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Capítulo 3

Christian

Acaricio su cuello con mi nariz, disfruto de su suavidad, de su pequeño cuerpo abrazado al mío como si disfrutara de mi calor, tal y como hacía cuando era una niña que buscaba protección en mis brazos en vez de ir a los de su hermano o los de mamá. Sé que es abusivo de mi parte, que debería dormir en mi habitación en vez de escabullirme a la suya en mitad de la noche cuando sé que se ha quedado dormida, sólo para sentirla como tanto he extrañado. Debería comportarme como el hombre maduro que se supone que soy y sentarme con ella a hablar de esto, de lo que necesito de ella y de lo que estoy dispuesto a ofrecerle, pero no me ha dado la oportunidad. Siempre huye como si apestara. No huelo a flores después de un juego o un entrenamiento, pero esto es exagerado. Le gusto, lo sé, o hubiera saltado de mis manos y me hubiera golpeado como Jake y yo le enseñamos cuando tuve ese… delicioso culo en mis manos. Verla aparecer en la cocina con sus nalgas al aire fue devastador. Ahhh, y ni hablar de cuando se inclinó a beber agua acribillando mi poca sensatez.

Suelto un suspiro y peleo con mi propia voluntad para soltarla, es hora de hacer mi carrera diaria. Si rompo mi rutina y me quedo aquí, acariciándola, se volverá imposible regresar a Filadelfia y cumplir con mis responsabilidades con el equipo. Se robaría mi voluntad.

Como si los problemas que tengo con mi princesita no fueran suficiente, ahora el imbécil que la besó en aquel bar quiere demandarme por agresión física y debo ir a una reunión con nuestros abogados o complicará lo sucedido más de lo que ya está si no le pago una buena cantidad de dinero. No sólo continuaré siendo un idiota con problemas de ira, ahora seré un problema para la sociedad, dice mi abogado, y podría afectar mi contrato con el equipo. Por supuesto, al ser una “celebridad” debo mantener mis acciones limitadas o podría darle mala imagen al equipo y a mí mismo.

Qué basura.

Me inclino sobre ella y me tomo mi tiempo para acariciar esos labios voluptuosos, carnosos y rosados. Me está matando y me está costando contenerme. Le doy un beso en los labios, muerdo ligeramente su labio inferior, el más carnoso, conteniendo mi fuerza, y mi estómago duele literalmente al escucharla gemir, tan suave, delicada, y sexy; me alejo de un salto con una sonrisa al ver cómo se dibuja la de ella. Llegará a quererme, y no como a un hermano. Ese sentimiento ya caducó para nosotros, ambos necesitamos más.

 

Corro por dos horas, escuchando el Rock pesado que me gusta, hasta que empieza a sonar algo de Nickelback, la canción que siempre me da fuerzas para seguir adelante con esta locura de conquistar a “mi hermanita”. Ella es la persona que más me conoce, pero me ha visto desde un lado equivocado, uno que deseo borrar de esa cabecita testaruda que siempre ha tenido. Si no me arriesgo ahora no seré más que una gallina asustada. Papá no peleó por mamá cuando debió y otro se la arrebató, pues yo no seré así, yo quiero a esa niña para mí. Punto.

A la hora de mi regreso ella ya se ha ido. No hemos hablado desde el domingo por la noche, donde me evitó lo más que pudo, encerrada en su estudio una vez más. Ya me ocuparé de resolver eso, ahora debo encargarme de cierto vividor al que le gusta drogar niñas.

Oh sí, ese imbécil fue quien la drogó para poder llevársela sin resistencia y hacer de las suyas con mi… mi futura novia. Eso es.

 

Me detengo en una floristería y compro un ramo de Dalias, dos flores de cada color, porque ellas son perfectas para decirle todo lo que necesito: que la amo, cuanto deseo hacerla feliz sólo a ella y lo mucho que le agradezco que sea parte de mi vida. Eso y mucho más. De algo debe haber servido el trabajar junto a tía Georgina y a tía Lucy en esos jardines, así jamás le haya dado flores a una mujer, más que a mi madre. Dejo pago el servicio del domicilio con una pequeña nota, sin nombre. Sé que sabrá quien fue, siempre se ha burlado de mi poco estilizada letra. Jake siempre aseguraba que tuve suerte de haber aprendido a leer y a escribir, y que me dediqué al futbol. Amy se enojaba y lo golpeaba por mí.

 

*Nunca nada en mi mundo ha importado más que tú*

 

Al llegar al hotel donde se hospeda Meredith su linda asistente pelinegra de grandes caderas parideras me está esperando en la entrada para llevarme al lugar de la reunión, me hace notar que estoy llegando más de media hora tarde, como si ese sujeto me quitara el sueño. No tenía ninguna intención de saltar mi almuerzo para venir a ver a un idiota al que quiero golpear otra vez, pero sin nadie que se interponga, hasta desfigurarlo.

Sonrío cuando Ximena toma mi brazo y me vuelve a invitar a salir. Si no fuera la amante de Meredith y no estuviera interesado en mi princesita, quizás la hubiera llevado a mi cama hace algunos años atrás. Necesito alejarme de los problemas.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 04.11.2019

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