Esto es guerra, querido vecino

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51. Un amor obsesivo

—¡Camina! —su boca me gritó muy fuerte en el oido antes de terminar por abrir la puerta del edificio.

Miré fijamente al guardia, por breves segundos quise gritar y pedirle que me ayudará hasta que sentí como algo frío presionó con tanta fuerza mi costilla al punto de hacerme jadear.

—¿Viene con usted? —agache mi vista por mini segundos. El arma ahora estaba atrás de mi espalda haciendo imposible que la pudiera ver.

—Ehh —mis rodillas temblaron, y mi mente se bloqueó aún más cuando su cuerpo se pegó más al mío —s-si, es invitado de Ross...  —en el caminó hasta ahí Axel me había prácticamente ordenado lo que tenía que decir.

El guardia lo miró fijamente para segundos después cambiar su expresión a una sonrisa juntó con una mirada amable.

—Bueno, siendo así disfruten esta noche. Pueden pasar.

Sentí el leve movimiento de su cabeza asintiendo. Su mano libre me tomó con fuerza hasta quedar lo bastante alejados del hombre quién cuidaba el acceso a la puerta.

—Eso estuvo bien —sonrió de medió lado, mientras ponía un par de mechones de cabello detrás de mi oreja. Quise apartarme pero me resulto imposible. 

Me obligó a dar pasos rápidos hasta el último piso del edificio, el estacionamiento. Tenía la pequeña esperanza de que tal vez hubiese alguien que pudiera ayudarme, pero mi corazón se comprimio al solo notar coches y coches alrededor de todo el lugar, aquéllo era iluminado nada más que por tenues luces. 

Lo unico que se escuchaba era el sonido de la fuertes pisadas que daba aquél tipo.

Sentía como si fuese mi último día.

No. No podría darme por vencida tan fácil. No sin siquiera dar la pelea.

Vuelvo a la realidad cuando siento como el mismo me libera de su agarré. Su mano se dirige a su bolsillo, y con la otra me apunta con el arma, siento que en cualquier momento su dedo podría presionar el gatillo y eso me aterra.

No me sorprende cuándo saca mi celular. 

Sus manos nuevamente me agarran, con la única diferencia de que esta vez lo hacen con más fuerza.

Me lo entrega casi a la fuerza y yo solo me limitó a ver sus oscuros y perversos ojos mientras su boca muestra una gran sonrisa que da miedo.

—¿Qu-Que quiere que haga con esto? —inmediatamente se que e sonado como una completa idiota por mi pregunta. Pero es que estaba tan nerviosa que mis pensamientos racionales estaban bloqueados.

—¿Acaso eres idiota o te haces? —lentamente desliza el arma desde mi costilla hasta mi estomago, luego sube hasta pegarla a mí barbilla —whatsapp —pierdo el aliento.

—¿Que piensas hacer? —susurró apenas un poco. Son las únicas palabras que me salen.

—¡Por una mierda! ¿eres sorda? Que entres a whatsapp te he dicho —mis manos tiemblan de tal manera que agarró con fuerza el celular por miedo a que termine callendo.

Hago lo que me pide. El arma se desliza nuevamente quedando justó en mi abdomen.

—Stone —me susurra poniendo su mano atrás de mi cuello. Tragó saliva cuando siento su boca en mi oreja, hago un esfuerzo sobre humano por no gritar porque se que me irá peor. —escribe, ¡maldita sea! ¿debo decirte cada cosa que debes hacer? 

Me giró a mirarle suplicante —n-no porfavor... Tyler... no —sus labios esbozan una sonrisa aún mayor. Quisiera morir en este instante.

Tenía un nudo en la garganta.  

Lo sabía muy bien, sabía que por más que le suplicara el no me escucharía. Sabía que era una pérdida de tiempo.

—Hazlo —repitió con mucha más autoridad.

Mis dedos entraron a la conversación.

 

Tyler baja al so... —fue lo único que alcance a escribir antes de borrar nuevamente.

—¡NO! No puedo hacerlo.

Su sonrisa desapareció. Ahora solo verlo daba temor. No fue hasta que sentí como sus manos me tiraron contra el gran muro de concretó que supe que realmente podría llegar a matarme por eso.

Su mano libre me pego más contra la pared mientras la otra me amenazaba con la pistola.

—¡Me tienes hartó maldición! —su mano me arrebató el teléfono. Hice todo lo posible por impedir que siguiera escribiendo, pero ya era demasiado tardé, además, la pistola encima de mí me lo dificultaba aún más.

Usando toda mi fuerza y sin sentido común traté de empujarlo, sus manos eran demasiado grandes y fuertes por lo que no obtuve mas que un dolor aún más intenso por la presión que ejercía contra el arma.

.

.

.

Tyler 

—¡Si! —por primera vez Ross se veía completamente feliz y transparente, tal y como en su interior siempre lo había sido. —Ya se exactamente lo que voy a hacer. Mi tía tiene un conocido, el es uno de los organizadores de la gran feria del arte que se organiza cada año en esta ciudad. Es un evento supremamente importante para todos los artistas de la ciudad, ¿la conoces, verdad?

Asenti. ¿Y como no saber de la existencia de tal evento? Si cada final de noviembre prácticamente toda la ciudad asistía.

—Pues ¡le mande las fotos de mis pinturas! ¿y que crees? —juntó sus manos emocionada —me aceptaron. Las pinturas concursaran.

—¡¿Enserio Ross?! —ella asintió repetidas veces —Felicidades —se levantó sorpresivamente de su asiento. Le miré; sin entender que pretendía hacer.

Buscó un par de cosas entre las cajas que aún seguían sin destaparse. Y sin pensarlo dos veces las abrió con fuerza.

—Es un poco vergonzoso para mí contarte esto, muy pocas personas saben que me gusta la pintura pero... —se acercó con un gran fajo lleno de dibujos increíbles.

—Son... increíbles —susurre en shock. Eran realmente buenos. 

Eran tan reales, estaban tan bien hechos. Casi parecía que fuera una fotografía. Ross era increíble. 

—¿De verdad lo crees? —asenti. Estaba totalmente convencido, Ross sería la ganadora de ese concurso. No es porque fuese mi amiga ni nada por ese estilo pero... jamás había visto algo igual. Eran impresionantes —entonces necesito que me acompañen, Kelsie y tú, al concurso. Es la otra semana, claro si no le molesta joven Tyler.



Natalia Moreno

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En el texto hay: novelajuvenil, comedia romantica, vecinos

Editado: 05.02.2020

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