Eres un cliché

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6: Consejos para una cita

Las semanas de clases transcurrieron de prisa. Mis amigos y yo nos habíamos acercado a Thad en clase de literatura. Él era una muy buena persona y los ratos libres los pasaba con nosotros. De vez en cuando Rhett se nos unía, pero Trevor era un poco menos renuente a pasarla con nosotros. Akio decía que era porque se sentía incómodo por él estando ahí, pero nunca nos lo tomamos a pecho. Y Akio menos.

Rhett y yo avanzamos nuestro trabajo día a día. Nos veíamos de lunes a viernes en la cafetería luego de su práctica de fútbol. Muchas veces se nos unían mis amigos y siempre terminábamos conversando en vez de avanzar por lo que decidimos no llamarlos hasta terminar con el trabajo del día.

Pero hoy mientras avanzábamos el trabajo, Ivy apareció de la nada y se sentó junto a mí, sin parpadear y los ojos muy abiertos.

—Thad me invitó a una cita —susurró lo suficientemente alto para que la escucháramos.

Miré a Rhett sorprendida, él también me miraba de la misma manera. Volteé hacia Ivy sin saber cómo reaccionar. Thad era un buen chico y me gustaba cómo era con Ivy, y parecía que correspondía sus sentimientos. Ademas, ¡era su crush!

—¡Eso es increíble, Ivy! —respondí sonriéndole—. ¿Cómo te lo pidió?

Rhett intervino. —Él me dijo que le gustas —Se encogió de hombros sonriendo.

Ivy pareció reaccionar. —¡Mierda! ¿Le gusto? ¡Oh Dios mío! Hoy al final de clases me preguntó si quería salir con él, y yo le pregunté si era una cita, él dijo que sí y casi grité pero me contuve y acepté sin parecer muy extasiada. Pero lo estoy, mierda, él ha sido mi platónico por años. Lo veía jugar siempre en los partidos, hasta llevaba conmigo a Akio y Aubrey.

Rodé los ojos. Claro que recordaba a Ivy llevarnos a la fuerza a esos condenados partidos donde no entendía nada. Solo pasaba el rato riendo con mis amigos y mirando como varios chicos se lanzaban la pelota.

—¿Así que iban a los partidos de fútbol? —peguntó Rhett sonriéndonos. Luego se fijó en mí levantando una de sus cejas—. ¿Y qué te pareció?

Fingí pensar mirando el techo.

En estas semanas habíamos congeniado muy bien. Prácticamente éramos amigos. No sentí cosas por él. Lo veía como si fuere Akio, y otro amigo más. Me gustaba fastidiarlo y él también a mí. Me trataba como si fuera su hermana menor, todos en el instituto rápidamente se dieron cuenta de nuestra amistad y parecía funcionar a la perfección. Prácticamente el trabajo de Química había hecho que me gane un muy buen amigo.

—Al principio me pareció muy aburrido —respondí encogiéndome de hombros. Rhett rodó los ojos—. Pero al fin y al cabo me divertí bastante.

Rhett me sonrió. —Es jodidamente emocionante.

Ivy nos miró como si estuviésemos locos. —¡Mi cita con Thad! Chicos, estoy muy nerviosa. —Miró a Rhett—. Tú que eres su amigo, ¿qué puedo hacer para gustarle más? ¿Debo ir muy arreglada o no?

Rhett la miró divertido, luego volteó hacia mí, pero las palabras que dijo se las decía a Ivy: —Tienes que ser natural, tú misma. La esencia de una persona es ser realmente como eres. No trates de aparentar, siéntete libre de mostrarte como eres y él te verá.

Me sonrojé con su profunda mirada. No sabía si lo decía por ella o por otra cosa pero lo apoyé mirando a Ivy. —Él tiene razón. Eres una increíble chica, Ivy, y si te muestras con él como realmente eres, se enamorará. Sé tú misma.

Ivy nos miró sonriendo. —Aww qué lindos. Seguiré sus consejos. Ya es momento de que me vaya, la cita es en la noche así que me alistaré desde ahora. Sólo vine aquí ara contárselos. Adiós chicos.

Ivy se fue de ahí sonriendo contenta. La miré irse y luego volteé hacia Rhett.

—Tienes una amiga muy graciosa —comentó él.

Suspiré. —Dos amigos graciosos, querrás decir.

—Pues eso. —Se encogió de hombros.

Pasamos una tarde amena en la cafetería mientras hacíamos el trabajo. Al finalizar, me acompañó a mi casa como hacía cada día.

—Un gusto, cabecita roja. Adiós. —Me besó la frente y se alejó.

Ya no llevaba su moto. Cuando le pregunté un día, me respondió diciendo que era mejor caminar y pasar el rato conversando por lo que ya no traía su moto hasta la cafetería, se iba caminando, y como estaba cerca al instituto y su casa, le era refrescante hacer más ejercicio.

—Ah, por cierto —dijo deteniéndose a unos metros míos. Levantó la voz pero sin la necesidad de gritar para que lo escuchara—. Estás invitada al partido de mañana. Tú y los chicos.

Sonreí divertida. —Eh, gracias Rhett.

—Un placer. No faltes, cabecita roja.



MarieJenn

Editado: 01.03.2019

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