Entre Rejas

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Capítulo II. El plan

 

Ángel empezó a darle vueltas a la idea del atraco un día tras otro. Tenía que estudiar lo que iba a ser un golpe perfecto, sin fallos, pero por encima de todo, no quería utilizar ningún tipo de violencia. Se considera una buena persona que simplemente sueña con tener algunas comodidades que la vida no le está permitiendo por el momento y así gozar de una existencia más confortable y placentera.

Al principio le daba pavor pero conforme se iba haciendo a la idea de su espeluznante plan, cada vez lo tenía más claro. Así que empezó a acercarse a su entidad bancaria, situada tan solo a tres calles de su casa, con el fin de indagar en las costumbres de los empleados, estudiar bien las medidas de seguridad y observar detenidamente las inmediaciones del lugar. Al ser la sucursal de un pueblo, no disponía de grandes medidas de seguridad y la policía iba a tardar mucho en llegar.

Una tarde, en el bar de su amigo Sergio, mientras hablaban sobre la crisis y como ganar algo más de dinero, Ángel le dijo que conocía a alguien que preparaba un atraco, Sergio ni siquiera se lo tomó en serio, para él a Ángel le falta un tornillo y explica idioteces.

-Oye Sergio, un colega me ha dicho que va a hacer un atraco, ¿qué te parece?

-Tomate una cerveza anda, y déjate de colegas grillados.

Sergio el tabernero es bajito y regordete, está acostumbrado a tratar con personas de todo tipo, como borrachos,  pijos, desaliñados, enterados, ludópatas o frikis, como Ángel. Para Sergio, Ángel es un loco desde el día en que se presentó en el funeral de su madre. Aquel día había cerrado el bar por defunción y cuando Ángel vio el cartel colgado en la puerta del bar, fue a darle el pésame a la iglesia. Había empezado el día fumándose un par de porros, quería probar la estupenda maría que había conseguido. Llegó a la iglesia y en el momento de darle el pésame a Sergio, le entró una risa tonta, irritante e inesperada asombrando a todos los allí presentes. La cara de Sergio era para verla. Aunque Ángel se sintió avergonzado y le ha pedido perdón en múltiples ocasiones por ello, Sergio siempre lo ha considerado un friki y un impresentable.

-Sergio, el día del funeral de tu madre, ehm, lo siento no fue mi intención - le dijo con aflicción.

-¡Déjalo ya! , no me lo recuerdes otra vez o te saco del bar a hostias - le respondió bruscamente.

Así que Ángel empezó a estudiar lo que iba a ser un golpe perfecto, sin fallos, pero por encima de todo, no quería utilizar ningún tipo de violencia. 

Un buen día cogió un autobús y fue a la ciudad a observar que  bancos parecían más fáciles de asaltar. Para ello entró en un par de oficinas diferentes con la excusa de abrirse una cuenta corriente, y se dio cuenta que iba a ser mucho más difícil de lo que se había imaginado. Estaban llenas de gente a todas horas, tanto empleados como clientes. Tenían doble puerta de acceso, así como cámaras de vigilancia por todas partes y la policía local pasando por allí cerca a menudo.

-¿Cómo voy a atracar estos bancos? Hay cámaras por todas partes.- pensó.

Le iban a pillar seguro o peor aún, podían herirle o matarle si le disparaban,  la sola idea de poder acabar con sus huesos en la cárcel le producía sudores y escalofríos. Iba a ser un caramelito para los delincuentes habituales. Fue entonces cuando le vino una idea a la mente que a todas luces parecía estúpida, pero precisamente por eso, por estúpida que parecía, aún le gustó más.

¿Y si atracara la entidad bancaria de su pueblo?- pensaba.

Esa en la que ha estado mil veces y que había ido observando durante días para el plan, sabía perfectamente los horarios de los empleados, que nunca habían pensado en que se pudiera producir un atraco allí y que casi no había medidas de seguridad, tan solo una cámara en la entrada del banco. Tan solo con ir tapado y distorsionar un poco la voz sería suficiente, los empleados no estarían preparados para un golpe así y sería fácil asustarlos para coger el dinero y salir de allí corriendo sin problema.

-¿Si lo hago en el banco de mi barrio? Allí no hay tantas cámaras, y los chicos son unos pringadillos.

De tan tonto que parecía el plan, a él le pareció genial, ¿quién iba a pensar en un cliente de toda la vida? ¡Es absurdo! Para el atraco iba a tener preparada una maleta con ropa y zapatos de recambio escondido en algún lugar cercano, en el portal de algún edificio próximo donde entrar y cambiarse como Superman para salir andando tranquilamente con el botín como si no hubiese pasado nada. Nada de pistolas ni armas de fuego, solo con un cuchillo de cocina de grandes dimensiones sería suficiente para lograr el fin y resultaría fácil  deshacerse de él sin dejar rastro.

Ángel no pensaba ni por un momento lo que se le venía encima.



Ferran R. Alonso

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En el texto hay: carcel, aventura

Editado: 11.07.2018

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