Espinas de algodón

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En el cuarto día me levanté más temprano de lo costumbre ya estaba lista 10 minutos antes de la hora acordada, le di un beso en la frente a mi madre para irme, ni si quiera me pregunto a dónde iba aunque, en esas  alturas ya no era necesario hacerlo.

Cuando llegué te vi esperándome sentando en una silla, traías unos jeans oscuros junto con una polera larga, te veías demasiado bien. Cuando me fui acercando noté que los músculos de tu abdomen se marcaban levemente en tu ropa, luego notaste mi mirada insistente en ti, me miraste de arriba a bajo y luego sonreíste, traté de calmar los nervios que sentía al verte.

"Hola" Tomé asiento a tu lado.

"¿Qué tal?" Me preguntaste mientras la mesera se acercó a ti y empezó a pedir, observé todo atentamente; te veías indiferente con ella, no le regalaste ninguna mirada si no era necesario.

Te respondí y empezamos a conversar, me sorprendió lo bien que fluía la conversación, las tazas de café estaban vacías en una esquina de la mesa mientras que tú pedías algo para comer.

Me contaste porque ese día actuabas así y en ese momento aprendí algo de ti.

Me dijiste que te sentías presionado porque hoy te tocaba jugar un partido muy importante para ti y tenías que concentrarte al máximo, al parecer tu pasión se encontraba en el fútbol pude darme cuenta al ver ese brillo en tus ojos, era normal que actuarás así, querías dar lo mejor de ti después de todo; también me comentaste que es un deporte que lo juegas desde que tienes memoria.

Yo no tenía mucho que decir sobre el tema, no era muy fanática de esas cosas pero luego todo cambió, porque cuando llegué a mi casa busqué todo lo relacionado con eso.

También te pregunté tu edad y te sorprendiste cuando te dije la mía, aunque tu reacción no fue diferente a la mía cuando me dijiste.

"Tengo 18 ¿y tú?" Me habías dicho con una sonrisa.

Tragué grueso para luego responder:

"Tengo 20" Nunca creí que fueras  menor que yo, te veías de más edad. A penas estabas cursando en el instituto y a mi me quedaba dos años para graduarme.

"Bueno, soy legal para ti, descuida"

Y en ese momento reímos a carcajadas.

Cuando me dejaste en mi casa te despediste con un beso en mi frente, se sintió tan raro; el toque de tus labios era suave quería seguir sintiéndolo.



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En el texto hay: desamor, experiencias, erotismo y amor

Editado: 06.08.2019

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