Escape de la colina

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Realidad de éxtasis

Las vacaciones de verano pasaron velozmente, eso significa la vuelta a clases, mañana vería de nuevo a la profesora que tanto cariño me ha demostrado, no quiero recordar a los tontos niños que siempre me molestan, parece como si no pudiesen dejar a nadie en paz, solo me divierto un poco junto a Josh y Thomas, los molestan de la misma forma, somos los excluidos.

Tomé mis cosas por la tarde reviviendo buenos y amargos recuerdos, metí en la mochila todo lo que iba a necesitar para el primer día de clases, fui hacia el closet tomando el uniforme, lo coloqué en la mesita armable de planchar, conecte el aparato alargándolo hasta la primera pieza que era la camiseta, planché pacíficamente dejándolo después perfectamente tendido en el ropero, saqué los zapatos quitando el poco polvo que traían, saqué del cajón crema y un cepillo pequeño sentándome el escritorio donde pulí mi calzado, se que mi madre podría hacerme estas cosas, pero no quería leer, no tenia otro tipo de distracción, solamente me enfoqué en esto, terminé dejándolos a un lado de la cama, estaba todo en orden y apenas eran las cinco.

Mi madre había salido al supermercado, me asomé por mi ventana encontrándome a mi padre trabajando, corrí hacia él, me gustaba lo que hacia, siempre tenia algo nuevo para enseñarme.

Llegué a su lado viendo como caían los trozos de madera, el ruido era un poco fuerte, caminé mas allá quedando al frente, él me miró de inmediato apagando la máquina.

—Pensé que dormías — me dijo sacudiendo sus manos.

—Le he ahorrado el trabajo a mi madre de prepararme todo para la escuela, ya lo he hecho—

—Eres muy listo, eso me hace sentir orgulloso de ti—

—Gracias papá — sonreí.

—¿Sabes como se llama el vecino de la casa que está de primera hacia la derecha? — me preguntó, de inmediato fruncí el ceño recordando todas las cosas que he visto este último año, mi padre me observaba, su manera de hacerlo me hizo sentir temeroso.

—No, no sé nada — mentí sintiéndome nervioso.

—Puedes comer pastel — dijo volviendo a encender la maquina, su semblante había cambiado, me encogí de hombros yendo hacia mi habitación, el apetito lo perdí, solo me digné a jugar en la consola hasta caer la noche, ni siquiera me di cuenta de eso.

—¡Dylan! — escuché el grito de mi madre apagando todo.

—Ya estoy aquí — anuncié al llegar al comedor.

—Es la hora de la cena — dijo mi madre sonriéndome —Busca a tu padre —

Asentí subiendo las escaleras, entré a su habitación notando como revisaba algo de espaldas, caminé hasta encontrarme cerca de él, lo que mis ojos vieron parecía irreal, mi padre pasaba una por una fotografías de mi madre besándose con el vecino, unas eran en algún abasto, otras justo acá al frente donde solía verlos, incluso habían de ellos en una cama.

—Papá — susurré asombrado, él con rapidez se dio la vuelta, estaba asustado, lo sé.

—No vuelvas a entrar sin avisar— gruñó molesto tratando de esconder lo que había sobre la mesa.

—Lo he visto— confesé serio.

—Hijo, mira, puedo explicarte...— lo callé.

—Tenía sospechas, aún soy pequeño pero tenía mis sospechas— dije triste.

—Sabes algo— dijo mi padre tomando mis manos —Las personas que hacen algun mal, deben pagar—

—¿Desde cuando lo sabes?— pregunté evadiendo lo que acababa de decir.

—Dos meses— respondió suspirando.

—¿Porqué no has hecho nada?—

—Ya te dije, las personas que hacen algún mal, deben pagar por ello— dijo usando un tono de voz profundo.

—Me ha dicho que es hora de cenar—

—Vamos— cogió todo guardándolo en su maletín soltando una leve risita, cuando acabó tomó mi mano derecha yendo abajo.

Él estaba tranquilo, actuaba de lo más normal, cenó con una enorme sonrisa besando repetidas veces los labios de mi madre, parecía haber olvidado lo de hace un momento, quizá la había perdonado, fue lo único que pensé.

Terminé de comer dando de inmediato las buenas noches porque debía despertar temprano, mis padres me dieron unos besos, era como si estuviésemos volviendo a ser esa familia que fuimos, eso si, con un gran cambio, mi padre solo me sonreía, lo hacia de la misma forma como cuando lo encontré viendo las fotos, una forma que jamás había visto, hasta ahora.

 

Abrí mis ojos de golpe, mi corazón latía muy rápido, apenas escuché aquellos gritos me senté asustado sobre la cama, vi hacia mi despertador, marcaban las seis y media de la mañana, me pase las manos por el rostro tratando de desaparecer el sudor que me había provocado el mismo susto, suspiré pensando en que todo había sido un sueño, pero no, al instante de intentar calmarme volvió otro ruido ensordecedor, escuché como caían cosas de la cocina, volví a asustarme poniéndome de pie hasta abrir la puerta.



Kimberly Zamora

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En el texto hay: suspenso, dolor

Editado: 26.03.2018

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