Escape de la colina

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Desequilibrio mental

Dos largas semanas pasaron entre nuevos trabajadores, Scott se estaba haciendo cargo de una buena manera, el taller relucía y Albert no tenia ni una sola razón para quejarse, ya las puertas estaban abiertas, el taller había resultado todo un éxito, no se llenaba excesivamente de clientes, pero con el pasar del tiempo tenían más ganancias, los autos habían que arreglarlos por turnos, podrían durar unos das también, depende del problema, era suficiente para cubrir los impuestos, el pago a los empleados y por supuesto la ganancia al jefe, como también al encargado que era Scott.

Por ocasiones largas y otras cortas le atacaba la ansiedad, tenia muchos días sin hacerle daño a nadie, no era como antes donde aparecía una victima de pronto, el chico se estaba comenzando a asustar de que eso se convirtiera en una sed imparable de tener que matar a alguien, sin embargo se ha sabido controlar, con todo el trabajo que se le vino encima no tenia cabeza para otra cosa, eso si, tenia que aguantar la presencia de la familia que según él, destrozo su vida.

La mañana pasó fugazmente mientras el teléfono de Scott no paraba de sonar, se había quedado dormido a las tres de la mañana por los mismos problemas de insomnio, el ruido iba en aumento hasta que él del un golpe con su antebrazo hizo caer el móvil, en cuestiones de segundos quedó desarmado, al parecer tenia mucho mal humor.

Bostezó abriendo sus parpados, la siesta que había tomado le sentó bien, se recostó del cabecero de la cama peinando con sus propios dedos su cabello, fijo la vista en el celular negando levemente, así que se levantó recogiendo las partes esparcidas,  volvió a colocar la batería y tapas encendiéndolo, por suerte no se había dañado, vio de inmediato la hora sorprendiéndose por lo mucho que había dormido.

Las llamadas eran de la secretaria del taller mecánico, de inmediato Scott le dejó un mensaje dándole la noticia que iría por la tarde, dejó el teléfono a un lado dirigiéndose al baño donde tomó una larga y fría ducha.

Desayunó leyendo algunas revistas que compró, últimamente su amistad con Lauren ha crecido, pero no quería que eso fuese así, aveces le arruinaba los planes, en ocasiones no sabia si debía acabar con ella de una vez por todas, era tan astuta e inteligente, Scott comenzaba a pensar que de todas sus victimas, Lauren seria su favorita.

Apartó los pensamientos yendo de nuevo a la habitación, cogió del closet ropa deportiva tomando sus lentes, le daba una apariencia juvenil digna para esos años, tomó sus llaves y el móvil saliendo finalmente al taller.

—Buenas tardes Graciela—saludó el chico amablemente.

—Buenos días Scott, en tu oficina te he dejado algunos pendientes por firmar, hoy ya se han ido clientes totalmente satisfechos—dijo sonriendo.

—Que buena noticia, te veo al rato—dijo guiñándole caminando hacia su oficina.

Dejó el maletín aun lado cuando entró fijándose en los documentos, leyó con precaución el par de hojas colocando su firma finalmente.

Pasó un buen rato en la oficina tomando un relajante capuchino, desde el ventanal podía ver como sus empleados arreglaban los autos, los que estaban del otro lado en el lavado haciendo limpieza, el personal que ordenaba, todo estaba muy bien a pesar de que eran los primeros días de la compañía, Scott se sentía orgulloso de haber estudiado esta carrera, no porque fuera la que él quería, simplemente era la que le ayudaría a vengarse de la familia del difunto Mark, aunque no podía negar que era un buen pasatiempo, casi siempre le distraía y cuando se trataba de coches era muy ágil.

Guardó las carpetas yendo hacia el área de trabajo, se llevaba bien con todos, nunca habia tenido problemas con nadie, por todos lados el chico tenia ventajas, se estaba ganando a la familia como debía ser.

Estuvo con ellos hasta a eso de las cinco antes de cerrar el taller, trabajo también dejando a cargo a los demás de que cerrasen el local, fue a uno de los baños lavando sus manos para quitar la suciedad que había adquirido, se quitó los lentes lavando su rostro secándolo suavemente con un pequeño paño, volvió a colocarse los anteojos caminando hasta su camioneta, por suerte Lauren estaba de noche de chicas, Scott tenia mucho por hacer.

Llegó de nuevo a su hogar sacando los documentos que deba redactar desde la lapto, eso le llevó tiempo, unas cuentas horas nada más antes de que cayera la media noche, introdujo un pendrive guardando la información para así poder imprimirla mañana al irse al trabajo, finalmente apagó todo volviendo a guardar los documentos en una gaveta bajo llave.

Fue a la cocina recalentando un poco de lasaña junto a una Coca Cola excesivamente fría, disfruto de cada trozo dejando lo sucio sobre el lavado, seguro tendría tiempo de lavarlo después, masajeo sus sienes sacando un pijama cómodo que se coloco después de tomar una corta ducha.

Su teléfono comenzó a sonar antes de ir a la cama, vio la pantalla y se trataba de Ling, estaba a punto de contestar pero un ruido extraño fuera de la casa llamó su atención, se dio la vuelta tomando el arma pequeña del cajón prácticamente corriendo hasta la salida, abrió la puerta observando hacia todos lados, su corazón comenzaba a latir rápido, su piel de inmediato se congelo tratando de asimilar que ocurría, dio pasos rápidos por toda la entrada hasta la camioneta viendo luego de regreso nuevamente, no había nadie, pero claramente Scott había escuchado pasos, parecido a una persona corriendo y él no podía estar equivocado.



Kimberly Zamora

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En el texto hay: suspenso, dolor

Editado: 26.03.2018

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