Esto es guerra, querido vecino

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7. Mi algodón de azúcar

¿Acaso estoy sorda? ¿Tanta mala suerte me está afectando el cerebro? o estoy en otra galaxia… ¡Humm! no definitivamente es lo más absurdo que haya imaginado, esto debe ser un sueño o mejor dicho una pesadilla… Stone me está detenido en sus brazos por el fuerte choque al tropezarnos y lo peor de todo es que me está mirando directamente a los ojos. Pestañeo un par de veces para comprobar que esta es la realidad; finalmente lo empujo con mis puños y mantengo una distancia prudente.

¡No me gusta tenerlo cerca! Lo considero un enemigo, bueno creo que estoy exagerando pero si me aferro fiel a la idea de que no es una persona de confianza.

Me quedo quieta contemplando todo su rostro y sin darme cuenta toda mi atención está en sus finos labios rosados, aparto la mirada de él y sacudo mi cabeza reprochándome a mí misma –mira quería pedirte que… – ¡Hay no! ¡Hay no! por la santa virgen qué clase de trato sucio esta por pedirme, tengo miedo.

Deja la conversación a medias en el momento en que Noa se para a un lado – ¿qué quieres idiota? –lo que faltaba el estúpido mayor llego ¡yupi! la cereza del jodido pastel. Sus brazos en un deliberado movimiento se posan sobre mi cuello acercando mi cara a su pecho (este es un patético y mal ejecutado intento de marcarme como su pertenencia y eso me molesta, no soy el juguete de nadie) – ¿Qué crees que haces hablando con mi cosita bonita? esta chica es mi novia y no permito que ningún chico se acerque a hablarle, ni siquiera confió en el ratón de biblioteca de Luke –coloco mis manos en sus hombros y me alejo furiosa mientras Tyler sigue con su inquietante sonrisa.

-Te prohíbo que en tu vida vuelvas a ponerme una mano encima además no te pertenezco para que te atrevas a decir toda esta basura – me dan una inmensas ganas de abofetearlo pero para su suerte logro controlarme. Mi vista se vuelve a Stone y contrario a lo que pienso que pueda hacer se ve muy divertido, más de lo que debería; me cruzo de brazos para que vea que no me agrada ni un poco su actitud –en cuanto a ti ¿para qué me necesitabas? –Noa se ve molesto y simplemente se va dejando consigo un par de maldiciones que la verdad me importan muy poco.

-Wow conejito no sabía que te defendías –su sarcasmo me cae como agua de basura. Imito sus gestos sin emitir sonidos –necesitaba tus apuntes de química, ya sabes… –como si fuese gracioso me guiña el ojo con aire coqueto –la tarea. –Saco el cuaderno y sin chistar se lo paso, quiero decir, ¿tengo otra opción? si lo rechazo debo estar preparada así que prefiero esto. Lo toma sonriente casi como un animal toma su presa, me sonríe y por lo bajo dice “gracias” se va y me tira un beso imaginario (sabe que eso me molesta y por eso lo hace).

 

-Señorita Smith ¿va a exponer o no? recuerde que no tenemos todo el día. –Maldita química, malditos jeroglíficos que se hacen llamar ecuaciones, maldito viejo calvo que me presiona y malditos ojos que me intimidan ¡malditos todos! mis manos en movimientos involuntarios toman mi cabello, estoy nerviosa muy nerviosa y más cuando a quienes tengo enfrente son a Stone, a Sara, a Chris e inclusive a Luke ¡estoy muriendo aquí! –Señorita Kelsie Smith Wood por última vez hoy – ¡oh no cuando dice mi nombre completo es porque estoy en serios problemas! –va o no a exponer –grita haciéndome tragar saliva. Tomo el marcador y me dirijo al tablero pero mi pulso falla, parezco con Parkinson o algo por ese estilo –señorita Smith una niña de cinco años tiene más determinación que usted –lo dice en forma de chiste pero para mí alivio a nadie parece darle gracia.

¿Por qué en estos momentos se me olvido todo lo que estuve estudiando anoche?; estoy segura que parezco una tonta frente al tablero. Siento los intimidantes pasos atrás de mí, se hace a mi costado y me arrebata el marcador enseguida (esta que hecha arcoíris en sus cuatro pelos) –Smith lo que está haciendo es patético ¿no eres lo suficiente inteligente como para resolver una simple operación o qué diablos? –Me siento horrible – quizás por ello es una de las peores alumnas de mi clase…

Todos quedan en silencio en el momento en que Luke se para frente a nosotros arrebatándole el marcador. No tengo ni poca idea como logra resolver esos jeroglíficos tan rápidamente esbozando una sonrisa al profesor al mismo tiempo que rosa su mano en mi hombro –señor Brown con todo respeto en vez de criticar a Kel debería criticarse a sí mismo – en la clase entera se forma un inmenso “uhh” a lo que Brown los calla con la mirada –nada de lo que usted acaba de decir es cierto, esta chica la conozco muy bien y es más inteligente de lo que muchos piensan, así que no la subestime –sus palabras deberías de una u otra forma animarme pero tristemente no lo logra, al contrario de cierto modo todo se vuelve mucho peor en mi interior.

Puede que el calvo tenga razón, quizás no sea lo suficientemente inteligente y buena para hacer las cosas, quizás en lo único en que me especializo y soy una tremenda profesional es en el arte de la torpeza; solo basta con ver como Luke resolvió en pocos segundos ecuaciones que yo ni en un mes aprendería.



Natalia Moreno

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En el texto hay: novelajuvenil, comedia romantica, vecinos

Editado: 05.02.2020

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