Epifanía

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24

Elizabeth se ha concentrado en mantener el departamento impecable con tal de tener la mente ocupada en otra cosa que no sean sus cavilaciones sobre lo que pudo haber sido. Pasa una vez más la escoba por el mismo lugar y recoge otro poco de polvo. Mientras tanto, Sarah está sentada en el sillón color morado, al mismo tiempo que mira ausente la televisión pasa un trapo por la mesita baja para deshacerse de las migas de galletas que ha dejado. Su rostro luce aún más triste que de costumbre, pues en su último chequeo de emergencia al ginecólogo le mencionaron que su embarazo está en riesgo. Tanto ella como el resto de las chicas han puesto de su parte para que Bubu esté lo más sano posible. Elizabeth deja la escoba y va y se sienta junto a Sarah, en el televisor están pasando unas caricaturas ridículas que a ninguna hacen gracia, por lo que Elizabeth cambia de canal a un programa de comedia. La conductora dice algo cómico y ellas sueltan una risita baja, es la primera risa genuina que ambas han soltado en días. Un tono como de marcianos se escucha y Sarah se inclina para tomar su celular de la mesita que había estado limpiando, mira la pantalla y una mueca de preocupación y tristeza aparece en su rostro.

—Hola —saluda, espera un momento y continúa—: sí, de verdad estoy bien —suspira—. Henry, no es que no quiera verte, tengo un pequeño inconveniente que seguramente no será de tu agrado —pausa—. Por favor, ya no preguntes más —otra pausa—, bien, lo prometo. ¿Elizabeth? —Sarah mira a su amiga cuando pronuncia su nombre. La joven de ojos verdes niega con la cabeza y articula un: no—. No, lo siento. Se ha ido del departamento y no se ha comunicado —silencio—, por supuesto, yo le doy su recado cuando la vea. Nos vemos —suspira—. Si, te diré cuando podemos vernos.

—¿Qué te dijo? —se apresura a preguntar.

—Lo mismo de siempre, quiere verme y me pidió que te dijera que David te necesita para algo de un proyecto.

El proyecto. Su proyecto. Había olvidado el proyecto por completo, le había fallado a David y se había fallado a ella, la idea de ganar la entusiasmaba realmente. Ese proyecto era un punto importante en su carrera y ahora también debe olvidarse de eso. 

***

El teléfono solo hace dos sonidos de llamada antes de que alguien en la otra línea conteste.

—¿Pudiste hablar con ella?  —pregunta el mayor de los hermanos Stigman.

—Sí, me ha dicho lo mismo de siempre.

David escucha a su hermano suspirar con pesadez.

—¿Y te ha dicho algo de Elizabeth?

 —Dijo que no ha regresado y que tampoco la ha llamado. Lo lamento, hermano.

—Bien, que harás con respecto a Sarah.

—La iré a buscar al departamento —afirma.

—¿Te has enamorado? ¿Cierto? Ella en verdad significa mucho para ti —Henry no responde y David toma su silencio como una afirmación— ¡Y ni siquiera tuviste que acostarte con ella!

—No voy por ahí acostándome con todas…

—¿No?

—Vamos, déjalo ya —se excusa.

—Bien, hoy no iré a casa, discúlpame con mamá y suerte con Sarah.

—¿Estás bien? —pregunta preocupado.

—Si —cuelga antes de que siga con su cuestionario. La verdad es que no lo está, la ansiedad lo consume y si hace alguna estupidez no desea estar en casa.

***

Escoge un pantalón de vestir gris y una blusa rosa con encaje hasta el cuello, desea estar formal para que Dominic vea que su encuentro es estrictamente laboral. Por supuesto, dejará las cosas bien claras desde el principio.

¡Ja! Cómo si tu pantaloncito fuera suficiente para evitar que te mire como lo hace. Declara molesta su Liz mental. Elizabeth frunce el ceño y antes de permitir que continúe la hace desaparecer.

 

Unas horas después Elizabeth se encuentra siguiendo a una chica bajita y morena, de pelo rizado y que va vestida con un traje negro de pantalón y chaleco con camisa blanca y tacón de aguja. Ambas esquivan algunas mesas del restaurante y hasta terminar en un reservado donde Dominic ya se encuentra inspeccionando el vino que está en su copa. Cuando se da cuenta que Elizabeth ha llegado su mirada cambia de una aburrida a una astuta que incomoda a Elizabeth.

Te lo advertí.  Le espeta su subconsciente.

Dominic se pone de pie y le hace una seña a la chica para que se vaya, por el rabillo del ojo Elizabeth la mira asentir y alejarse. También mira que la puerta a su espalda es la única salida por si el encuentro comienza a ponerse incómodo.



Shecid Lovelace

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En el texto hay: romance, secretos, alcoholismo

Editado: 13.09.2019

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