Entre Espinas

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Comienzo

Todos hemos pasado por situaciones que nos han hecho considerar si realmente es eso lo que queremos, empezamos a cuestionar a las personas que están a nuestro alrededor y a sus acciones, y con el tiempo necesario logramos ver qué no siempre lo que se ha hecho ha sido correcto, sino solo justificado.

Llegó del aeropuerto y se quedó viendo a su alrededor, tuvo una sensación algo agridulce al estar ahí. Pues habia pasado los mejores años de su vida en esa ciudad, como también pasó los peores.

Pidió un taxi para que lo llevara a donde ahora el residiría. Al llegar, volvió a mirar los edificios, sabía que esa era su ciudad, pero él ya no era la persona que había habitado en ella.

Contempló el edificio que estaba frente al suyo, tenía un color gris en los bordes y poseía varias ventanas, como si estuviera hecho solamente de cristal. Leyó el nombre que sobresalía del techo del edificio, «Inmuebles Adams», y un escalofrió recorrió su columna. Suspiró y se encaminó a la entrega de su departamento

Entró al departamento, todas sus cosas ya estaban ahí y los muebles estaban cubiertos para que el polvo no los estropeara, quitó los cobertores para después desempacar, y al hacerlo, en una de las cajas se encontró con un collar y sonrió con algo de tristeza, pues ese collar le habia pertenecido a quien fue su compañero de celda. Recordó brevemente la primera vez que lo conoció y lo que alguna vez le dijo—No cuestiones el conocimiento—.

Él lo había llevado a donde estaba justo ahora, agradecía eso y se lo debía.

Escuchó que tocaron la puerta, interrumpiendo sus pensamientos, se aproximó a abrirla. Del otro lado se encontraba una mujer y él la reconoció inmediatamente.

—Hola, mi nombre es Emma Adams, y vengo a darte la bienvenida—extiende su mano—soy la dueña del departamento.

—Claro, hola—Jack estrecha su mano—soy Jack Thompson

—Mucho gusto... Jack... ¿Nos hemos visto antes?—lo mira

—No lo creo—dice—soy muy bueno recordando rostros

—Está bien, cualquier cosa, me lo haces saber ¿vale?—dice Emma

—Por supuesto—responde Jack sonriéndole para después cerrar la puerta

«Emma Adams» pensó. No había cambiado casi nada, aún tenía su cabello lacio, con la diferencia de que ahora estaba teñido de rubio; seguía igual qué última vez que la vio. Y eso habia sido hace unos meses, no la habia tenido frente a él, pero viéndola en ese instante fue como volver al momento en el cual ella habia ido a visitarlo:

—Alex, tú te buscaste esto—dice Emma

—Yo no hice nada de lo que dicen—responde mirándola fijamente—Tú sabes que es así, pero prefieres que eso parezca ¿no?

—Eso es lo que crees, pero para mañana ya no te veré más, lo hayas hecho o no, lo lamento

Jack al pensar en eso se enfureció, no pensó que con verla activaría todos los recuerdos, pero debía guardar esa ira para después.

Observó a su alrededor, ahora vivía donde alguna vez habitó Aarón, persona que lo habia metido a prisión. Caminó hacia el ventanal que tenía en la sala, y a través de el, contempló Inmuebles Adams, tenía una vista perfecta desde ahí.

Emma entró a la casa y dejó las llaves en un mesón que se encontraba a un lado de la puerta. Miró al perchero y respiró aliviada al ver el saco de su marido, habia llegado temprano ese dia.

Subió las escaleras con rapidez, atravesó el pasillo hasta llegar a su habitación y ahí lo encontró, mirándose en el espejo mientras se quitaba la corbata.

—No pensé que llegarías temprano hoy—dice Emma mientras se acerca abrazarlo por la espalda

—Decidí sorprenderte—responde mientras se da la vuelta para besarla en la comisura de los labios.

—Vaya que lo hiciste—sonríe

— ¿En dónde estabas?—Aarón se separa y camina hacia la cama para sentarse

—Fui a presentarme a nuestro inquilino—Emma lo mira por espejo y se quita los aretes

— ¿Y qué tal?

—Es bastante atractivo—responde—y es soltero

—Vaya—Aarón la mira—veo que ya sabes por quien dejarme—bromea

—Sí, quizá lo haga mañana—ríe

— ¿Cuál es el nombre de mi usurpador?—pregunta Aarón fingiendo dolor

—Jack Thompson—Emma se acerca a él y se sube encima de sus piernas

— ¡Maldito sea!—exclama y Emma vuelve a reír

—Pero ahora soy toda tuya—Emma recorre con ambas manos el cabello ondulado de Aarón hasta llegar a sus mejillas, y con ellas acerca su rostro al de ella para besarlo.

— ¡Mamá! ¡Papá!—escuchan ambos que exclama una pequeña voz desde la puerta— ¿Qué están haciendo?

Regresan a ver y miran a su hijo observándolos desde la entrada a la habitación. Sueltan ambos una risa antes de contestarle.

—Estaba mostrándole a tu padre cuanto lo amo—indica Emma separándose de Aarón y dirigiéndose a él—y tú, ¿no deberías estar dormido?

—No puedo dormir—contesta— ¿puedo dormir aquí?

—Claro que puedes campeón—dice Aarón—ven aquí—extiende sus brazos y el pequeño corre hacia ellos

—Bien, iré a bañarme—Emma camina hacia el baño—ah, y Aarón

— ¿Sí?

—Procura que Andrew ya este dormido cuando salga

—Lo que usted mande—responde y Emma sonríe.

Cuando amaneció, Jack ya se encontraba fuera de la cama, solía entrenar desde temprano. Era una costumbre que habia adquirido en la prisión y adaptado con el tiempo.

Después de bañarse y de haberse vestido. Tomó el periódico que se encontraba en la cocina y en la portada habia una frase en letras grandes «Vive sin rencor», Jack río ante la ironía; ya que él no conocía nada más.

Al salir de su edificio caminó hacia Inmuebles Adams y adentro, preguntó por el dueño, tenía una cita con él.

Lo dirigieron al séptimo piso, pregunto una vez más por él y le dijeron que debía esperar.

Miró por la ventana del pasillo que daba hacia su edificio, se veía su departamento perfectamente desde ahí, quizá también desde la oficina.

—Es más bonito de día, ¿no lo crees?—pregunta una voz detrás de él



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En el texto hay: misterio, suspenso, ficcion

Editado: 10.08.2019

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