Entre el amor y el temor

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Capítulo 23

Mi vergüenza es demasiada. No puedo creer que mi hermana haya gritado eso en el hospital y mucho menos, que me haya visto besándome con Alberti. Y comprendo que no tiene nada de malo ya que somos novio, pero igual, me da pena.

Dirijo mi mirada a Alberti y noto que está sonrojado y me imagino que debo estar igual por la forma en que me arde la cara.

De pronto, mi madre entra de prisa al cuarto y me abraza.

―Mi niña —menciona abrazándome fuerte, haciendo que el dolor de mis costillas se acreciente—. Mi pequeña, Stephanie.

―Mamá, suéltame, me duele mucho.

―Discúlpame hija, se me olvidó por completo lo de tus golpes.

―No te preocupes, eso no importa mucho —indico luego de que me suelta, pero me quedo con la idea de lo que comentó y reacciono—. ¿Golpes? ¿De qué golpes me estás hablando?

―¿No lo recuerdas? ¿No recuerdas el accidente?

―No, ¿qué me pasó?

Con todo el asunto de Alberti, el hecho de estar en un hospital y no saber el motivo, lo coloqué en segundo plano por no considerarlo de mucha importancia. No obstante, el que mi madre me hable de golpes, me alarma.

―Tu hermana y yo, estábamos en el aeropuerto esperando que la avioneta estuviera lista para partir. Adrienna te llamó para que fueras a despedirte de Alberti y cuando contestaste, la llamada se cortó de manera repentina. Intentamos llamar nuevamente y no lo logramos. Poco después, el celular de tu hermana sonó y era Luisa, ella nos dijo angustiada que habías tenido un accidente y que no sabía qué hacer, incluso dijo que estabas muerta.

―¿Muerta? —Digo horrorizada—. ¿Que me sucedió?

―Según lo que nos explicó Luisa, parece que ibas a salir, te estabas despidiendo con un gesto de mano y caíste de las escaleras. Ella corrió a verte cuando llegaste hasta el último escalón; estabas sangrando, tenías una herida en tu cabeza y no reaccionabas por mucho que ella te hablara, por eso mencionó que estabas muerta. —Los ojos de mi madre se bañan de lágrimas—. Steph, no tienes idea de cuánto sufrí, pensé que yo también iba a morir. Lo único que pude hacer es venir al hospital junto a tu hermana y Alberti.

―No llores, mamá. Mírame, estoy viva, eso es lo que importa. —Le explico para que deje de llorar y no me haga sentir culpable—. No quiero que tu diabetes te afecte. —Me dirijo a Alberti y Adrienna—. ¿Le pidieron al doctor que le hiciera un examen de glucosa?

Ellos asienten y aunque mi hermana me da una mirada de desagrado, suelto un suspiro de alivio ya que si mi madre está aquí, es porque los resultados no fueron negativos. Si fuera lo contrario, el doctor Bostick la tendría en observación.

Pero dejando eso a un lado, las palabras de mi madre me han hecho recordar un poco lo que sucedió. Ahora rememoro que iba al aeropuerto a buscar a Alberti, pero cuando bajaba las escaleras, sentí que los escalones se movían y mi vista se oscureció.

Llevo mis manos a mi cabeza, toco el vendaje que la envuelve y por fin, comprendo la razón por la que siento que mi cerebro va a estallar y que mi cuerpo fue arrollado por un camión. No puedo evitar preocuparme y más, por mi cabeza pues sé que los golpes en esa zona son altamente peligrosos.

―No sabemos qué tan profunda fue la herida ―habla Alberti, analizando mi preocupación―, pero se cree que fue superficial. El doctor Bostick te hizo los estudios correspondientes para saber cuál fue la razón por la que te desvaneciste y sobre todo, si el golpe que recibiste en la cabeza fue perjudicial. Sin embargo, aún no nos ha dicho nada.

―Pero por lo visto sí lo fue y mucho ―pronuncia mi hermana enfadada―.  Lo digo porque te besaste con Alberti luego de rechazarlo de una forma tan cruel. Aunque, perdón, discúlpame, en realidad eres una total desvergonzada. Steph, el golpe en tu cabeza es un asunto muy diferente. —Señala mi hermana hiriéndome y luego, se dirige a Alberti—. Y tú, eres mucho peor. ¿No tienes dignidad?

―¡Adrienna! —exclama mi madre alterada—. Por favor, respeta a tu hermana y a Alberti. Ellos son mayores que tú y lo que ellos hagan con su vida es asunto de ellos y… ¿Se besaron? ¿Qué les sucede?

Observo a mi madre sorprendida. Realmente pensé que ella se pondría feliz por nuestra relación. Después de todo, mi mamá ha mostrado que aprueba a Alberti.

―Señora Danielli, puedo explicárselo —habla Mosconi sonrojado—. Su hija y yo…

―No me interesa —Interrumpe mi mamá con una frialdad que no propia de ella y dirige su mirada hacia mí—. Hija, tu padre y yo hemos tratado de criarte como a una dama. En realidad, puedo entender que ustedes se gusten y que se besen, pero por si no lo recuerdas, tú tienes novio y si planeas tener una relación seria con Alberti, tienes que terminar con Fabio. No puedes estar con ambos.



Julissa Snchez Arias

Editado: 12.08.2019

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