Estoy aquí por tí

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CAPITULO 1: "ERIC"

Siempre me he preguntado a que llegamos a esta vida. Nacemos, crecemos, sobrevivimos y morimos, un ciclo sencillo, fácil, pero con un millón de obstáculos que la mayoría de las veces te hace replantearte el hecho de ¿Merezco seguir vivo? ¿De verdad merezco todas estas caídas y resbalones que dios sabe quién puso en mi camino?

La respuesta puede ser sencilla, pero nadie tiene lo que se ha de tener para responderla. Nadie se ve lo suficientemente motivado o motivada para decirle a aquella persona que siente que su vida no vale nada: Estas en lo cierto, la vida es una mierda, pero no solo la tuya, la de todos, así que levántate y lucha por los que algún día estuvieron como tú, replanteándose si vivir o tirarse de cabeza y sin frenos por un barranco muy puntiagudo.

Me hubiera gustado que alguien me lo dijera en aquel momento que decidí cambiar el rumbo de mi vida. Porque sí, toqué fondo, pero me levanté gracias a mí misma, a los de mi entorno y a las psicólogas muy buenas que mi madre decidió que podían servir en la recuperación de mi autoestima.

Desde entonces, me convertí en alguien frio, sin piedad. Alguien que solo piensa en sus necesidades. "Si tu no piensas en ti misma, quien lo va a hacer por ti" esa frase se convirtió en la base de mi vida. Nadie estaba a mi altura, nadie se merecía mi cariño, y nadie iba a ser lo suficientemente bueno para mí. Aunque en alguna parte oscura de mi adolescencia pensase que esa persona podría ser lo mas importante de toda mi vida, no estaba en lo correcto. Nadie se merece ni mi dolor ni mis lágrimas, nadie me merece.

Me repetía a mi misma que lo importante era ser feliz, a mi manera, pero conseguir serlo. Yo sola contra el mundo. Se cruzaron muchas personas en mi vida: hombres, mujeres. Pero no llegaron a nada, todo se resumía en el sexo y punto. Al día siguiente, tomaban su ropa y se iban. No por que no quisieran quedarse, por que yo les levantaba rápidamente, cogía su ropa y les cerraba la puerta en la cara.

A veces no llegaban ni a coger su ropa, bajaban corriendo las escaleras del portal donde vivían para que los pocos vecinos que me quedaban no se dieran cuenta de que se paseaban como dios los trajo al mundo. Cuando yo era consciente de ello y con la poca dulzura que quedaba dentro de mí, lanzaba su ropa desde la gran terraza de mi ático céntrico en Madrid, Valencia, Málaga, Sevilla, Tarragona o Bilbao.

Entre insultos y comentarios despectivos que no me importaban en absoluto, cerraba las ventanas francesas, correderas, plegables, pivotantes o oscilo-paralelas, sabiendo que nunca más iba a volver a escuchar esa voz. Y así, desayunaba tranquila para volver a empezar mi maravilloso día.

Era triste pensar que todo esto empezó cuando era una mocosa de 12 años, con ilusiones, romántica empedernida, atrapada en libros con temática cliché y con ganas de destacar en cualquier cosa para que nadie se diera cuenta de que, por dentro, todo mi aspecto físico y mis inseguridades me creaban una debilidad imposible de describir.

¿Cómo empezó todo? Pues en una fiesta ¡Como va a ser si no! En esa fiesta lo conocí, conocí al amor de mi vida. Conocí a la persona con la que pensaba que podía compartir el resto de mi vida, la persona en la que podía confiar, en la que podía creer y la que pensaba que nunca me iba a fallar

Lo conocí a él, conocí a ERIC.

 



Claudia Oliván

Editado: 26.05.2019

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