Eres un cliché

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15: Pasando vergüenza

Rhett se separó de mi boca unos segundos recargando su frente en la mía. Respirábamos con esfuerzo pero aun así no teníamos suficiente el uno del otro. Sus manos me tomaron de la cintura y por instinto me senté en su regazo. Jadeamos al mismo tiempo y unimos nuestros labios de nuevo. Las manos Rhett bajaron a mis caderas haciendo que yo soltara un suspiro. Sus manos siguieron su recorrido llegando a mis muslos que estaban alrededor de sus piernas. Escuchamos unas voces antes de que la luz de la sala fuera encendida. Al instante me bajé de su regazo cayendo al piso, aterricé de trasero golpeándome. Cuando levanté la mirada avergonzada de todo eso, el Tata nos miraba con una sonrisa burlona en la cara.

Bajé los ojos al piso sin mirar a nadie. Seguía sentada sobre mi trasero y no quería hacer ningún movimiento, pero Rhett me tendió su mano y tuve que pararme.

—Ah, los adolescentes de ahora —dijo el Tata suspirando—. ¿No tienen pudor, por favor? Vamos, pastelito, creí que eras mejor que esto. Y Rhett, me empezabas a caer bien, y ahora la cagas sobando a mi nietecita en un sofá y si no llegaba yo, seguro tenían acción sin condorito, y ahí vendría la bendición.

— ¡Tata! —exclamé demasiado avergonzada como para decir algo más. Mis mejillas ahora me quemaban, no quería mirar a Rhett, pero sentí que se reía en silencio. Le tiré un codazo. Al instante reaccionó aclarándose la garganta.

—Señor, discúlpenos. No volverá a ocurrir.

El Tata resopló. —No en mi presencia, claro está.

Tomé a Rhett del brazo y lo conduje a las escaleras hacia el segundo piso.

—Ah, ¿te lo llevas a tu cuarto, pastelito? Las paredes son de papel, por si acaso se escucha todo.

—Tata, no haremos nada —respondí mortificada. Jalé a Rhett y subimos las escaleras escuchando al Tata hablar sobre bendiciones y y pañales.

Ugh.

Abrí la puerta de mi cuarto y dejé a Rhett ahí antes de salir hacia la habitación de mis padres. Mamá descansaba y como no quería molestarla por pequeñeces, volví a mi habitación cerrando la puerta pero sin ponerle seguro.

—Tu abuelo es.... muy divertido —comentó Rhett sonriendo.

—Eh... yo no lo calificaría así al Tata pero gracias por no decir algo ofensivo. —Me crucé de brazos. Estaba avergonzada por el comportamiento que tuvimos y no quería mirarlo a la cara.

Recordar lo que había pasada minutos atrás, antes de que el Tata nos interrumpiera, era muy bochornoso.

—Eh, cabecita roja. —Rhett se acercó a mí tomándome del rostro para mirarlo a los ojos—. No tienes por qué avergonzarte.

Sonreí incómoda, no quería tener esta conversación justo ahora.

—¿Podemos hablar de otra cosa? —pregunté pasando mis brazos por sus hombros. Qué bien se sentía poder abrazarlo y tocarlo cuando quería.

—¿De qué? —Me siguió el juego—. ¿De qué el beso que nos dimos hace ratito fue tu primero beso?

Me sonrojé aún más si era posible.

—Tampoco de eso.

Rio mirándome intensamente.

—Me alegra que haya sido tu primer beso.

Hice una mueca internamente. No había besado a nadie porque era muy tímida con los chicos, pero con él era simplemente yo, como con mis amigos. Sin timidez.

Espera ¿Cómo él sabía que era mi primer beso?

—¿Cómo...?

Antes de que termine mi pregunta Rhett ya había acercado sus labios a los míos para besarme. Me deleité moviendo mis labios al ritmo de los suyos, su lengua se posó en mi labio inferior y por instinto abrí mi boca. Luego de eso las cosas se pusieron muy intensas pero tuve que detenerlo colocando mis manos en su pecho. Él respiraba fuertemente al igual que yo.

—Aubrey Reed alías cabecita roja, ¿quieres ser mi novia? —preguntó Rhett sonriéndome, sus manos estaban en mi cintura, estabilizándome porque si no caería de nuevo bochornosamente al escuchar esa pregunta salir de su boca.

¡Me estaba pidiendo ser su novia! Reí nerviosamente asintiendo.

—Sí, quiero ser tu novia.

Parecía tan irreal esto que lo abracé con fuerza no queriendo soltarlo. Pero luego de unos segundos nos separamos. Era mi turno para hablar.

—Rhett... —Lo tomé de la mano, nerviosa y lo hice sentarse en mi cama—. Ahora me toca a mí hablar.

—Aubrey... —respondió frunciendo el ceño—. No es necesario...

—Sí. Porque simplemente tú hablaste y yo te interrumpí.

—Y qué buena interrupción —dijo moviendo las cejas de arriba abajo.

Rodé los ojos divertida.

—Ya. Quería responder a lo que me habías dicho. Dijiste que siempre estarías ahí para Cindy. Que la quieres y... yo te entiendo. Entiendo que debes estar para ella porque te necesita. Y tu hijo está en primer lugar. Estaré ahí para ti apoyándote en todo.

Sonrió mirándome con adoración.



MarieJenn

Editado: 01.03.2019

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