Entre los Brazos del Lobo

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Capítulo XIV

Los subterráneos estaban listos para atacar, el hombre que estaba en la delantera observó el perímetro y suspiro. Su jefe quería a una de las criaturas de la superficie antes de que el sol de escondiera, él se sentía mal por hacer eso. Seguían siendo seres humanos después de todo, dos hombres fornidos flanqueaban la puerta de aquella casa. Y otros cuatro hombres caminaban alrededor de la zona, el hombre suspiro. Hizo una seña al equipo y se movieron lentamente hacia la casa, uno de los dos hombres de la puerta volteó hacia donde estaban y el delantero hizo una seña para que todo el equipo parara.

─No se muevan─ él hombre hizo una señal a su equipo y caminó lentamente hasta poder ver la ventana del cuarto principal, ahí estaban sus objetivos. Agarro los binoculares y observó mejor por la ventana, una niña de unos 16 años de edad estaba abrazada a un hombre. Frunció el ceño, el hombre veía a esa niña como si fuera todo su mundo y ella estaba riéndose mientras besaba la mejilla del hombre.

Era su oportunidad de atacar.

─Preparen los tranquilizantes─ dijo por la radio que llevaba─. Están distraídos es momento, no lastiman a la niña. Solamente al hombre pero no lo maten, el Mayor lo quiere vivó─ hizo una última seña antes de salir de su escondite y disparar por la ventana a aquel hombre.

Dominik realmente no se esperaba recibir un disparo en ese momento, abrió los ojos como plato y rugió. Escucho a sus betas y deltas atacar pero no sabía si de esta iban a salir vivos, miro a Arleth y la tiro al piso. Se posiciono encima de ella y le intento dar una sonrisa.

─Escóndete debajo de la cama, hay una pequeña compuerta de la ventilación. Deberías de caber ahí, no salgas hasta que alguien diga tu nombre─ Arleth veía aterrada como Dominik se desvanecía en sus piernas, puso una mano en su boca intentando reprimir su gritó. Besó la cabeza de Dominik e hizo exactamente lo que le había dicho. Quieto la pequeña tapa que tapaba el ducto y se metió cuando estuvo dentro lo volvió a tapar.

Su respiración era rápida, cerró los ojos cuando escuchó un gritó de afuera.

─¡Vamos, busquen a la niña y al hombre! ─se llevarían a Dominik, puso sus manos en su boca intentando que sus sollozos no se escucharan.

─Tenemos al hombre acá Joan─ Arleth escuchó más pasos entrar a la habitación.

─Llévenlo a la entrada, buscaremos a la niña y después nos iremos─ Arleth suspiró y sintió como lagrimas resbalaban por sus mejillas─. No tardaran de llegar más como ellos, cuando le disparé rugió y de seguro se escuchó por todos lados.

─Te recuerdo Joan que no nos das ordenes, simplemente eres un bastardo─ Arleth frunció el ceño ¿de que hablaban esos hombres?

Escucho como salían de la habitación y abrió los ojos, no sabía si salir o no. Decidió quedarse ahí, pero cuando volvió a escuchar pasos en la habitación se alarmó.

─Debe de estar en esta habitación.

─Debajo de la cama─ escucho algo removiéndose y sabía que la encontrarían─. Hay una pequeña puerta por aquí─ vio como la pequeña puerta la quitaba y en frente de ella apareció un hombre.

Arleth se hizo para atrás alarmada, el hombre le dio una sonrisa. La agarro del brazo y con fuerza la saco de ahí, Arleth le mordió el brazo hasta que el hombre grito del dolor. Sintió un fuerte dolor en la mejilla y parpadeo con lágrimas en los ojos.

─¡Te dije que no le hicieras daño! ─un hombre entró al cuarto y la agarro delicadamente de la mano y la puso detrás de su espalda. Arleth se dio cuenta que era el único hombre sin llevar algo blanco puesto. Después el hombre se volteó y vio directamente a los ojos de Arleth, ella frunció el ceño, los ojos de aquel hombre eran como los de Allan; el beta que la cuido ayer.

─Tu eres como Allan─ Arleth miró a los otros dos hombres─ ¡¿Qué le hiciste a Allan?!

─Lo lamento niña─ sintió un pinchazo en el cuello y se desvaneció.

 

Joan miró a la niña y negó con la cabeza, una parte de él le decía que tenía que salvarla pero otra parte le decía que tenía que cumplir con su deber. Así que sin dudarlo, agarro la jeringa que tenía en el bolsillo del pantalón y se la puso en el cuello. La agarró en brazos antes de que cayera al suelo, salió del cuarto y bajó las escaleras. Los seis hombres que custodiaban la casa, yacían en el suelo. Todo el equipo de subterráneos comenzó a caminar a paso rápido a su base, tenían que llegar antes del anochecer. Si no, no les permitirían la entrada.

Cuando llegaron, al instante le quitaron a la niña de sus brazos. Joan quiso hacer algo al respecto, pero era el bastardo para todo el pueblo. Vio como llevaban a aquella niña a los laboratorios y bajó la mirada. Se sentía como un idiota, pero solo podía seguir órdenes o sería exiliado como su madre. 

 



Sophie McCool

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Editado: 09.08.2018

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