Escape de la colina

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V de Venganza

—Tenemos que irnos — dijo mi padre al terminar de mecerme entre sus brazos.

—¿Donde? — pregunté sin poder alejar la vista de mi madre y el vecino.

—Un lugar donde estaremos mejor, sin que nadie nos encuentre—

—Papá no quiero—

—Es lo correcto — dijo jalandome —Cuando era pequeño tu abuelo me dejó una casa en las colinas más altas de todo Nashville, allí iremos—

Me cargó metiéndome en el auto, entró de nuevo a casa sacando algunas cosas que llevaríamos con nosotros, me sentía asustado, por último entró al auto conduciendo por largas horas, no me habló en todo el trayecto, solo me quedé viendo por la ventana, con unas ganas inmensas de llorar, había perdido a mi madre.

 

Volví a la realidad observando directamente el techo, mi cabello estaba despeinado, lo primero que vi en la televisión fueron noticias acerca de personas desaparecidas, cabe recalcar que entre ellos estaban mis ex's mejores amigos junto a otros que en realidad no conocía, la apagué porque no quería ponerme de mal humor tan temprano, hice el típico aseo desayunando huevos con tocino, hoy debía hacer algo muy importante, mejor dicho, algo que llevo esperando hace un tiempo.

Revisé mi teléfono mensajeando un rato con Ling el cual estaba de maravilla en su trabajo, hablamos acerca de otros tatuajes pero en realidad no quería otro por ahora, dejé el aparato después de algunos minutos yendo al closet.

Repase algunas prendas eligiendo la que mejor me pareció para la ocasión, tres días después del asesinato de Edward y Rachel solo me la he pasado pensando una y otra vez como tendría que hacer las cosas de ahora en adelante, tuve acceso a una cabina VIP mientras hacia llamadas con uno de los empresarios que está interesado en mi trabajo, de ninguna manera lo hago por obtener algún puesto, el gran detalle es que ese hombre es el esposo de la que fue mujer de mi antiguo vecino, si, ese mismo que se acostaba con mi madre, por su culpa pasó toda esta mierda, esa familia tiene la culpa de todo lo que me pasó, aprovecharía mucho que se me ha dado esta oportunidad, no soy tonto, todo esto lo planeé, es obvio, mi padre antes de morir dejó en el sótano una especie de álbum, donde estaban los nombre y la vida de cada uno de los que conformaban esa familia, eran al menos unos diez, los más importantes, los que siempre supieron todo y callaron, pero lo más relevante, tenían una hija, esa será mi presa favorita.

Tomé una corta duche arreglándome modernamente, llevaba una camiseta roja, chaqueta deportiva negra, pantalón negro algo pegado a mi cuerpo y unas botas de vestir grises altas, esta era la imagen apropiada para presentarme, tomé los lentes colocándomelos, sonreí finalmente echándome un poco de perfume.

Cogí mis llaves, el móvil, tomando unas mentas del cajón de la cocina, entré a la camioneta asegurándome de que mi arma estuviera perfectamente guardada en el pequeño cajón, me asesore que estuviera cerrado para encender el motor, conducía a velocidad media por la carretera hasta llegar a aquel edificio alto de construcciones, a un lado estaba un taller inmenso de auto y mecánica, entré al estacionamiento después de autorizarme la entrada, al bajar me fije en todas las personas, no hacían mas que trabajar de un lado a otro, acomodé mis lentes adentrándome al establecimiento.

—Buenos días, vengo a una cita — le dije a la recepcionista pero un hombre me sorprendió cuando sentí el apretón en mis hombros, me di la vuelta encontrándome con el jefe, nada más y nada menos que mi único objetivo.

—Estas aquí — saludó sonriendo.

—Hey chico ¿como andas? — pregunté sonriendo también.

—Rezando mucho para que estuvieras hoy aquí, tus demostraciones fueron excelentes—

—Muchas gracias — sonreí asintiendo.

—Bueno vamos a mi oficina — dijo caminando en otra dirección —Estaré ocupado Perla, no quiero interrupciones — dio la orden tomando luego el ascensor, caminamos solo un poco hasta llegar a su oficina, una muy grande y lujosa.

Entré viendo todo el espacio, habían trofeos, un gran escritorio, ventanales con una excelente vista, sofás y por supuesto miles de documentos y la computadora, tenia algunos cajones, gavetas y estantes para distraerse un rato, pero ese no era mi objetivo, me giré hacia él que estaba cómodamente sentado en su silla dando un par de vueltas, fui a sentarme también fingiendo atención absoluta.

—¿Que quieres de mi? — le pregunté cruzando mis manos por encima de la mesa.

—Empezando con buenas noticias, quiero en realidad que dirijas mi nuevo taller de mecánica—

—¿Hablas enserio?—

—No puedo quejarme en todo este mes de pruebas, me convencí de que si no te doy una oportunidad puedo arrepentirme—

—No sé como sentirme ahora — sonreí apliamente.

—Tómalo, te lo pido como un favor—

—Creo que no tengo porque pensarlo demasiado, es un hecho — estiré mi mano y él de inmediato la tomó aceptando el agradable apretón.



Kimberly Zamora

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En el texto hay: suspenso, dolor

Editado: 26.03.2018

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