Entre el amor y el temor

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Capítulo 22

Un dolor inmenso sacude mi cuerpo.

Al abrir mis ojos me siento perdida ya que el lugar donde me encuentro no me parece conocido. Es más, puedo asegurar que la puerta que hay al frente, no es la misma de mi habitación.

Cierro mis ojos y los abro de nuevo para tratar de ubicarme. Muevo mi cabeza a la izquierda y encuentro muchos aparatos médicos. Al observarlos, me quedo sin aire. ¿Estoy en un hospital? ¿Qué estoy haciendo aquí? Hago un esfuerzo por levantarme de la cama, pero siento un gran dolor en mi brazo y cuando dirijo mi vista ahí, me doy cuenta de que estoy canalizada.

Mi confusión aumenta pues lo único que recuerdo es que mi hermana me llamó y… ¿Qué fue lo que me dijo? Era algo de… No logro acordarme. Estoy segura que si Alberti estuviera aquí, me ayudaría a recordar ya que él tiene mejor memoria. Un momento…

—¡Alberti! —Grito al recodarlo—. Alberti se va a Italia. Yo no puedo estar aquí, necesito detenerlo.

Llevo mi mano derecha a mi brazo izquierdo y de un jalón, me quito la aguja. De inmediato, empiezo a sangrar, pero no me paralizo. Con mucho esfuerzo, me levanto de la cama apoyada por el pedestal que tiene una bolsa de lo que creo que es suero. Estando de pie trato de caminar, doy un paso y luego otro. Repentinamente, llega a mí la sensación de vértigo.

 

—Pequeña, Steph —menciona Victoria mientras está en cama—, te ves hermosa.

—Gracias, Victoria —pregunto tratando de ocultar mi dolor—. ¿Cómo te sientes?

—Igual, todo sigue igual. ¿Dónde está mi dulce Alberti?

—Está en la sala con mi madre —contesto bajando mi cabeza, tratando de controlar mis lágrimas—. No te preocupes, él está muy bien.

—Deberías ser un poco más sincera. —Asustada, a veo a los ojos, a sus hermosos ojos verdes—. Sé muy bien que está destrozado. Cuando entra a verme trata de sonreír, pero sé que es falso. Lo conozco perfectamente, por algo soy su madre. Estoy segura que en estos momentos debe estar llorando, él es muy sensible.

—Entiéndelo, él piensa que tú…

—Que voy a morir. —Me interrumpe—. Es la verdad.

—¡Claro que no! ¡Tú no te vas a morir! No puedes dejar a Alberti sólo —digo exaltada, dejando que las lágrimas rueden de mis ojos—. Él… Yo… Nosotros no lo soportaríamos.

—Steph, tú sabes bien que llevo años luchando contra esto. Ya llegó mi hora, no se puede hacer nada. Además, él no se quedará solo pues tú estarás con él. Estoy segura que no serías capaz de dejar a mi niño solo.

—Yo no quiero que te mueras y Alberti tampoco. Si te vas, aunque yo quede con él, no sería lo mismo. Tú eres su madre y él te ama, el cariño de una amiga no será suficiente para consolarlo.

—Pueda ser, pero mi niño es fuerte y le enseñé, para que cuando faltara, pudiera luchar por sí sólo. Por lo demás, cuento con que el cariño de tu familia y el tuyo lo mantendrán de pie. Alberti lo soportará todo porque tú estarás a su lado. Después de todo él te a… —Toma una pausa y sonríe—. Supongo que esto es algo que tendrá que decirte cuando él crea conveniente.

—¿A qué te refieres? —Pregunto con asombro al no entender por qué dejó esa frase inconclusa.

—Olvídalo. Sólo, toma mi mano, por favor. —Hago lo que me pide—. Prométeme que no dejarás a mi hijo sólo, que vas a estar a su lado siempre, que lo cuidarás y lo protegerás de todo y que cuando llegue el momento indicado, lo aceptarás y le darás una oportunidad. Te lo pido, no lo lastimes y hazlo, el hombre más feliz del mundo.

—No comprendo lo último, Victoria.

—Lo sé, pero algún día lo entenderás. Por el momento, realiza esa promesa.

—Está bien, te lo prometo, cumpliré todas y cada una de tus palabras.

 

Puedo sentir una mano cálida sosteniendo la mía.

En estos momentos, necesito a Victoria. Ella me ayudó en el momento que más la necesitaba, gracias a ella encontré al mejor chico del mundo, a mi Alberti. Quisiera verla de nuevo, quiero que me diga esas palabras que hacían que me levantara del suelo cuando creía que ya no podía.



Julissa Snchez Arias

Editado: 12.08.2019

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