Entre Mundos

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No hay secreto para el pueblo

Son las cuatro de la mañana. En Calm River transcurre una noche tan fría como oscura, ya que los nubarrones negros no dejan pasar a la luna.

Elizabeth se encuentra en la cama de su hermano, debido a que su cuarto se ha transformado momentáneamente en el cuarto de huéspedes, con Sophia durmiendo allí.

En la habitación de Thomas no ingresa ni un haz de luz y lo único que se alcanza a ver en la negrura son esos redondos y bellos que tanto le adula Mathew, que últimamente, lo único que hace es que suelten lagrima.

No puede dormir. Tiene los ojos abiertos a mas no poder y en su mirada se hay tonos de preocupación por lo que acontece.

Al momento había dormido tan solo unos momentos, pero hace unas horas que no puede conciliar el sueño.

En su cabeza hay un gran desorden. Demasiadas preocupaciones. Una niña de tan solo quince años debería estar pensando solo en los estudios y algún que otro enamoramiento adolescente. En cambio, en su mente tiene unos problemas mayores, su hermano y Adrian no despiertan hace tres días, su madre llorando por los rincones por una extraña enfermedad, su padre ladrando y Mathew peleándose con Thomas... demasiado ¿Quién puede dormir así? Igual sabe que debe calmarse, con ponerse así no lograra nada <<es mejor estar lo más lucida posible>> piensa antes de tomar la cantidad necesaria de aire como para llenarse los pulmones y mientras exhala lentamente deja caer sus parpados. Así se queda, aunque sigue sin poder dormir, ahora está un poco más relajada.

Al cabo de unos minutos con los ojos cerrados cae en la cuenta de que en su mente resuena una canción. Desconoce de que música se trata, pero le resulta familiar.

Trata de tararearla se da cuenta de que se trata de una banda que suele escuchar Thomas. Una vez que logra identificarlo se da cuenta de que esa música no solo resuena en su cabeza, si no que realmente la está escuchando. Suena a un volumen casi imperceptible si no estuviera en total silencio << ¿De dónde viene?>> piensa antes de agarrar su celular, el cual desbloquea y a modo de linterna comienza a recorrer el cuarto. Llega a ver una silla con una montaña de ropa encima, delante del placar una pila desordenada de video juegos, similar a la que se encuentra frente al televisor << ¿Qué estoy haciendo? Como si la música se viera>> piensa y se ríe de si misma. Apaga el celular, con la visión anulada el oído se agudiza.

El objetivo es conseguido, la escucha cada vez con más nitidez. Decidida se sienta en la cama y al llevar los pies al suelo, su talón choca contra el cofre que está escondido allí. Se agacha y acerca su oreja. Efectivamente la música viene de allí adentro. Descubre el cofre, lo abre y dentro encuentra el reproductor de música de Thomas. << ¿Cómo llegó esto acá?>> se pregunta al apagarlo y sin saber que su hermano lo dejó caer por accidente lo vuelve a guardar en el cofre y vuelve a acostarse.

En la mesa de la sala se encuentran los padres de Thomas junto con Sophia. Organizándose las guardias que van a hacer en el hospital. Al parecer nadie dormirá hoy.

—Yo tengo que ir a trabajar si o si— informa Robert mientras mira a su mujer.

—Cuando vos vas a trabajar voy yo— dice Margareth —vos andá a trabajar y cuando salís del colegio vas para el hospital—

—Yo voy a la noche— agrega Sophia. No está dispuesta a quedarse con los Tindergar, pero tampoco quiere dormir sola en su casa.

—Cuenten conmigo también— propone Elizabeth mientras baja la escalera.

—Den ninguna manera— se adelanta a contestar Robert —vos ocúpate de tus estudios que nosotros nos encargamos de tu hermano—

—Creo que me va lo suficientemente bien como para que no me lo tengas que recordar—

—¿Qué pasa? — pregunta Robert sorprendido —¿Te agarró la rebeldía adolescente temprano hoy? —

La niña no llega a objetar cuando su padre reafirma lo dicho y la apura para salir hacia la escuela.

En Galuar, Thomas aún siente el filo de la cuchilla en su garganta y Adrian con su mirada espantada en el encapuchado que la lleva. La capucha de quien amenaza cubre sus ojos y hasta su nariz, dejando ver solo una sonrisa inquietante.

—¿Quiénes son y que hacen aquí? — pregunta en tono amenazante, mientras ejerce mas fuerza con su brazo que rodea a Thomas.

Adrian con sus ojos en el filo observa como lo van presionando cada vez mas en el cuello de su amigo. Ni una palabra sale de su boca.

—Mi nombre... — pronuncia con dificultad por la presión que ejercen sobre él —...mi nombre es Thomas—

Al oír esas palabras es soltado al instante en que esa persona se baja de Tankian con un salto hacia atrás.

Thomas, mientras toca su cuello, hace que Tankian de la vuelta. Ahí está, el atacante enfundando la daga antes de descubrir su cara al sacarse la capucha.

—Mil perdones señor Thomas — dice Viktor haciendo una pequeña reverencia.



Adriano Fuda

Editado: 04.07.2019

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