Estallido interno

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Capítulo I

- ¿Que es lo que en verdad quieres conmigo Mía?

Esa fue sin duda una de las preguntas más  difíciles de mi vida hasta ese momento.

Dicen que el sentimiento más bonito es el amor, te llena. Pero en mi había un vacío que había dejado mi padre, era alcohólico y nunca me reconoció como su hija. Cuando tienes un vacío siempre buscas la manera de llenarlo, algo que te haga sentir completa para que te olvides de lo que te hace falta, de lo que no te deja ser feliz. Mi vacío lo llenaba con los chicos. 
¿Por qué digo esto? En cierta parte todo eso influyó en mi forma de ser y de ver la vida, pero siempre llega una persona y te hace ver que la moneda tiene otra cara, que tu vida está llena de colores y que siempre habrá una persona que logre sacudir tu mundo completamente pero eso ya no es posible por que que ese mundo es él, así fue como cambió mi vida desde que Jace entró a la mía y se quedó para cambiarla. 
No tiene sentido que cuente mi pasado pero si desde que me percate de este vacío que hay en mi. 
A principios de tercer semestre en la preparatoria comenzó todo. El lenguaje fue lo primero que influyó en esta nueva faceta de mi vida ya que podías hablar con cualquier persona del tema que quisieras sin que te tomarán a loco o loca, yo siempre escuchaba como en mi salón hablaban de sexo y de que chicas especialmente habían pasado por los compañeros de mi salón, y si, todo eso despertó mi interés, no sabía nada, era virgen. Muchos chicos de mi escuela querían pasar el rato conmigo pero yo siempre los rechazaba. Empecé a ir con los compañeros de mi salón a tomar,a fumar y por mi mente siempre pasaba el "si mi padre lo hace, ¿por qué yo no?“ sin duda siempre hubo un amigo que me enseñó como cuidarme de los demás chicos y como diferenciar de uno que me ve como mujer y otro que me ve como su compañera de vida, ese amigo es Nathan. Paso el tiempo en la preparatoria, perdí mi virginidad con un chico que me llevó a la cama con engaños, después de mi primera vez me di cuenta que era muy placentero el sexo, comencé a aceptar a los que me buscaban para tener un rato conmigo y ahí comencé a llenar mi vacío ya que el alcohol y el cigarro no eran suficientes. 
Un día común y corriente iba en camino a la escuela claro que siempre me iba en transporte público, al subirme me senté y cuando alcé la mirada vi a un chico guapísimo, unos ojos rasgados detrás de unos lentes que iban de acuerdo a su personalidad, un cabello ondulado que caía en ese rostro blanco... Sin duda alguna mis pupilas se dilataron, mi respiración se aceleró y me mordí los labios imaginando que eran los de él. A los pocos segundos se dio cuenta de que lo estaba viendo y me miró... Nuestras miradas se encontraron, silenciosas, las dos ocultaban cosas. Me apené tanto de que me viera, la primera vez que me ponía nerviosa frente a un chico. Aparte la mirada. 
Me percate de que iba arremedando los mismos movimientos que yo hacía y decidí seguirle el juego “uno más a mi lista" pensé, llegue a mi parada, pague el pasaje y con una última mirada traviesa me despedí de él, el encanto se acabo. 
Pasaron los meses y nunca más lo volví a ver.

- ¿Y porque no le preguntaste su nombre? 
- No pude, me puse muy nerviosa y sabes que eso no me pasa con los demás chicos con los que salgo. 
- Ya se te pasará Mía, solo viste a ese chico una vez. Estoy seguro que solo fue su atractivo. 
- Tienes razón Nathan.

Paso el tiempo, seguí llenando mi vacío. 
Era mi último semestre en la preparatoria, mis calificaciones fueron buenas y había hecho todos mis trámites para entrar a la universidad. Como me quedaba lejos de mi casa mi madre decidió rentarme un cuarto en un departamento cerca de la universidad. Todo estaba listo. 
Acabaron mis evaluaciones finales, asistí a mi graduación, disfrute mis vacaciones y la última semana me la pase empacando mis cosas para irme el fin de semana y poder acomodar todo en el cuarto donde iba a rentar. 
Viernes en la noche mi madre me fue a dejar al departamento, me ayudó a desempacar y se quedo a dormir. Al siguiente día se fue por la mañana. 
- Prometeme que vas a portate bien y me vas a marcar todas las noches. - Me decía mi madre mientras me abrazaba. 
- Claro que sí, puedes confiar en mi. Te voy a extrañar demasiado. - Y la abrazo con mucha más fuerza. 
- Me quedo tranquila. Portate bien y mucha suerte en tu primer día de clases, no olvides que te quiero. 
- Gracias mamá, el lunes te hablo por teléfono cuando llegue a la universidad. Te quiero. Adiós madre. 
Mi madre salió del departamento y se subió a su carro, vi como avanzaba hasta perderse en los demás carros. La voy a extrañar tanto.



Zury Díaz

Editado: 03.07.2019

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