Escape de la colina

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El comienzo de todo

No podía parar de ver insultos, violencia, acoso, pero sobre todo, sentir mucho miedo, solo fueron años escasos de felicidad, ni siquiera recuerdo cuantos exactamente, solo la realidad me golpeó, volví a abrir mis ojos aquella y mi vida ya era diferente, como si fuese vivido con extraños tanto tiempo, él fue mi maestro, él fue mi inspirador para cada fechoría, él me enseñó hasta la última parte de su alma, él solo que fuese a su semejanza, pero terminé siendo mucho peor.

Nashville/Tennessee: Condado de Scott, año 1990.

Bajé las escaleras corriendo al escuchar el grito de mi madre, solo se trataba del desayuno, ella era estricta con mi alimentación, apenas he cumplido siete años, la conozco y se que me complacerá con mis cereales favoritos.

Llegué a la mesa un poco alejada de la cocina detallando la mesa, acerté, me había preparado un desayuno especial, sonreí sentándome en mi puesto habitual, tambaleaba mis pies que aún no tocaban el suelo a la espera, mi madre odiaba que empezara a comer sin ella, o al menos sin que me diera el permiso de hacerlo.

—Buenos días cariño— me saludó con una taza de café entre sus manos, se acercó depositando un beso en mi frente.

—Buenos días mamá — sonreí desesperado por comer.

Había algo extraño esta mañana, mi padre no estaba, su puesto en la mesa se mantenía vacío, eramos una familia en donde a la hora de comer debíamos estar todos, pero hoy no era el caso.

—¿Dónde esta papá?— pregunté curioso viendo hacia todos lados.

—Lamento informarte que hoy desayunaremos solos, tu padre ha viajado muy temprano a la ciudad para entregar un folio, ya sabes, lo han contratado para algunas construcciones—

—¿Volverá pronto?— 

—Por supuesto— respondió sonriéndome.

—Gracias por la comida— 

—De nada, vamos, aliméntate— se sentó tomando de igual forma su comida.

Revolví el cereal como tanto me gustaba, disfruté del picadillo de frutas para finalmente refrescarme con un vaso de agua, mi madre ya había terminado su plato que consistía de huevos revueltos y beicon, solo quedaba su café, pero como ya era costumbre le gustaba tomárselo de a poco, según me decía era una cosa hereditaria de la abuela.

Acomodé la vajilla sucia volviendo a ponerme de pie, llevé todo al lavado sintiendo los pasos de mi madre aproximarse, tocó mi hombro deteniéndome cuando hice el intento de abrir la llave.

  —Yo limpio, ve a ordenar tu habitación—

—Solo tengo mi cama destendida, déjame ayudarte—

—No Dylan, lo terminaré, ve y haz lo que te falta—

No me quedó de otra más que asentir, subí las escaleras entrando de nuevo a mi dormitorio.

Las paredes siempre han sido de un tono azul eléctrico, este lugar donde he vivido prácticamente desde que nací, no es tan grande, solo hay cuatro habitaciones contando la de servicio, dos baños, una cocina, una sala de estar, sobre todo el inmenso jardín trasero, mi padre era arquitecto, por lo que mantenía este lugar arreglado, como si tuviésemos más dinero del que realmente tenemos, aveces doy unas vueltas por el delantero, pero la mayoría de los vecinos siempre están haciendo cualquier cosa a las afueras, eso me hace preferir el trasero, la soledad que me acoge es magnifica.

Ordené mi cama, tomé luego la toalla saliendo en dirección al baño para tomar una ducha.

He sido reservado siempre, pocos amigos tengo en la escuela, para mi padre todos son malos, aveces me siento sofocado por su manera de protegerme, me he dedicado a salir excelente en mis estudios, no visitamos a otros familiares, según mi madre, la mayoría vive lejos o ya están muertos.

Aunque una noche la encontré al teléfono, hablando con una persona de la cual nunca supe su identidad, se la pasaba repitiendo que a mi padre le gustaba una vida así, que ya no los molestaran, me pareció tan extraño, sin embargo, no fue tema de discusión, total, ya estaba muy acostumbrado a mi vida, una vida en el que solo importábamos nosotros tres junto a esta casa.

Entre tantos pensamientos terminé de bañarme, coloqué la ropa sucia que estaba en la pequeña lavandería cerca de la cochera, me coloqué ropa limpia y fresca tomando luego un libro, amaba leer, no era una pasión, ya se había convertido en un vicio.

Volví abajo tomando cómodamente un espacio en el mueble más grande, lo relatado se basaba en como enfrentar cualquier enfermedad, me parecía absurdo pero aún así, llamaba mi atención.

Por los vidrios delanteros de la casa podía ver como mi madre regaba las plantas y flores, desde hace un año vengo dándole atención a ella, más de lo normal, su ropa ahora lucia muy atrevida, su tiempo por fuera iba en aumento, parecía como si fuese vuelto a su juventud, miré hacia los lados encontrándome con el vecino cortando el césped, si, a él también lo veía más de lo que pude haberlo visto antes, se sonriendo mutuamente restándole importancia a su alrededor,  ni siquiera nota que los estoy espiando, de esa forma no mira a papá, tengo tantas dudas, no quiero pensar cosas malas ni atormentarme, pero realmente todo ha cambiado con respecto a ella, no soy ciego, se que algo pasa, espero saberlo pronto, muy pronto.



Kimberly Zamora

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En el texto hay: suspenso, dolor

Editado: 26.03.2018

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