarnos, Ana llamó al taxi en lo que me piden que me tranquilice pero verdaderamente eso es sumamente imposible ya que me duele demasiado. Me aferró a su mano mientras mentalmente maldigo a Max por haberme embarazo, claro, como él no iba a tener al bebé no se preocupó por no cuidarse.

Salimos del departamento y del edificio hasta llegar afuera donde el taxista nos esperaban, subimos y le indicamos que fuera al hospital, en el auto solo intentaba tomar aire en lo que sentía que la vida se me iba de un momento a otro, estará bien, todo va a salir bien.

Llegamos al hospital, mamá me ayudó bajar en lo que Ana se encargaba de darle el dinero al taxista quien se marchó, entramos y rápido me atendieron llevándome a una habitación, solo mamá va a entrar, Ana se quedará a esperar.

Nos adentramos a una habitación, me retiré la ropa poniéndome una bata y me hicieron recostarme en una camilla con las piernas abiertas, me pidieron tomar aire y estar tranquila lo cual me parece sumamente estúpido no puedo estar en calma cuando estoy a nada de dar a luz.
Los doctores entraron junto con mamá, se puso a mi lado y tomó mi mano dándome apoyo... Max debería estar aquí en cierto modo, después de todo es su hijo... Aunque tampoco debo quejarme, fuimos nosotras quiénes llamamos a la policía.

— Todo está listo y bien. Puje señorita. — Pidió el doctor verificando ahí abajo.

Empecé a hacerlo en lo que el dolor cada vez se hacía más fuerte e insoportable, mis lágrimas caigan por si solas al igual que el sudor, los gritos y el calor del lugar solo me hacen sentir más mal de lo que ya estoy.
Intento que el bebé salga pronto pero no lo hace.

— Un poco más. — Pidió la doctora a lado del doctor.

Lo hice, suspiro e intento tomar aire lo más que puedo, esto duele demasiado.
Apreté al mano de mamá con bastante fuerza y solté un grito, uno que me hizo sentir libre.
Escuché el llanto del bebé y mire a mi madre quien me sonrió y acarició mi rostro.

— Muy bien pequeña. — Dijo sonriendo.

Los doctores limpiaban al bebé y mamá se acercó para enrollarlo en una manta que había alistado desde hace unas semanas. Lo tomó en sus brazos y lo acercó a mí dejando que lo vea. 
Me ayudó ha acomodarlo en mis brazos pegándolo a mi pecho, sonreí al verlo, es bastante lindo. Me incliné a él dejando un beso en su pequeña frente, reí un poco al ver pequeños cabellos rubios, casi blancos.
Pequeño Michael...

Ana.*

Espero a que me den noticias de Isabel, espero todo haya salido bien, aún es temprano son las doce del medio día, llegamos aquí como las nueve así que creo que ya debió haber dado a luz.
Yo también lo haré, posiblemente en un par de días así que... Me quedé el shock al sentir como se me reventaba la fuente, las personas se me quedaron mirando y se acercaron ayudarme, llamaron a un doctor y este me dió una silla de ruedas llevándome a una de las habitaciones.
Al llegar me mostró la bata que tenía que usar, las enfermeras llegaron y me ayudaron a colocarla en mi cuerpo.

— ¿Desea que llamemos a alguien? — Preguntó una de ellas cuando ya estaba acostada y preparaban todo para que pudieran llevar acabó el parto.

Negué y apreté la mandíbula por el dolor tan inmenso que se siente.

— Así está bien. — Conteste tomando aire intentando calmarme.

Todos se miraron entre si a lo que el doctor soltó un suspiro.

— Una de ustedes quédese a su lado, ninguna mujer que yo atienda estará sola a la hora de dar a luz. — Dijo firme mostrando una sonrisa.

No pude evitar sonreír en medio de todo el dolor, una de ellas sujetó mi mano y me dió apoyo emocional diciendo que podía hacerlo y que cuando menos lo pasará podría ver a mi bebé.

— Bien señorita, puje. — Pidió sin mirarme a mí, sino allá abajo.

Lo hice, mostré fuerza dejando que las lágrimas salgan y el sudor baje por mi rostro a gran cantidad. Solté un fuerte pujido a lo que me hizo señales de que continuará de esa manera.
Empecé hacerlo con más fuerza, cerré los ojos y di el último con todo lo que podía logrando escuchar el llanto de mi bebé, respiro de manera acelerada.
Me limpiaron el rostro y la doctora me felicitó, el doctor se acercó con mi bebé en sus brazos y me lo entregó dejándome mirarlo. Sonreí y besé su cabeza con delicadeza, observando sus cabellos negros bastante oscuros.
Pequeño Zack...

Isabella.*

Observó cómo Isabel duerme luego de haber alimentando al bebé, los doctores indicaron que iban a ir a revisar que todo estuviera bien con él.
De un momento a otro la puerta se abrió dejando ver a una enfermera.

— Disculpe hay una chica que también dió a luz hace poco. Me dijo que usted es familiar. — Informó.

Miró a Isabel y sonrió un poco.

— Se ve muy joven. — Susurró apenada.

No pude enviar mostrar algo de tristeza, tiene razón, aún sigo pensando que ha sido mi culpa que todo esto hubiera pasado.

— La dejaré descansar, ¿Puede llevarme con la chica? — Pregunté sonriendo.

Me dió una afirmación y me hizo seguirla hasta el pasillo de a lado, entramos a una de las primeras habitaciones y la mire. Sonreí al ver como le daba alimentó en lo que mostraba felicidad, levantó la mirada y me observó con emoción.



Margarita Barraza

Editado: 18.08.2019

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