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Capítulo 5. ¡Se ha resfriado!

Pasados los días tocaba de nuevo volver a llevar a Rafa al médico, aunque al final el propósito se desvió de ser llevarlo a la psicóloga.

Aquella noche los sueños de Rafa se juntaron a una tos ronca y unos estornudos, escuché como se levantó varias veces por la noche para sonarse la nariz. Había cogido frío y me temía que pudiera haberse resfriado. Una de las veces que se levantó con estornudos me decidí en ir a ver cómo estaba. Lo encontré sentado a los pies de la cama con la nariz roja y la cara amarilla. Con los ojos cansados y grandes ojeras aun tuvo fuerzas para sonreír.

—Buenos días —tenía la voz gangosa al hablar. Dejó el pañuelo usado sobre la mesita de noche.

—Rafa, ¿te encuentras bien?

—Me duele un poco la cabeza y me molesta la garganta al tragar.

Me acerqué y posé mi mano sobre su frente, estaba ardiendo, pero como sabía que aquello no me valdría de mucho decidí ponerle el termómetro.

—No te muevas.

—¿Crees que estoy malito? —preguntó mirando el termómetro bajo su brazo.

—Seguro que has cogido frío en la playa, ya te dije que no te mojaras.

Un día antes había decidido dar una vuelta por el pueblo. Rafa sabiendo que apenas quedaba unas semanas para la llegada del verano propuso ir a la playa. Yo no vi mal un paseo por la orilla, en realidad llevaba bastante tiempo queriendo hacerlo pero nunca terminaba bajando hasta la playa.

—¡Mira Laura! —señaló un cubo lleno de cangrejos que unos niños estaban capturando.

Los pequeños crustáceos llamaron tanto la atención de Rafa que su próxima meta fue hacerse con uno, <<¡Yo también voy a coger uno!>>, gritó mientras salía corriendo hacía el agua.

—Ten cuidado, no te mojes —pero mi advertencia sirvió más bien poco.

Me senté en la arena y lo observé de lejos. Sus pies descalzos andaban sobre el agua que apenas le cubría los talones y que ni siquiera llegaba a rozar el filo del pantalón que se había remangado para prevenir. Sus enormes dedos en comparación con los de los niños le daban una enorme desventaja a la hora de sacar a los cangrejos de los sitios pequeños, aun así él persistía en su tarea. Afanados por encontrar más genero, los niños lo invitaron a ir a rocas que se alejaban de la orilla. Como él no veía nada malo en ello y yo, distraída con mi móvil sin acostumbrar a cuidar de nadie, no lo vi, Rafa accedió. Para evitar mojarse subían de roca en roca y por el camino buscaban a los cangrejos escondidos.

Me quedé dormida, ni siquiera me di cuenta de cuándo, pero me quedé dormida. Supongo que el sonido tranquilizante de las olas junto a la acumulación de noches sin dormir fueron la causa de que no me importara que mi nuevo colchón estuviera compuesto de arena. Me despertaron unas gotas de agua que cayeron sobre mi frente, abrí los ojos perezosamente para encontrarme con un Rafa mojado de pies a cabeza.

—Rafa —me incorporé recordando donde me encontraba—. ¿No te dije que no te mojaras?

—Me caí al agua, fue sin querer. Pero mira.

Cogió mi mano, dejó algo en ella y la volvió a cerrar.

Mientras me di cuenta de lo que era y mi cuerpo reaccionaba con un brinco y un grito, Rafa exclamó ilusionado <<¡Cogí uno!>>.

Ese día pensé que si algo me llevaba a casa era un buen susto provocado por el pequeño cangrejo que correteó por mi mano segundos antes de salir volando. Pero no solo me llevé un susto, Rafa se llevó consigo un resfriado.

Al retirarle el termómetro vi tal y como me esperaba que Rafa tenía fiebre.

No perdimos un segundo, llevé a Rafa más temprano de lo esperado al médico. Llegamos y yo estaba atacada, ¿cómo podía haber hecho enfermar a Rafa si apenas llevaba una semana y algo conmigo? Pero claro, aquella no era la primera vez que yo terminaba fastidiándolo. Yo ya sentía que si alguien tenía la culpa de que Rafa perdiera la memoria era yo, por culpa de hacerme un favor el pobre terminó con la mente de un crío. Y ahora esto, por culpa de mi despiste y mi falta de sueño Rafa había pescado un resfriado, cuando se suponía que lo único que tenía que haber pescado aquel día eran unos simples cangrejos. No hacía otra cosa que echarme las culpas, mis nervios estaban a flor en piel. Si yo ya lo sabía, yo no puedo cuidar de alguien.

—Laura, Rafa, ¿qué hacéis aquí tan temprano? Laura, la cita no es hasta dentro de dos horas.

No nos dio tiempo a entrar por la puerta del hospital que ya nos encontramos de frente con Sonia que andaba pensativa concentrada en su carpeta, pero que no dudó ni un segundo en saludar al vernos. Me adelanté a contarle el motivo por el que estábamos allí antes de que se le ocurriera ir a la cafetería a hablar frente a un café.

—¡Sonia! ¡Rafa tiene fiebre!

Sonia se me quedó mirando con los ojos llenos de sorpresa y una sonrisa en la comisura de los labios que aumentó cuando comprendió porque mi acompañante vestía de aquella manera. Lo cierto es que esa mañana, para que Rafa no cogiera frío, saqué del armario un enorme abrigo de pelo que jamás utilizaba, le ate a la garganta una bufanda que daba calor con solo verla y un gorro que utilicé hace bastantes años cuando por primera vez fui a la nieve.



AllisonMonroe

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En el texto hay: recuerdos, memoria, amistad amor

Editado: 01.12.2019

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