Esto es guerra, querido vecino

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34. Maldito malcriado

—¿E-Es este? —pregunto en el momento en que el uber se detiene.

Escucho un sonoro bufido de más que aburrimiento, enojo. Creó que me he pasado casi todo el camino preguntando por que calle vamos, y es que la verdad estar en un auto extraño y a esas horas de la noche me daba mucha desconfianza.

Sin embargo pone sus manos firmes contra el volante y al mismo tiempo se gira a mirarme, dejando a la vista su feo bigote en forma de palillo.

—Si, este es el Broklyn —extiende su mano, al parecer para que le de el dinero. Entonces me remuevo del asiento y saco mi billetera de la parte trasera de mi pantalón.

Con este movimiento llego a tener una vista plena del letrero que dice "Broklyn".

Me quedó admirando el edificio por unos segundos hasta que escucho la voz del hombre mucho mas malhumorada que antes —¡¡Me va a dar el dinero o no!!

Doy un chasquido con la boca y se lo paso inmediatamente, entonces me bajo y el auto casi llega a rozar con fuerza mi cuerpo.

¡Pero que clase de Uber es ese!... decidí ígnorar eso, y solo observar como el auto se alejaba lentamente, abriéndose paso por la carretera.

Di una vuelta rapida y sin perder mas tiempo caminé un par de pasos hasta toparme con la puerta de vidrio automática.

Doy un paso y inmediatamente ese olor a alcohol inunda mis fosas nasales; sin embargo sigo mi caminó con los puños bien cerrados.

Entonces por como se ven las instalaciones me doy cuenta que este no es un hospital público y común... es una clínica privada. Se ve caro pasar una noche aquí.

Había escuchado un par de veces de ese lugar, sin embargo nunca me había interesado ir y tampoco es como si fuera mucho de mi gusto.

Dejo de ver las personas sentadas esperando su turno cuando me topo con una de las secretarías. Es una chica de tez blanca, ojos cafes y un bonito cabello negro que no le llega a mucho mas de la mitad de su cuello.

Me acercó y le sonrió y por su parte ella hace lo mismo —buenas noche —ella deja de teclear su computadora mientras asiente que lo cabeza.

—Buenas noches, ¿le puedo ayudar en algo?

Dejo de mirarla en el momento en que hurgo las cosas en mi billetera, hasta que me encuentró con el papel que que me había dado Halen. Para mi mala suerte no recordaba que no había muchas más información más que el nombre del hospital.

Pongo mis manos en el gran mostrador de cristal —hm, realmente sí... quiero decir, soy familiar de Tyler, Tyler Stone —miento.

—¿Es familiar de quién? —repite poniendo su cabeza de medió lado, mientras posa sus manos de nuevo en el teclado.

—Tyler Stone —repito mas despacio. —Necesitó saber la habitación en que esta internado.

Luego de unos tantos minutos ella me mira decepcionada —no hay ningún Tyler Stone aqui, y además no puedo darle información de los pacientes sin una autorización.

Le miró por unos segundos confundida, sin embargo una idea loca de lo que pudo hacer Halen llega a mi mente, asiento mientras me alejo un par de metros del mostrador.

.

.

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El rinton suena y con ello mi paciencia esta a punto de acabar hasta que escucho como la llamada se conecta.

—Y ahora ¿que quieres? —escucho como con voz ronca arrastra las palabras.

—Halen, no me digas que todo lo de Tyler fue una broma y me hiciste venir hasta aquí para nada.

Escuchó una pequeña risita que me lleva al punto de enojarme aún mas —¿pero de que estas hablando?

—Pregunté por Tyler y en los datos el no existe, simplemente el no esta aquí.

Halen pasa de reír y la escucho mas bien gruñir un poco —sabes que en ninguna clinica le dan informacion a alguien no autorizado ¿no? —se escucha un silencio en el que me da espacio para que contesté, pero no lo hago, asi que ella prosigue —bueno como sea, habitación 205... ¿Entiendes? 205, 2-0-5 —me deletrea estresada —nos vemos mañana, debo terminar la tarea de química.

Abro los ojos de par en par, había olvidado lo de química... me resigno, probablemente al día siguiente o pierda la asignatura o simplemente no vaya.

Me encojo de hombros mientras doy medía vuelta.

Pretendo seguir mi camino para encontrar la habitación, pero la voz de la asistente me detiene —¡Señorita, no puede ir a las habitaciones sin autorización! —me habla esta vez con mas determinación.

Frunzo el ceño pero me obligó a mi misma a fingir una sonrisa.

—No, solo voy a buscar el baño —ella levanta una ceja, al parecer no creyéndose del todo mi versión, pero para mi buena suerte asiente y con su mano me indica que siga.

Comienzo a caminar por el gran pasillo. Una vez que me aseguró de que estoy fuera de la vista de la pelinegra comienzo a mirar el numero de habitación en cada pasillo, para mi mala suerte el hospital es lo bastante grande.

Me detengo al ver la habitación 199... no estoy muy lejos.

Los corredores lucen tan limpios, las paredes blancas con una franja azul perfectamente estocadas juntó con las puertas del mismo color. Sigo con mi vista puesta en la parte de arriba de las puertas pues en ellas esta escrito el numero de habitación.

—¡¡Oiga!! —me grita de pronto una mujer de edad medía y uniforme azul oscuro, quién tiene entre sus manos un gran trapeador desplegado en el piso —¡Que esta ciega ¿o que?!

—¿Disculpe? —exclamó sorprendida mientras doy pasos hacía atras.

—¿Esta usted ciega o algo por ese estilo? Estoy limpiando ¿que no ve? —tragó duro, no me habia fijado en eso. De razón el olor tan persistente a canela.

—L-Lo siento señora, no me fije. Estaba distraída vien... —me detengo al momento en que escucho el estruendo de una puerta, al parecer, no muy alejado del sitio de ese pasillo. Del mismo modo la mujer hace lo mismo, ambas nos miramos interrogantes, sin embargo nadie dice nada.

Entonces las puertas se abren con fuerza, el chico toma de la camisa a uno de los doctores con fuerza y furia.

—¡¡Este hospital es una mierda, usted es un pésimo doctor!! Por su negligencia ella esta ahí, en esa cama... y ustedes no hacen nada —le apreta con mas fuerza el dobles del cuello, presionando su cabeza cada vez más contra la pared.



Natalia Moreno

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En el texto hay: novelajuvenil, comedia romantica, vecinos

Editado: 22.11.2019

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