Estoy contigo.

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Capítulo 10. El parque acuático.

Varios días después, los padres de Rafa volvieron a presentarse en mi casa para visitar a su hijo. Me los encontré en la puerta callados como si algo los hubiera dejado mudos y blancos como la cal, parecía que se habían dado una buena capa de polvos talco sobre la cara. La razón de todo esto: La vergüenza.

Se habían enterado de mi encuentro con Nidia en el supermercado. Puedo jurarte que ese momento sentí el peso del cielo sobre mis hombros <<Vienen a quitarme a Rafa>>, no dije nada, me limité a escucharlos mientras me preparaba para la horrorosa noticia. Pero para mi sorpresa, aquellas dos personas no me regañaron en ningún momento ni comentaron algo negativo hacia mí, sino mas bien, durante todo el tiempo que duró nuestra conversación intentaron excusar a la novia de Rafa pidiendo mil disculpas por ella y prometiendo que no volvería a suceder nada parecido. Estaban tremendamente avergonzados y creo que ni se lo creyeron cuando les aseguré que ya no tenía importancia, en el final de sus frases arrastraban la vergüenza que no llegaba a tornar sus mejillas en rojas.

Y desde entonces poco fue diferente, pasábamos los días en la playa entre arena, agua, charlas entre madres y juegos de niños. Pero a todo ello se nos unió Cris que teniendo a mano medio mes de vacaciones se pasaba los días con nosotros.

Entonces me tocó llevar a Rafa al médico. Nuestros viajecitos hacia la ciudad se habían vistos acompañados por un nuevo acompañante, la música, y todo gracias a una nueva radio para el coche y a las insistencias de mi amigo para que la comprara. Quién iba a decir que yo, alguien que viajaba en el coche en silencio odiando el chirriante sonido de la radio al difumarse las ondas y la música que se me hacía tan pesadamente repetitiva y aburrida, que ahora conduciría cantando las canciones de memoria al compás de la radio y en conjunto con la voz de Rafa. En nuestro último viaje musical se nos unió Cris como tenía por costumbre al seguirnos a todos lados en sus días libres.

Y mientras ella se quedaba por la ciudad mirando tiendas y pasando el rato, Rafa y yo teníamos la cita con Sonia en su consulta provisional. La encontramos con su usual sonrisa de colegiala, atendió a Rafa con la amabilidad y la calma que solía mostrar con él, con cuidado en sus preguntas y paciencia en sus respuestas. Pero justo antes de que nos despidiéramos su rostro cambió por completo, no puedo decir que estaba triste porque no encontré tristeza en él, sin embargo su sonrisa había desaparecido y aquella energía juvenil que irradiaba se había visto vetada por una cortina gris que no expresaba absolutamente nada.

—Laura, espera un momento, no te vayas.

Me paré junto a la puerta, Rafa iba delante mía ya en el pasillo, también se paró al ver que yo lo hacía.

—¿Pasa algo?

—No, no, tranquila no te preocupes, no pasa nada —sonrió, pero de una manera un tanto extraña, sin duda algo le pasaba—. Tengo algo para ti. Ven.

Me acerqué a ella, Rafa se quedó en la puerta mirando curioso que era lo que pasaba.

—Ten, para ti.

Tendió unos pequeños papeles coloreados que al principio no supe que eran, cuando los cogí me di cuenta que eran cuatro entradas a un parque acuático. Me quedé sin palabras, mirando aquel papel. Debí decir gracias pero no sé por qué me quedé muda. Sabes, no es muy normal que la psicóloga de tu amigo te regale algo así y estaba segura que eso no formaba parte de ninguna terapia.

—Está el almuerzo incluido, aunque yo que tú me llevaría algo de comer, no sé qué clase de comida ponen allí.

—¿Por qué...?

—Porque a Rafa le gustará, seguro que lo pasáis muy bien, llevaos a algún amigo, ya me contaréis cómo lo habéis pasado —sonrió a Rafa y asintió con la cabeza, el respondió sin saber de lo que estábamos hablando.

Yo me había quedado parada en el sitio, con las entradas en las manos, se las quería devolver, no me sentía bien con ellas. Pero me quedé en un estado de shock en el que no sabía qué hacer.

—Laura cariño, no me importaría que te quedases ahí todo el día, adoro tu compañía, pero tengo que atender a otros pacientes.

Fui a abrir la boca, pero solo salió una tímida "h" muda sin sentido.

—Está es la segunda vez que le regala algo a Rafa, por no decir que ya ha pagado varios cafés míos que se negó a que yo pagase.

Estábamos sentados, los tres, en un banco en medio de una plaza bajo la sombra de un árbol, a mi izquierda, Cris miraba los tickets, a mi derecha, Rafa se comía un paquete de patatas del que a veces picábamos un poco las otras dos.

—Todavía no sé por qué nos lo ha dado... creo que se lo voy a devolver.

—Si se lo devuelves parecerás una desagradecida —dijo Cris devolviéndome las entradas.

—Y si me lo quedo una aprovechada.

—No, porque te lo ha dado ella. Lo mejor es que te las quedes y un día de estos vamos, nos lo pasamos bien, y otro día se lo cuentas.



AllisonMonroe

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En el texto hay: recuerdos, memoria, amistad amor

Editado: 01.12.2019

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