Entre el cielo y el infierno -Trilogía cielo o infierno #1©

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Desengaños

 

«Vale más un desengaño, por cruel que sea,

que una perniciosa incertidumbre»

—Francisco de Paula Santander—

 

La pelirroja apareció en su residencia; fue al estudio, rebuscó entre los libros de la biblioteca, hasta que uno de ellos abrió un pasadizo secreto. Entré en este y le condujo a una habitación llena armas; espadas, puñales, ballestas, flechas envenenadas. Tomó un cinturón, le colocó siete puñales de plata, luego sacó una espada, era reluciente. una verdadera joya sin duda, miró su belleza por unos segundos, ante la tenue luz de la habitación.

 

—Te encontraré, así tenga que matar a medio mundo. Te juro que lo haré—susurró, perdiéndose en el filo de la espada. Necesitaba encontrarlo, pero temía que fuera tarde. No sabía por dónde empezar, así que decidió jugarse una carta peligrosa y para ello necesitaba información, del tipo que solamente encontraría en el infierno.

— ¡Debí ponerle un GPS! —maldijo por lo bajo, avanzando hasta el Gimnasio de Grutus. Sus discípulos se encontraban entrenando, como siempre.

— ¿Entrenando a tus nenitas? —bromeó la pelirroja para llamar su atención, recostándose de la pared.

— ¡Volviste! —soltó animado.

—Soy tu diablura favorita—señalé sonriente y él se carcajeó estruendosamente.

— ¿Necesitas clases de combate? —preguntó levantándose del pequeño taburete de madera, ubicado en una de las esquinas del ring.

—Necesito información—respondió Aíma seriamente.

— ¿Acaso tengo cara de niñera? —se quejó rascándose la nuca.

—Serias una niñera de miedo—se burló la pelirroja—, nunca te confundiría con una, pero sé que posees información valiosa.

— ¿A quién buscas? —pregunto secamente.

—Phoebe, una de las amantes de Vrah—soltó serenamente.

—No puedo ayudarte—dijo cortante y se dio la vuelta.

— ¡¿Por qué?! —chilló molesta.

— ¡Lárgate Aíma! — bramó sin mirarle. —Debes aprender que el mundo no gira a tus pies—señaló disgustado.

— ¿Y si hacemos un trato? —le tentó. Grutus se giró para mirarla—. Si logro vencer a uno de tus luchadores, en una batalla cuerpo a cuerpo me dirás como encontrarla—propuso, era una oferta tentadoramente suicida, ningún demonio se negaría.

—Te vas a lastimar, niña. ¡Míralos! El más pequeño mide dos metros y sinceramente pareces una pulga a su lado—respondió Grutus se veía confundido, pero claramente tentado.

— ¿Tienes miedo? ¿Temes que una pulga les gané a tus matones? —preguntó con sorna, todos saben que los peleadores tienen un ego enorme.

—Lo digo por tu bien—respondió ladeando la cabeza.

—Si me crees tan incompetente, ¿por qué no aceptas mi trato? —recalcó enarcando una ceja.

—Acepto, pero cuando te destrocen, no me vengas llorando— dijo de mala gana. La pelirroja asintió y subió al ring.

— ¡Nada de armas, ni poderes! —gritó él.

 

Ella dejó los puñales y la espada a un lado, luego respiró profundamente. Tenía que ganar, lo hacía por Kólasi̱. La campana sonó, un hombre subió al ring, era enorme, media casi dos metros de alto y como tres de ancho, sus brazos son eran más grandes que todo el cuerpo de la pelirroja, al verle sintió un escalofrío, pero no podía mostrar debilidad, necesitaba ganar.

El demonio le lanzó un golpe, ella lo esquivó, pero él dio otro golpe y rápidamente la lanzó al suelo, trató de arrojarse sobre la pelirroja; quien rodó sobre su cuerpo, provocando que él se estrellara contra la lona, se reincorporó deprisa, le sujetó por el tobillo, logró soltarse, pero él se quedó con su zapato.

Todos tenían un punto débil, recordó Aíma, solamente tenía que encontrar el de su contrincante, sin morir en el intento. Corrió hacia el lado derecho, para esquivarle, notando que sus reflejos no eran buenos, pero necesitaba más que correr para salir victoriosa, además nunca fue una buena corredora y dudaba que ese demonio se cansara rápido. Él aprovechó su distracción, propinándole un puñetazo en el estómago, que la dejó sin aire; se acercó mucho a mí, estaba tan cerca que podía sentir su respiración en mi rostro, estaba por golpearme nuevamente, pero yo fui más rápida y pateé fuertemente su rostro.



E.I.S. SERRANO

Editado: 18.02.2018

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