Eres un cliché

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12: Esto es incómodo

Al llegar a casa fui directo a mi habitación. Ahí lloré todo lo que me había contenido delante de Trevor y Thad. Y también lloré por lo que me habían dicho. Lloré porque tenían razón. Porque nunca podría estar con él y porque era tan egoísta de pensar en mí y no en lo que podría estar pasando él, o Cindy.

Más tarde, luego del lloriqueo, me puse mis pantalones de chica grande con la mente en un solo objetivo. Ser amiga de Rhett. Me lo había dicho su Nana y tenía tanta razón. Debía apoyarlo en todo lo que estaba pasando y dejar a un lado mis sentimientos.

Por lo que le envié un mensaje a Rhett.

¿Están en casa? Quisiera visitarlos.

Me respondió al instante.

Por supuesto, cabecita roja. Justo ahora necesito a alguien. Trevor y Thad vendrán en un rato.

Me cambié de ropa y salí avisándole a mis papás que saldría con Rhett para el trabajo en grupo. Una mentira a medias.

Tomé mi Vespa y fui a la casa de Rhett. La única vez que había ido, él me había llevado pero recordaba vagamente el camino. Estaba cerca de mi casa por lo que no me perdí y llegué en diez minutos. Cuando toqué la puerta, Mandy me recibió con un abrazo y una sonrisa. —Pasa, cariño. Rhett te espera.

Entré e inmediatamente sentí el aroma de Rhett. Quise cerrar los ojos y deleitarme en ese olor pero eso sería raro, por lo que caminé hasta llegar a la puerta de Cindy. Adentro escuché voces por lo que toqué un par de veces.

Rhett me abrió la puerta. sonriendo.

—Cabecita roja —Me dio un beso en la mejilla antes de despeinarme el cabello. Cuando entré vi a Cindy cargando a Adam y dándole su biberón. Me entristeció que ella no pudiera amamantarlo. Me acerqué a ella para saldarla y ver al pequeño bebé.

—Hola Cindy —dije dándole un apretón en su hombro. Vi que sus dos brazos y muñecas tenían agujas, pero ella aun así cargaba a Adam y sonreía como si nada.

—Hey Aub —Miramos a Adam tomar su biberón. El bebé era tan hermoso que al instante empecé a hablarle como loca.

—Hola bebé, ¿cómo etá el pequeño Ayam ah? Qué coshita tan ricaaa.

Escuché la carcajada de Rhett. No le hice caso mientras veía al bebé intentar reír con el biberón en su boca. Lo soltó y extendió sus bracitos hacia mí. Lo miré sorprendida de que quisiera que le cargara.

—Tómalo, Aub, no muerde. —Cindy me extendió a Adam y yo lo tomé con cuidado. Ella sonrió viéndome con su bebé.

Esto era tan agridulce e incómodo que aparté la mirada de Cindy y miré al pequeño en mis brazos. Tomó mi cabello con sus manitos regordetas y empezó a enredarlo en sus manos.

—Ama tu cabello —dijo Rhett mirándome sonriente. Sabía eso. Sabía que su bebé y él amaban mi cabello pero me quedé callada y le sonreí de vuelta.

—¿Cómo estás, Cindy?

—Mucho mejor que hace rato te lo aseguro, Aub. Estas cosas me fastidian pero me hacen sentir mejor —Respondió ella levantando los brazos señalando las ajugas—. Es suero y morfina.

Alcé mis cejas sorprendida. Cuando mi abuelita estaba enferma y semanas antes de morir le pusieron esas dos cosas mediante esos tubos intravenosos.

Hice una mueca mirando a Rhett. Él me devolvía la mirada, sus ojos concentrados en mí y Adam, nos miraba con ternura.

Cindy carraspeó llamando nuestra atención. Le hizo una seña a Rhett para que se acercara a ella mientras yo bajaba la cabeza mirando a Adam con el rostro sonrojado. Estaba avergonzada de que nos hubiera pillado mirando de esa forma.

Ni siquiera yo misma sabía de qué forma nos mirábamos.

Alguien salió del cuarto cerrando la puerta, levanté la mirada para ver que Rhett no estaba. Miré a Cindy quien me sonreía con complicidad.

—Quiero hablar contigo, Aub.

Le fruncí el ceño. —Claro, ¿de qué?

—Sé que te gusta Rhett.

Mi corazón empezó a latir con fuerza. Mierda. ¿Era tan obvia? Iba a negarle cuando sonrió con tristeza.

—Lo sé porque yo también tuve esa expresión en mi rostro cuando lo miraba.

—No sé de qué hablas...

Cindy intentó levantarse y con las pocas fuerzas que tenía presionó un botón haciendo que el respaldar de su cama clínica se levantara. —Oh, lo sabes muy bien, Aub. Y de eso quiero hablarte.

Por dentro me estaba muriendo.

Estaba segurísima que me gritaría y me botaría de aquí, por lo que dejé al pequeño Adam medio dormido en la incubadora que había en la habitación.

Lo arropé antes de voltear y mirar a Cindy avergonzada. —No... yo... A mí no... —tartamudeé pero ella me cortó.

—Sé que quieres estar con él. Veo que te estás enamorando.



MarieJenn

Editado: 01.03.2019

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