Eres un cliché

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10: Intenta no llorar

Secretamente estaba muy nerviosa por el pequeño interrogatorio que le haría a Rhett. Ni siquiera sabía por dónde empezar. Él me miraba atentamente esperando la primera pregunta.

Lo pensé unos instantes más antes de hacer la primera pregunta.

—¿Qué tipo de cáncer tiene Cindy?

Rhett cerró los ojos unos momentos antes de abrirlos y responder. —Cáncer al seno.

—¿Desde cuándo? —Fruncí el ceño—. Ella iba al instituto y estaba tan sana hasta que... Espera... ¿Ella nunca se mudó verdad?

Él negó con la cabeza. —No... Ella quedó embarazada y sus tíos la botaron de casa.

Fruncí el ceño disgustada con que sus familiares le hayan dado la espalda a una adolescente embarazada sobrina suya. Sabía que los padres de ella habían muerto hacía años cuando ella era una niña, en un accidente automovilístico. Todos en la escuela lo sabían, pero ella aun así era la persona más linda de la escuela. ¿Por qué le tenían que pasar todas estas cosas?

Sí, tenía muchos celos de ella. Tenía al bebé de Rhett, eran pareja y podía ver cuánto Rhett la amaba así que mis celos eran enormes, pero no sentía envidia. Ella merecía a Rhett.

Mi corazón se detuvo internamente sabiendo todo esto, y por todo lo que faltaba preguntar.

—¿Así que cuando les dijo a todos que se mudaría, en verdad estaba embarazada?

Rhett asintió. —No quería que nadie supiera. Así que la traje conmigo. Ella vive aquí desde ese tiempo.

—¿Y cuándo la diagnosticaron con cáncer?

—Meses después de que Adam naciera, justamente hace tres meses.

—¿Le están haciendo algún tratamiento? ¿Quimioterapia?

Rhett asintió. —Por supuesto. Tengo la esperanza que sanará. Ella no lo cree así pero yo sí.

Me quedé callada sin saber qué más decir. O preguntar. Prácticamente ya me había dicho todo. Ellos estaban enamorados hasta que Cindy quedó embarazada y como sus tíos la botaron, se mudó con Rhett hasta que Adam nació y meses después le diagnosticaron cáncer.

Mierda.

—¿La amas? —pregunté tontamente. Solo necesitaba escucharlo, quería una confirmación de su parte para no hacerme otras ideas erróneas en mi cabeza.

Rhett me miró con una sonrisa triste en su rostro. —Sí. La amo.

Suspiré tontamente. El silenció era incómodo conforme pasaban los segundos, hasta que alguien llamó a la puerta de la habitación de Rhett.

—Rhett, Adam ya despertó. —Era la voz de Mandy.

Rhett al instante se levantó, diciendo: —Ya vengo, cabecita roja, iré a ver a mi pequeño campeón.

Sonreí con ternura sin mirarlo. Mis ojos estaban brillosos por las lágrimas no derramadas. No sabía cuánto tiempo iba a aguantar sin llorar.

Rhett abrió la puerta dejando pasar a Mandy y la dejó abierta al irse. Me levanté sin saber qué hacer mientras Mandy me miraba fijamente con una expresión extraña en su rostro, parecía examinarme.

—Lo quieres —dijo ella haciendo una mueca—. Quieres a Rhett.

Yo fruncí el ceño. ¿Era tan estúpidamente obvia?

—Yo no...

Mandy se acercó sentándose a mi lado, seguí su ejemplo sentándome donde antes estaba Rhett, sobre su cama. Su nana Mandy me tomó de las manos mirándome con una sonrisa. —Puedo ver que lo quieres. Y es muy difícil esta situación, cariño. Pero te voy a contar algo y espero que quede entre nosotras.

Acepté asintiendo.

Ella prosiguió. —Hace un mes aproximadamente comenzaron las clases. Rhett no quería ir al instituto pero yo le obligué porque no había asistido el semestre pasado y tenía que ir para que se gradúe y pueda conseguir un trabajo para mantener a su familia. Ese día regresó en la noche, luego de su entrenamiento, sonriendo y muy feliz. Me contó que había conocido a una chica tímida muy hermosa con cabello rojo. Conforme pasaron los días me di cuenta que él en verdad estaba feliz cada vez que iba al instituto. Y ahora que te veo, sé que eres tú, y también sé que él siente algo por ti muy fuerte pero no quiere hacer nada porque ahora tiene una familia que mantener. Su bebé es muy pequeño, y la madre de su hijo está muy enferma. Para ti también debe ser muy triste y difícil saber todo esto, pero aun así lo quieres, puedo verlo.

»Te daré un consejo. Si no quieres sufrir, y que él tampoco sufra, corta todo de raíz. Será muy difícil, pero el tiempo curará las heridas. Él tiene una familia que mantener y no podrá estar contigo aunque quiera. Haz tu vida, cielo. Vive y sé feliz. No te aferres a un amor que no cambiaría nada por estar con su familia. Él te puede querer, amar o incluso desear, pero nunca cambiaría a su familia por ti. Ni por nadie. Él tiene responsabilidades que cumplir y una familia que mantener y cuidar. No te enamores de él.



MarieJenn

Editado: 01.03.2019

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