Esclavos De La Unión: El Continente Renacido

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CAPÍTULO 33: REFUGIO

Hace unas cuantas horas que he disparado a Alicia y a Mari Pili hacia el continente llamado África. He pilotado la Válantain durante muchos kilómetros, hasta la puesta del Sol. La he "aparcado" en el aire y he decido que me iba a dormir, necesito descansar. Ahora estoy tumbada en mi cama mirando al techo abrazada a Peluchín. La verdad es que este trapo tranquiliza bastante. Nunca he tenido uno.

La verdad es que físicamente estoy peor de lo que he mostrado al público, pero como están las cosas no puedo mostrar debilidad. Como estoy ahora puede que i se juntaran todas las Termitas conseguirían derrotarme, pero eso mejor que no lo sepan. Aun tardaré un par de días en recuperarme de la toda, mi paliza fue de gran magnitud. Eso me atemoriza, nunca antes me había sentido tan vulnerable. Siempre he ganado y era la mejor, todos me obedecían, cumplía con mis misiones y no había enemigo que pudiera conmigo... pero esta vez he perdido y eso me frustra mucho y me da miedo.

Por otro lado los motivos que le he dado a Alicia son reales, solo me fio de ella para que complete la misión. Si pensara que había otro modo de derrotar a la Unión no la hubiera enviado pero... si queremos ganar a la Unión debemos de ser capaces de derrotar o herir a los miembros de los escuadrones letales y solo así se puede hacer.

Esta vulnerabilidad la descubrí un día que estaba de misión en el Antiguo Mundo. Una de las excepcionales veces que la Unión envía unidades fuera del Continente Renacido. Íbamos a Denbek para ver si recuperamos tecnología del Antiguo Mundo que nos pudiera servir... O no mierda Denbek, no eh advertido a Alicia sobre esa ciudad, nosotras íbamos preparadas para evitar eso... ella no, mierda, podría infectarse y morir. Espero que no encuentre esa ciudad, tampoco tiene por que encontrarla ¿No? El caso es que peinando la ciudad de Denbek llegue, yo sola, a una tienda llena de minerales de distintos colores y tamaños. Dentro de una vitrina vi que había un mineral de tamaño considerable y debajo minerales mucho más pequeños del mismo mineral. Llevaba puesta la armadura y en el momento en que toqué uno de esos minerales el dedo con el que lo había tocado se quedó al descubierto. Era como si aquel mineral hubiera repelido los nanobots. Cogí el mineral grande y unos cuantos pequeños, los metí en una bolsita de cuero hermética y me los lleve. Una vez en la sede de la Unión, mi casa, empecé a investigar y a hacer experimentos en secreto. Así descubrí que ese mineral se llamaba diamante y que si la combinaba con las armas podía herirme aunque llevara la armadura. Me asusté mucho de que hubiera un material que pudiera dañarme, así que temiendo que se usara contra mí, en una misión rutinaria, lancé todos los diamantes que tenía a la lava de un volcán. No quería ni ver en pintura eso que me podía dañar, así que lo mantuve en secreto. No sé hasta qué punto la Unión sabe eso, de hecho en todo el continente nunca he visto un mineral como esos. Puede que los eliminaran todos o puede que en el Continente Renacido no haya, pero espero que ellos si lo saben no sepan que yo también lo sé.

Cierro los ojos y empiezo a relajarme, abrazada a Peluchín, para poder dormir. No me preocupa que nadie entre y me ante mientras duermo. No pueden abrir la puerta y aunque lo hicieran cuando duermo los nanobots están en guardia vigilando, si se diera el caso de que mi integridad física estuviera en peligro y yo no me hubiera despertado los nanobots moverían el cuerpo para protegerlo, ya que ellos dependen de mi como yo de ellos. No sé por qué considero como seres vivos a los nanobots, pero los considero como una parte más de mi cuerpo, como mis células o mi torrente sanguíneo, simplemente son parte de mí.

Abro los ojos después de un largo y reparador sueño. No sé qué hora es. Miro a mí alrededor mientras pestañeo y bostezo, todo sigue Igual. Estiro mis músculos. Cuando toco el cojín lo noto húmedo, vaya resulta que se me ha caído la baba y todo. Peluchín está tirado en el suelo como el resto de las sabanas. Es que soy muy inquieta cuando duermo.

Salgo de la cama, voy al baño y me aseo, le doy patadas a las cosas que veo pro el suelo en vez de recogerlas. Observo la habitación cogiéndome de las caderas y pienso que Alicia ha hecho un buen trabajo con la decoración, aunque la habitación parece un poco infantil. Al pensar en Alicia me da un pinchazo en la parte baja de los pulmones a causa de la preocupación.

- Espero que no vayas a Denbek.- Digo en voz alta.- Pero bueno, yo ya no puedo hacer nada por ti. No hoy ni ayer cuando lo pensé.

Me visto rápidamente con la misma ropa que ayer, ¿Para qué ensuciar otra? Si total no he sudado. Una vez vestida salgo de la habitación. Las Termitas deambulan por toda la Válantain, pero se paran y se quedan mirándome como si las hubiera pillado haciendo algo malo. Yo simplemente sonrió cuando me miran. No me importa que deambulen de aquí para allá, total no pueden hacer nada que perjudique a la nave.

Llego a la sala de control y como viene siendo habitual allí están Kalindra y Carolina.

- Buenos días. Parece que os gusta mucho esta sala.- Digo.

- Puf.- Murmura Carolina.



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En el texto hay: distopia, tecnologia, chicas protagonistas

Editado: 24.02.2019

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