Essentia

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Recuerdo lo que pasó

Viernes en la noche. Terminé de leer la carta de Dante y apenas si tuve fuerzas para soltarla y volver a la cama. La misma sensación que unos minutos atrás no me dejaba conciliar el sueño, ahora me arrastraba a la inconciencia a una velocidad alarmante. No me dio tiempo siquiera para taparme con las mantas; se instaló un peso en mi pecho que me hizo caer sobre el colchón con la vista en el techo.

Mis ojos se cerraron agradecidos por el merecido descanso, pero dicho estado no duró demasiado. Un instante después algo volvió a despertarme, solo que no pude abrir los ojos y mi cuerpo no respondía las órdenes de movimiento que le enviaba. Estaba paralizada, literalmente.

No tuve tiempo para preocuparme por esto, ya que algo aún más extraño empezaba a ocurrir. Si no supiera que es imposible, habría jurado que alguien se sentó sobre mi pecho y trataba de atravesar piel, tejido y huesos para asentarse en mi interior, como si mi cuerpo fuera un traje y mi conciencia un mero adorno.

La impresión de que un intruso intentaba colarse en mi cuerpo pareció durar horas, haciendo que el dolor aumentará con cada centímetro que avanzaba; abriendo, desgarrando, colándose un poco y luego reiniciando el proceso, así hasta el infinito, provocando una agonía indescriptible e inolvidable.

La peor parte era que no podía moverme ni emitir sonido alguno; quien hubiese pasado por allí en aquel momento solo me vería como una persona dormida, sin escuchar más ruido que el de mi respiración que, eso sí, estaba muy acelerada.

Cuando todo terminó pude abrir los ojos y sentarme en el borde de la cama, ya sin rastro del dolor que me había acompañado durante todo el proceso. Pero la orden de sentarme no la había dado yo, descubrí con creciente pánico. Bajé la cabeza siguiendo órdenes ajenas a mi mente para descubrir que tampoco era mi cuerpo el que estaba viendo, sino el de un completo extraño.

No entendía nada de todo eso y lo peor era la falta de control sobre mis acciones. De alguna forma, estaba segura de que ese sí era mi cuerpo, pero alguien más había entrado y lo controlaba a su antojo, incluyendo el aspecto físico. Era Dante, de eso no me cabía duda.

Un golpe seco llevó nuestra atención a la ventana, por la que venía entrando la sombra que me había convencido de leer la carta. Tiró una bolsa de plástico sobre la cama y se cruzó de brazos, analizando a Dante.

—Deberías ponerte algo más… cómodo —dudó antes de soltar la última palabra. Señaló la bolsa y agregó—: Espero que sea de tu talla.

Dante tomó la bolsa para estudiar su contenido: un conjunto de ropa y un par de botas. Sin decir nada, fue al baño con la bolsa en la mano, echando un vistazo a la cama de Louis, que no se había despertado ni cuando la otra persona en la habitación habló.

Mi héroe, pensé con sarcasmo, recordando su insistencia unos días antes en que podía estar tranquila compartiendo cuarto con él.

Dante pasó el seguro de la puerta y se miró al espejo, lo cual me dio la oportunidad de estudiar su aspecto: piel bronceada, un cuerpo atlético, ojos color caoba y una mata ondulada de cabello negro cubriéndole la frente y las orejas. Era un hombre atractivo, no tendría más de treinta años, y gracias a las deducciones que habíamos sacado, llevaba muerto como mínimo unos cuantos meses.

Alguien así de joven tendría que estar disfrutando su vida, no robándole escasas horas a la de alguien más, reflexioné con pesar.

—Si te sirve de consuelo, yo no elegí esto —respondió Dante en voz alta, sin apartar los ojos de su reflejo. Me sobresalté, sin poderme creer que en serio hubiese escuchado lo que pensé, pero aun así no le di muchas vueltas al asunto. Tenía que aprovechar el momento para resolver algunas de las dudas más importantes para entender cómo funcionaba todo aquel asunto de las cartas.

¿Cómo te robaste el control de mi cuerpo?, cuestioné.

—Para aclarar: no lo robé, solo lo tomé prestado por un tiempo indefinido. —No siguió hablando hasta que no recibió una señal de que había entendido su punto. Su desesperación por dejar en claro que no hacía nada malo era a la vez tierna y perturbadora—. En realidad, no sé cómo he llegado; hace un momento estaba encerrado en la tumba contando los segundos como si fueran horas, y de pronto una corriente de oscuridad me arrastró hasta aquí, donde desperté con un cuerpo nuevo y sabiendo que debo iniciar mi venganza tan pronto como pueda.

Entendí todo lo que dijo, pero una parte me dejó helada.

¿Cómo es eso de que estabas en la tumba?



Elena Grey

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En el texto hay: ficcion juvenil, asesinatos, obsesion

Editado: 02.11.2019

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