Entre Baluartes & Mar

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El domingo era el gran día, el día en el que todos esperan que encuentre mi futura esposa cosa que no quería, pero que otra tenía, tenía que ir a la fiesta sí o sí.

Pero primero me despertaron para ir a misa, así que fui a misa solo que esta vez como la iglesia estaba llena, nadie se percató de mi presencia, con excepción de Uriel, que me hizo cara de pocos amigos y Rafael, que en su caso, fue algo neutro, aparte de otras personas, pero solo me centraré en ellos porque son los que más me importan en momentos como estos.

Después mi madre y yo optamos por ir directo a la casa, para evitar pláticas incómodas para ambos, al llegar ella se fue a su cuarto a no sé qué y yo me decidí por acabar el libro, antes de que ya estuviera corriendo por lo de la fiesta.

-Hijo, hora de comer- me dijo mi mama mientras leía.

-Ya casi acabo el libro.

-Ok, pero acabando el libro, dejas todo como estaba antes de que iniciaras son esa lectura y te me vas directo al comedor, porque quiero hablarte de cosas que son importantes en la fiesta- me pidió y se fue adentro, cuando acabe hice todo lo que me pidió sin olvidar nada.

Al llegar al comedor, ya todos estaban sentados, todos porque en la casa, todos los que vivimos ahí, comemos juntos, solo que nosotros algo aparte porque los que trabajan aquí lo pidieron. Mi mamá como siempre estaba a un lado de donde se debería de sentar el hombre de la casa, mi padre, y por costumbre me fui a sentar enfrente de ella.

-¿Cómo estuvo la lectura?- me pregunto ella cuando me senté.

-Muy buena, ya los acabe.

-¿En que acabo?

-En como el reino de Arturo fue cayendo poco a poco, hasta que desapareció.

-¿Seguía vivo cuando eso paso?

-No, murió antes de que eso pasará, además era de esperarse eso, al inicio de los libros Arturo ni existía.

-Bueno dejando eso aún lado, tenemos que hablar de la fiesta- dijo cambiando el tema.

-Mama, ya sé que debo hacer.

-Si lo sé, solo te lo quiero recordar, en ella debes de comportarte como la sociedad lo marca, es decir, que debes de comportarte como un noble más que creído y sociabilizar lo más y mejor posible, es decir, prácticamente comportarte como lo contrario de cómo te he educado- dijo acentuando más creído y sociabilizar.

-Sabes que no se me da bien eso, además lo odio, no me parece esa forma de ser.

-Si lo sé, a mí tampoco me gusta esa idea, pero ya sabes que nuestra ideología puede ser algo innovadora para ellos, es muy liberal para ellos y para esta época, en general y tú lo sabes, pero acuérdate que en la vida hay que hacer sacrificios para conseguí ciertos objetivos, algunos más grandes que otros, como es este caso, por ello si queremos que la sociedad noble nos acepte y nos vea bien, debemos ser como ellos, y más por nuestro nivel de nobleza, así que no tenemos de otra.

-Pero, ¿tengo que comportarme así en el matrimonio?

-Depende de con quién te cases, si te casas con alguien que piense igual que nosotros, serán las mismas normas que ahora, pero si no, tienes que cambiar algo tu forma de ver el mundo- me dijo y me quedé pensando en eso.

-Oye, en esta fiesta ya es necesario que consigas pareja o mínimo quiero verte interesado en buscarla, además quiero que ya tengas una idea de que quieres hacer de tu vida, ¿tienes alguna idea?- me dijo al ver mi silencio.

-Sí, he pensado en ir a la armada real, es lo que más se acerca a lo que quiero- admití.

-Así que seguirás el mismo camino que tú padre, solo espero que no termines como el- me dijo algo triste.

-Te prometo que eso no pasará, lo de seguir firmemente sus pasos, en sí creo que quiera o no, me quedaré en la armada, hasta que ya no quiera o pueda más y hasta ahí, seguiré sus pasos- le prometí, para calmarla.

-Eso espero- me dijo y se acabó la conversación de esa comida.

Así que mientras seguía comiendo, me puse a pensar, en cómo debería de comportarme en la fiesta y mentalmente repasar cómo era Uriel cuando se comporta como un noble malcriado, además de cómo hacerle para acoplarlo a lo que tenía que ser, concluyendo que debería ser aún más malcriado, por ser hijo único y por solo tener a mi madre, engreído, por mi título, que teóricamente es de conde, pero no lo he reclamado, ni mi madre me ha obligado a pedirlo, mientras que el padre de Uriel es de barón, así que debería ser lo completamente opuesto de lo que soy, si es que quiero que se vea eso natural.

Cuando acabe me fui a mi cuarto para empezar con calma a arreglarme.

-Hijo, cuando anochezca vendrá el carruaje por nosotros, así que ya te quiero listo para cuando llegue- me pidió mi madre.

-Sí, tranquila- le dije y vi a la ventana, me sorprendió ver que faltaba poco más de una hora para que llegara el carruaje, así que decidí apurame.

-Adrián ya llegó el carruaje, ¿qué tanto tardas?- me pregunto mientras bajaba corriendo las escaleras.

-Lo siento, el cuello de la camisa no quería cerrar- me disculpé, porque eso paso, donde entra el botón de hasta arriba de la camisa era muy pequeño para el botón, así que tuve que abrirle más el hoyo, pero por flojo no me quite la camisa para hacerlo y tarde aún más porque no quería cortarme mi propio cuello o arruinar la camisa, pero pensando más en lo primero.



Ros G

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En el texto hay: piratas, amor gay, romance

Editado: 03.12.2018

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