¡ Esa Chica Es Mía !

Tamaño de fuente: - +

Capitulo XXXIV

Ante de comenzar a leer quiero informarles el motivo de mi ausencia nuevamente, lectores fieles de Litnet, debido a los problemas politicos que esta pasando mi pais, VENEZUELA, hay constantes cortes de luz de hasta mas de 12 horas, el internet es probable que dure por un dia y pasan hasta tres sin volver a tenerlo, escribo, en cuanto puedo lo hago, en ocasiones realmente la situacion me afecta a tal punto que me deprimo y lo unico que hago es ponerme a ver peliculas y series para por lo menos hacer que mi mente vuelva a tener inspiracion. Esto no es facil, a mi como escritora me afecta demasiado, no me gusta tocar el tema pero ustedes que siempre estan conmigo deben saber el motivo de mis dias sin actualizar, ya dejandoles claros el motivo de mis tardanzas, disfruta del capitulo 34 de ¡Esa Chica Es Mia! Los adoro inmensamente: Fabiola Gz-

 

Cierro con fuerza mis manos mientras tomo la chaqueta de cuero negro que Franco lleva puesta, oculto mi cara en su espalda por el frio viento que choca en mi rostro y porque claramente esto de ir en moto no es lo mío. No se siquiera que pensar con todo esto, no sé qué ocurrirá en cuanto lleguemos a ese lugar, el pelirrojo va hecho una furia y su manera de manejar lo da a entender claramente.

-Por favor –digo al acercarme a un costado de su cabeza. –Baja la velocidad, por favor.

-¡No puedo! –grita un poco, yo me aferro más a mi agarre. – ¡Ya estamos por llegar!

-¡Tanto te cuesta bajar la velocidad! –este acelera más y yo maldigo en mis adentros. –Mierda.

Pasamos entre un camino de asfalto no muy bien cuidado, a ambos lados un montón de personas nos esperan, todos miran a Franco, algunas miradas caen sobre mí, yo oculto mi rostro porque esto no me da muy buena espina y quiero regresar a casa. El bullicio es tan fuerte que me sorprende cuanta cantidad de gente hay formando un círculo, mismo que es donde Franco para y hace rechinar las llantas de su moto.

Yo bajo con toda prisa, las piernas me tiemblan al igual que mis manos, puedo sentir lo fría que estoy y no es por el repentino camino de viento helado que pase en la parte de atrás de esa jodida moto. Miro a mi alrededor, veo a muchas personas, ¿De dónde han salido? ¿Nos esperaban? Veo que en ese momento German aparece, a su lado tiene a Marisol, aquella esta cabizbaja, sus manos atadas.

-¿Qué demonios? –digo en un hilo de voz, intento correr hasta ella pero Franco de inmediato me detiene, forcejeo pero no me deja avanzar. – ¿¡Que no ves como la tienen!? ¡Suéltame, suéltame! –el pelirrojo niega, me coloca detrás de él.

-¿Es cierto? –pregunta, enfoca su mirada en el que dice ser su mejor amigo. – ¿Tuviste que ver con ese accidente? –aquel chitea y niega.

-¿Tu también? ¡Por dios Franco! –da un par de pasos, yo intento enfrentarlo, el pelirrojo nuevamente lo evita. – ¿Acaso esa pequeña zorrita también te lavo el cerebro? –me señala a mí, yo con toda la fuerza que tengo empujo a un lado a Franco y enfrento a su amigo.

-Zorra las nalgas flácidas que tienes, hijo de puta –escupo esas profanidades, todos se vuelve silencioso.

-Wao, con que la chica de Dante tiene agallas –dice, Dante, mierda, si se entera de esto, no me lo perdonara. – ¿Qué quieres saber? ¿Si tuve que ver con el accidente de Marisol y Tadeo? No, yo no tengo nada que ver con eso.

-¡Mentiroso! –el grito de Marisol resuena entre todos y una chica a su lado le da una bofetada, pero esta no pretende callarse. –Lo admitió Franco, mucho antes que tu vinieras, el arete era de él, él tuvo que ver con el accidente, fue él –la chica a su lado vuelve a bofetearla un par de veces más y a mí me hierve la sangre.

Con la mente bloqueada aparto a German de mi lado, no sé qué cosas le grita Franco por haber mentido y poner en peligro la vida de su hermana, lo único que sé que es que mi puño arde en cuanto le doy un puñetazo a la chica que hace un momento bofeteaba a Marisol y paso a estar sobre ella. No sé cuántas veces e plasmado la palma de mi mano en su mejilla pero no dejo de hacerlo, esta solo me toma del cabello, Marisol me pide terminar pero me es imposible.

-Eres una desgraciada –le digo, esta no deja de intentar zafarse de mí. –Cómo puedes defender a un hijo de puta como German. –unos brazos rodean mi cintura, apartándome de ella.

-Vámonos. –la voz tranquila de Franco, yo volteo a verle, sangre corre por su nariz, esta moreteado, ¿Cuándo paso esto? –Allison, vamos, tú no eres como ellas.

Me jalonea yo forcejeo pero luego al ver a Marisol con sus manos sueltas y a nuestro lado me tranquilizo, le observo completamente, ella intenta arreglar mi cabello enmarañado, me da una corta sonrisa. Al voltear noto a German sobre el suelo, entre quejidos se estremece por el dolor, esta golpeado, aún más que Franco, luego noto que no solo fue el pelirrojo quien lo golpeo, parte de sus amigos también, la palabra traidor se escucha alrededor, todos señalando a German.

-Deberíamos llamar a la policía –digo, Marisol y Franco niegan.

-No, por el momento no lo haremos –miro a la chica a mi lado. –No lo entenderías Allie, esto por el momento es cuestión de la pandilla, luego si daremos con la policía, por el momento no digas nada.



Fabiola Gz

Editado: 03.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar