Entre Mundos

Tamaño de fuente: - +

La familia real

El herrero, el guardián y los durmientes ya se encuentran dentro del camarote, en aquel navío pesquero que los lleva rumbo a Goldland. El lugar es un tato oscuro y el olor a humedad sofoca a quienes aguardan a Tom. Fuera se oye un barullo incesante de los gritos de los tripulantes y los barriles de mercancías que ruedan por la borda mientras son acomodados.

Thomas aguarda sentado junto a su padre sobre un banco largo de madera ubicado junto a unas de las paredes del lugar. Viktor a unos metros de ellos observa a través de una pequeña escotilla. Adrian da vueltas revisando todo lo que tiene a su alcance cuando al levantar uno de los cuadernos que se encuentran sobre el escritorio, encuentra lo que parece ser una carta de navegación <<Esto puede ser útil en algún momento>> piensa mientras lo guarda en uno de sus bolsillos. En ese momento la puerta se abre y Tom ingresa.

—El barco ya está desamarrado y los remeros en sus puestos— informa al cerrar la puerta —Tenemos viento a favor, pero vamos a tener que desviarnos un poco de la ruta— explica mientras se quita el abrigo y se acomoda en su escritorio.

—¿A qué se debe tal desvió? — cuestiona Viktor, quien está dispuesto a buscar cualquier motivo para dejar en evidencia a quien él cree un novato.

—Krums— contesta quien comanda, al momento en que comienza a revolver lo que hay encima del escritorio —¿Dónde demonios está? — se pregunta entre dientes. Es consciente de que Viktor lo pondrá a prueba durante todo el viaje, y el hecho de no encontrar lo que busca lo pone un tanto nervioso. Se levanta y camina hacia una biblioteca. —Que cabeza la mía, lo había dejado aquí— de entre unos papeles que hay allí revueltos saca una carta de navegación, similar a la que tomó Adrian, pero mucho más grande.

—¿No tienes una más practica? — cuestiona Viktor sonriendo mientras es desplegada sobre el suelo.

—Emmm... no, a mí me gustan las cosas en grande— responde lamentándose por dentro no encontrar la que falta de su escritorio.

Adrian introduce su mano en el bolsillo, como queriendo ocultar su culpa y todos se acercan a observar la gran carta. Aquel mapa es similar al que los muchachos encontraron en la antigua iglesia de Galuar, pero este se muestra mucho más detallado y, como buena carta de navegación, tiene marcadas todas las rutas marítimas.

—Aquí es donde está el inconveniente— Tom apunta con su espada en un sector del mar, entre Seedtown y el puerto de Goldland, justo por donde pasa la ruta que deben tomar. —En estas fechas esta zona está plagada de Krums, debemos rodearla—

Aquel desvió les sumaria algunas horas a su viaje ya que por esquivar a los Krums también deberían sortear unas rocas que emergen del fondo marino. Un contratiempo necesario si desean que su viaje sea lo menos arriesgado posible.

El tratado con la naturaleza marítima es un tanto diferente. Las criaturas acuáticas son bastante más alborotadas e inestables. Si bien al humano se lo dejó trazar dichas rutas, aquellas criaturas pueden transitar el agua a sus antojos con la condición de no dañar a ninguna persona que no toque el agua.

—¿Qué son los Krums? — pregunta Thomas.

—Tranquilo muchacho, que debido a esto vamos a tener más tiempo de hablar— responde Viktor.

—¿No se cansan de ser tan misteriosos? — cuestiona Adrian con algo de enfado. No le hace para nada bien a su curiosidad que las respuestas siempre sean, ya les contaremos o ya se van a enterar.

Robert de aleja del grupo y se acomoda en una silla.

—No es que seamos misteriosos, es que ustedes son muy ansiosos. Muchas cosas les queda por conocer y lo mejor es que vayamos poco a poco— explica con tono calmado.

—Claramente tienen a quien salir— agrega Viktor, quien junto a Robert comienza a reír. Los durmientes claramente no entienden la broma ya que, en parte, desconocen a sus familias de este mundo.

<<Claro, ansiosos. Si tan solo supieran que mientras ellos hacen chistes nosotros estamos en una carrera contra el tiempo>> piensa Adrian preocupado mientras con su mano toca su pecho, justo donde se está formando marca que sellará su perpetuación aquí. Al parecer es el único que tiene eso en mente, a Thomas no se lo preocupado. Él había dejado bien en claro sus ganas de quedarse. Cosa que Adrian piensa que es bastante egoísta ya que, según el oráculo, él no debería de estar aquí.

El barco comienza a moverse y Tom se levanta ya sabiendo que rumbo tomar.

—Salgamos, es un hermoso día para navegar y este barco no se maneja solo—

El cielo está totalmente despejado y la marea se encuentra muy calmada. Lo que hace parecer que navegan envueltos por un celeste uniforme.

Frente a ellos, en la dirección que se dirigen, se puede divisar la península elevada del continente Este. Allí, en su cima, es donde se encuentra Goldland. A sus lados, tanto al Sur como hacia el Norte, la nada misma. Tan solo agua y cielo, unidos por una fina t casi imperceptible línea de horizonte.



Adriano Fuda

Editado: 04.07.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar