Escape de la colina

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Divagaciones

—¡Scott ayúdame!— exclamó Rachel.

—Acá estoy— dije apenas llegué —¿Que tan difícil es encender una parrilla?—

—No se nada de nada— dijo la chica haciendo un puchero.

—Yo te ayudo— sonreí cogiendo combustible y un encendedor.

—Cuidado—

Prendí ágilmente aquello soplando un poco de aire, estábamos teniendo un día de campo en la finca del tío de Mario, él era el capitán del equipo de fútbol, invitó a casi todos pero solo vinieron pocos, solo acepté por insistencia de mis mejores amigos, seguro no estaría tan mal.

—Ves que fue sencillo— dije al terminar.

—Que haría sin ti— dijo Rachel abrazándome de lado, le sonreí revolviendo su cabello.

—Te ayudaré a cocinar, Edward está muy entretenido con su nueva conquista— comenté agarrando salchichas y carne.

—Le va de maravilla con ese amor—

—Lo sé— sonreí echando todo en la parrilla.

—¿Para cuando tú?— me preguntó.

—No es lo mio— respondí suspirando.

—Recordarás lo que te digo a continuación, te vas a enamorar de quien menos imagines— dijo Rachel sonriéndome.

Mi mente quedó en blanco, ¿enamorarme? ¿para qué?, no quiero terminar como mi padre, desvié la mirada apretando mis puños, odiaba este tema, odiaba el recuerdo de mi madre.

—Claro— susurré para no seguir hablando de lo mismo.

Rachel se concentró en lo que hacia sin volver a mencionar una palabra, preparamos todo juntos llamando a los demás cuando servimos, nos sentamos en las mesas debatiendo cualquier tema, todo estaba tranquilo hasta que preguntaron algo indebido.

—¿Y tu familia Scott?— preguntó Mario.

Levanté mi vista soltando el cubierto, nunca nadie me había hecho esta pregunta, si solía mentir acerca de mi vida y el pasado, pero no había respondido a esto directamente, tragué el resto de comida mirándolo fijamente, no sabia que responder, pero a mi mente vino una respuesta simple, de igual forma no estaba mintiendo del todo.

—Están muertos— respondí serio.

—Perdón por haber preguntado— dijo Mario apenado.

Los rostros de todos de pronto cambiaron a una expresión triste, se me hacia insoportable esta tensión, Edward me miró un momento agachando la cabeza, casi caía la noche, ya no quería estar aquí.

—Lo siento— dije levantándome caminando hacia la salida con velocidad, localicé mi camioneta montándome como rayo.

—¡Oye!— escuché los gritos de Rachel y Edward.

Encendí el motor sin prestar atención moviendo la palanca de cambios.

—No te vayas, solo fue una pregunta, se que te duele pero no volverá a pasar— suplicó Edward.

Pisé el acelerador ignorando aquellas palabras por completo, grité al bajar la ventanilla ya encontrándome lejos en plena carretera, aveces solo no podía soportarlo, mi garganta ardía a medida que subía el volumen de la radio.

Me calmé un poco gracias a la brisa que chocaba en mi rostro, después de tanto tormento solo me relajé ladeando mi cabeza, al ritmo de la música, había tenia una idea, conduje hasta la ciudad en busca de mi amigo el tatuador.

Me encaminé hasta la recepción de su departamento llamándolo desde el interruptor, no tardó en responderme dejándome pasar.

—Que sorpresa tenerte acá— saludó Ling al abrir la puerta.

—¿Como andas? ¿estoy molestando?— pregunté al pasar.

—De ninguna manera, solo estaba viendo un poco de tv, hace media hora cerré el negocio—

—Quiero un tatuaje—

—¿Hablas enserio?—

—Si, ¿puedes?—

—Con gusto, toma asiento, buscaré las cosas— dijo yéndose.

Me senté quitándome la chaqueta, era un pequeño y comodo departamento, eramos amigos de hace dos años, después de coincidir y convivir en algunas fiestas, me sentía cansado, mi cabeza empezaba a doler mucho.

—¿Que te harás?— preguntó Ling al volver.

—Esto— saqué mi móvil mostrandole un bosque colorido con otros pequeños detalles —Lo quiero completo en mi antebrazo derecho—

—Así será— Ling encendió la maquina con sus guantes ya puestos.

—¿Te importa si duermo?—

—¿Podrás hacerlo?— me preguntó atrayendo el banquillo sentándose en frente de mi.

—Creo que si— respondí suspirando.

—Relájate, cuándo esté listo yo te aviso—

—Esta bien— asentí recostándome por completo en el largo sillón.

Ling imprimió el diseño dibujándolo luego en la hoja, me hipnotice viendo lo que hacia, mis parpados pesaban desde hace un buen rato, ni siquiera me di cuenta cuando empezó a tatuarme, solo me dejé llevar cayendo en un profundo sueño.



Kimberly Zamora

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En el texto hay: suspenso, dolor

Editado: 26.03.2018

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